Miguel Ángel M.B. es un tipo raro. Sí, extraño y obsesivo aunque aparentemente majo. Así lo describen quienes lo conocen, quienes en los últimos meses se cruzaron en algún momento de sus vidas sin saber que escondía un secreto inconfesable. La vendedora del comercio de Astorga, ni el conductor del autobús, ni el propietario de la tienda de móviles echó de menos al sospechoso de matar a Denise Pikka Thiem hasta que la pasada semana policías de paisano entraron en sus negocios preguntando por el hombre que les mostraban en una fotografía.

En Astorga pocos sospecharon que la investigación policial estaba estrechando el cerco a Miguel Ángel M.B., nacido en Valdemanzanas de Somoza, un pueblecito del municipio de Santa Colomba hoy prácticamente deshabitado, a donde el presunto asesino fue y vino a lo largo de su vida. Quienes han coincidido con él en los últimos años lo sitúan viviendo en Valdemanzanas hasta hace aproximadamente dos años, cuando bajó a Castrillo de los Polvazares. Allí, a la pedanía de Santa Colomba, le siguieron llegando las cartas a la casa de un familiar, porque en los últimos años por no tener no tenía ni dirección postal.

Para alguien que no conozca el terreno, intentar llegar a la vivienda prefabricada donde ha vivido hasta ahora el detenido es una labor que requiere de un guía. Miguel Ángel M.B. residía solo en el medio del monte entre Castrillo y Santa Catalina de Somoza, muy cerca del Camino de Santiago. En el pueblo casi nadie lo veía nunca, es un tipo "solitario y extraño", aseguran sus vecinos, a muchos de ellos la búsqueda intensa de estos días les pareció que ha llegado tarde, porque era un secreto a voces que todas las sospechas de la desaparición de la peregrina de Arizona caían sobre este hombre del que se sabía que "se metía" con las mujeres que caminaban solas a Santiago y que ya había tenido problemas con la Justicia, aunque nunca se pudieron probar los hechos por los que había sido investigado.

Miguel Ángel M.B. no volverá a bajar los martes al mercado de Astorga en muchos años. Nadie echará de menos a este hombre que tiene el honor de haber colocado a Maragatería en el mundo. En Estados Unidos saben desde ahora dónde está Astorga y Castrillo de los Polvazares, y todo por el horror presuntamente cometido por este hombre que por no tener ni tenía dirección postal.

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