Socorrista, el empleo veraniego en el que hay que tener 'ojos en la espalda'

Pasan muchas horas con mil ojos en el agua, y velando por la seguridad de quienes disfrutan de sus vacaciones nadando o jugando en la piscina. Responsabilidad y mucha capacidad de reacción, que se compensan con bastante más facilidad a la hora de ligar. Te contamos cómo vive un socorrista su trabajo de verano.

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No hay que ser un Mitch Buchannon ni tener el cuerpo de Pamela Anderson para debutar como socorrista en una piscina, eso sí, es imprescindible –además, de tener el título de socorrismo- defenderse muy bien en el agua. Lo de estar moreno, tener buen carácter y ojos en la espalda se va ganando con el tiempo, y más si te estrenas en una piscina como la de Valencia de Don Juan, como le ocurrió a Víctor, en la que 14 socorristas, entre ellos su hermano de 20 años, se lanzan una media de tres veces por semana para socorrer a alguna persona.

Víctor Santos es de Valencia de Don Juan, tiene 23 años y lleva cinco temporadas trabajando en piscinas. Este año, tras pasar su primer verano en las multitudinarias piscinas de su pueblo, y otros dos en Fresno de la Vega, controlará la piscina de Valdevimbre.

"He cambiado a posta, en Valencia de Don Juan el trabajo es increíble. Fue donde aprendí, y opino que cualquier socorrista que trabaje una temporada allí está preparado para hacerlo en cualquier piscina. Pero cambié porque prefiero una piscina más tranquila", confiesa.

Rutina de socorrista

Víctor trabaja desde el pasado 22 de junio en la piscina de Valdevimbre, y lo hará hasta el 10 de septiembre. "Entramos a las 12.30 y cerramos a las 20.30 horas, pero no abrimos al público hasta que la piscina no está preparada, a las 12.45 horas más o menos. A las 20.10 horas empezamos a echar a la gente del agua; nos ponemos a limpiar baños, y más o menos a las 20.30 – 20.35 horas ya hemos salido", comenta el leonés.

En cuanto al día a día, es cierto que el verano no ha hecho más que empezar, pero Víctor comenta que, al menos de momento, la situación es muy tranquila. "La piscina es bastante grande, pero todavía no ha llegado la gente. Tenemos un campamento que viene a menudo, tres veces a la semana, son chavales y hay que controlarles un poco cuando se pasan. Pero en general, la gente se porta bien", explica el estudiante de Economía en la Universidad de León.

Trabaja en verano por decisión propia, desde que se sacó el título de Socorrismo y Salvamento Deportivo, y no es algo que le importe; "Si estoy un verano en blanco es demasiado en tiempo libre para mí", declara Víctor que trabaja con otra socorrista con la que se turna un día y medio de libranza por semana. "Prefiero trabajar en verano, ya que durante el curso estoy estudiando. Así ahorro dinero, lo que me da más libertad, y me permite cubrir mis gastos".

Para el socorrista lo mejor de trabajar en verano es el buen rollo que se tiene con los compañeros, con los que se termina compartiendo también mucho tiempo fuera de la piscina. Lo peor: la falta de tiempo libre. Además, el buen tiempo dura poco en León, y Víctor reconoce que un poco de rabia sí que da tener que trabajar para otros. "Estás en la piscina, pero no puedes disfrutarla. Aunque te acostumbras, y los días libres ni siquiera voy a la piscina", reconoce sin perder la sonrisa. Otro de los inconvenientes: la conciliación de vacaciones con amigos y familia, ya que él sólo puede en septiembre.

A pesar de estos contras, a Víctor le gusta su trabajo, aunque admite que es algo temporal. "Espero que al año que viene, o dentro de dos, pueda trabajar de algo relacionado con mis estudios de Economía. Está bien trabajar de socorrista, pero cuando eres joven, no me veo así muchos años más", asiente el joven que también trabaja como camarero los fines de semana.

Anécdotas acuáticas

Víctor tiene mil y una historias para contar, y entre las más divertidas recuerda una del año pasado cuando una niña le tiró a la piscina. "Era el segundo año que trabajaba allí en Fresno, y me conocía todo el mundo. Una niña que se llevaba muy bien conmigo, me empujó cuando fui a tomar el cloro. La primera vez me agarré a la escalera y no me caí, pero lo intentó otra vez y caí de cabeza, de escalón en escalón al agua. Imagínate al socorrista cayendo a la piscina con las patas para arriba. La verdad es que me ha pasado de todo", explica riendo.

Otro de los clichés más extendidos es que los socorristas ligan mucho. Víctor sin tapujos lo confirma. "Sólo si quieres. Si eres tranquilo y demás, no tiene por qué, aunque no puedes evitar que te miren, que se te acerquen chicas, que te hablen... en las piscinas hay muchas miradas, sobre todo de grupitos de chicas", argumenta Víctor, que también admite haber salido con alguna chica de la piscina: "Sí he estado con alguna chica, es más, he estado saliendo con alguna chica de contínuo, meses, después de conocerla en la piscina".

Pero no hay que olvidar el verdadero motivo del trabajo de un socorrista, y Víctor sí que ha tenido que lanzarse al agua para salvar una vida. "En Valencia de don Juan, sabía por los compañeros que tenía que estar atento, no se puede bajar la guardia. Desde la primera semana es posible que te toque tirarte, cuando yo estuve éramos 14 socorristas y nos tirábamos una media de 3 o 4 veces por semana para sacar a niños que ves que se cansan en al agua. El último año que estuve en Valencia, tuve que tirarme a la Olímpica porque una señora se empezó a ahogar. No lo pensé; en cuanto lo vi me tiré desde la silla de socorrista, desde arriba, con todo, no bajé ni las escaleras. Reaccioné muy rápido", recuerda Víctor, pero tranquilizando a los bañistas ya que, según el socorrista, "hay tiempo de sobra, no les damos tiempo a que traguen agua".

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