Uno de los capellanes del Complejo Asistencial de Salamanca relata su lucha contra el coronavirus

El párroco de Cristo Rey, Juan José Calles, relata en la página web de la Diócesis de Salamanca su lucha contra el coronavirus. Una experiencia de la enfermedad que ha vivido, dice, "como un acontecimiento pascual de dolor, de muerte y resurrección"

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Este es su testimonio íntegro, recogido en la citada web:

Me llamo Juanjo Calles y actualmente soy el párroco de Cristo Rey y formo parte del equipo de capellanes del Hospital Clínico y del Virgen Vega. Fue precisamente en el servicio de la capellanía de los hospitales donde percibí, en las dos primeras semanas del mes de marzo, la gravedad de la pandemia del coronavirus. Como vivo con mi madre, de 91 años, desde que empezaron a llegar los primeros casos de contagiados por el COVID-19 al Clínico, tuve conciencia del riesgo que podría ocasionarle en el caso de que yo quedara contagiado.

En previsión de evitar dicho contagio, la semana del 9 al 15, le pedía a una sobrina que viniera a Salamanca para cuidar de la abuela en la casa donde vivimos, y yo me trasladé a la casa parroquial. Y, en efecto, así sucedió. El viernes 20 de marzo, aparecieron los “síntomas del contagio”, al perder los sentidos del gusto y el olfato, aunque en ese momento yo no lo relacionase con el coronavirus.


Como el día 23 entraba de guardia en el hospital para ejercer el servicio de capellán, el domingo 22 hablé con mi médico de familia y él me aconsejó que bajase a Urgencias para que me hicieran las pruebas y verificar si estaba contagiado o no. A las 4 de la mañana del día 23 quedé ingresado en el Hospital Clínico con el siguiente diagnóstico: Enfermedad por COVID-19, leve y, en el informe se indicaba que me daría el “alta con tratamiento”. El mismo lunes 23, a las 21.00 horas, era dado de alta y, desde entonces, estoy confinado en la casa parroquial guardando la cuarentena y a la espera de que me hagan el test para certificar si estoy limpio de contagio o no.

Experiencia pascual

¿Qué ha significado para mí el hecho de estar contagiado del COVID-19? El lunes 23 de madrugada, en el pasillo de Urgencias del Hospital, esperando los resultados de los análisis que me habían realizado, escribí esta nota en el muro de mi Facebook: “Cuando son la 1,20h de la madrugada, sigo en Urgencias del Hospital Clínico. Si me dejan ingresado celebraré la EUCARISTIA ofreciendo mi cuerpo como una hostia viva por todos los enfermos de coronavirus, unido a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, muerto, sepultado y resucitado. Rezad por mí. Shalôm”.


En efecto, estos sentimientos que expresaba aquella madrugada son los que me han acompañado a lo largo de este confinamiento que ha coincidido, ¡providencialmente!, con las últimas semanas del tiempo cuaresmal, la Semana Santa y la Pascua. Creo sinceramente que el Señor me ha llevado a vivir una “experiencia pascual” a través del contagio del COVID-19 y el tratamiento para combatir esta enfermedad.

Pastoral de la 'oreja' y online

Durante este tiempo he podido sobrellevar la penitencia del confinamiento doméstico en soledad, sostenido por la oración diaria de la Liturgia de las Horas, el rezo del Rosario, la celebración de la Eucaristía y el acompañamiento espiritual telefónico (¡La pastoral de la oreja!) y on line (a través de las celebraciones litúrgicas de Laudes, Vísperas y Eucaristía, gracias a plataformas digitales como Facebook y ZOOM). ¡Doy gracias al Padre por esta caricia que me ha hecho a través del contagio del COVID-19!, que me ha permitido estar muy cerca de los enfermos contagiados del coronavirus, escuchar tantas experiencias de feligreses y amigos, poder consolar y ser consolado, y haber podido rezar todos los días por los fallecidos como consecuencia del contagio en esta interminable procesión pascual hacia el Cielo de tantos hermanos que nos han precedido en esta Pascual (¡2.400 salmantinos!).

Sí, he vivido esta experiencia de la enfermedad como un acontecimiento pascual, de dolor, de muerte y resurrección. He sentido al Señor muy cercano y, en todo momento me he sabido en sus manos, sabiendo que podía haber llegado para mí la hora de mi muerte. Le he dado gracias por la mejoría que ido experimentando día a día, y le he pedido que, si es su voluntad, pueda seguir sirviéndole en la Iglesia a través del ministerio sacerdotal al que me Él me llamó hace 34 años para servir al Pueblo de Dios como Siervo, Ministro y Pastor.

Oración y servicio silencioso

Termino esta sencilla experiencia de mi “paso=pascua” por la enfermedad contagiosa del COVID-19, expresando mi gratitud a todas las personas que han estado y están rezando por mí y por todos los enfermos contagiados de coronavirus. Me consolaron mucho estas palabras del Papa Francisco en su Meditación del 17 de marzo: “Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras”. Con la ayuda de Dios, ¡Resistiré!

Sigamos rezando unos por otros. Shalôm.

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