La desaparición de la nieve, lenta, anuncia el fin del letargo; los días ya no son tan fríos y los osos pardos comienzan a despertar en búsqueda de nuevos alimentos. Así, crecen las jornadas y las posibilidades de que los plantígrados -principalmente madres y jóvenes oseznos- salgan de su hibernación, regalando a la naturaleza imágenes como estas, grabadas por el leonés David Fernández Barragán (David de los Bosques) en la Cordillera Cantábrica, en la vertiente asturiana, en el entorno de Cangas de Narcea. Otros de los puntos dónde David, de padre asturiano y afincado desde hace años en Asturias, reconoce como ruta de osos son Ibias, Degaña, Somiedo y Proaza.

Según los expertos, la hibernación de estos animales depende de factores meteorológicos, y del alimento disponible durante la temporada, pero este año el invierno ha sido largo, y las intensas nevadas han retrasado el despertar de algunos ejemplares, que seguirán saliendo de su letargo durante los meses de abril y mayo, época de celo para las osas que salen del cubil.

En cuanto a la hibernación, dormición o letargia invernal, que desciende el ritmo cardiaco de los osos pardos desde las 50 hasta unas 10 pulsaciones por minuto, reduce el ritmo respiratorio a la mitad y la temperatura a 4 ó 5 grados; los machos adultos permanecen activos más tiempo y salen primero de las cuevas, mientras que las osas preñadas son las primeras en entrar y las últimas en salir, ya en compañía de su prole.

Aunque no todos los osos pardos hibernan, decisión que depende de sus reservas acumuladas, y de cómo se plantea el invierno a nivel de alimento y climatología, según los expertos, para la hibernación los osos eligen refugios de dificil acceso, de frondosa vegetación, en cuevas o 'camas' excavadas en el suelo.

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