El benjamín A de Unionistas es un equipo ya hecho pese a su corta edad. En su segundo año de competición ya está a punto de sumar su segundo título pese a que casi huyan de esa palabra. Bueno es ganar porque se supone que las cosas se están haciendo bien pero no es lo único ni lo más importante.

De hecho así se lo hacen ver a los jugadores, a los que se les apremia que no piensen más allá del próximo partido. Los pies siempre en el suelo. "El objetivo tiene que ser siendo formarles como personas y deportistas e ir mejorando entrenamiento a entrentamiento y en cada partido", comenta su entrenador, Pablo. 

Al fondo, eso sí, espera un sector muy motivador en el que el campeón de las primeras divisiones de las categorías de benjamín y alevín se enfrentan a los mejores conjuntos de la región. Hasta allí, si finalmente llegan, quieren ir con la mayor variedad de técnicas aprendidas. "Hemos empezado a trabajar oto sistema de juego encaminado a mejorar las variables defensivas y ofensivas del equipo", dice, aunque sabe que se podrán preparar una vez terminada la Liga con un parón de unas dos semanas. 

Lo que no es negociable es el estilo de juego. El balón por abajo es una obligación y que el portero forme parte de la salida del balón, también. Una vez arriba, el ritmo cambia y la velocidad del balón se convierte en el mejor aliado de un equipo unido hasta en los minutos jugados. 

La obligación del fútbol base es formar y eso solo se puede conseguir a través de la suma de experiencias. Por eso tienen un control de minutos en el equipo en el que el que menos juega en un partido es la mitad y él ya sabe que en el siguiente, si no ocurre nada, jugará más. 

A través de estos minutos y de los entrenamientos lo que se pretende es que vayan valorando la importancia del esfuerzo, la solidaridad, el sentimiento de grupo y la diversión como forma de vida más allá del fútbol. El respeto o el compañerismo son también parte imprescindible de un grupo que no deja de poner ganas en cada cosa que hace. 

Es parte del éxito que están cosechando, el trabajo de los pequeños futbolistas a través de las indicaciones de los entrenadores, que intentan corregir táctica y técnicamente en la medida en que un benjamín requiere. La toma de decisión también se trabaja ya desde el razonamiento de una mente que empieza a madurar en cuanto a fútbol se refiere. 

Aun con todo, en el equipo tienen claro que lo que es innato es la manera de competir que tienen y es ahí donde hay que poner la mano. No por el esfuerzo, imperdible, sino en una mentalidad ganadora que no acepte perder. Aprender a no ganar es igual de necesario para su educación y hacerlo, imprescindible para aprenderlo. 

"El 100% de los niños llegarán a ser personas, pero solo menos del 1% llegará a ser futbolista profesional" es una frase con la que cierra Pablo este reportaje. Y más que una simple oración es una filosofía. Por eso se intenta que los goles se repartan entre todos los jugadores, para conseguir que la esencia del fútbol, el equipo, siempre esté por encima de una individualidad y para que esto les sirva para, precisamente, ser personas. 

La plantilla está formada por Adrián y Fran (porteros); Aitor, Álex y Hugo (defensas); Adri, José Manuel, Kevin García, Mario y Walid (centrocampistas); Íker y Kevin Elena (delanteros); Pablo y Garci (entrenadores); Álvaro (delegado).

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