Colombia, Australia, Uruguay, Alemania… ¿Cómo viven los salmantinos del exterior la crisis del coronavirus?

El coronavirus está dejando estragos en España. A pesar de cumplir dos semanas con la declaración de estado de alarma con la cuarentena y muchas otras medidas restrictivas, lo cierto es que se ha convertido en uno de los países del mundo más afectados por la pandemia. SALAMANCA24HORAS ha querido conocer la opinión de salmantinos que residen en otros puntos del planeta: ¿Qué medidas se están tomando allí? ¿Esas precauciones son mejores o peores? ¿Tienen en cuenta el ejemplo de España?

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Sergio, consultor en comercio exterior en Uruguay (30 años)

En Uruguay las medidas se están implantando medidas paulatinamente, aunque todavía no se ha llegado a la cuarentena total. Eso implica evitar aglutinamientos, el cierre de escuelas, y la prohibición de entrada de extranjeros en el país y la salida de uruguayos fuera, salvo casos de excepción, entre otras medidas. Sergio explica que “de momento se vive en una calma tensa. Con un ojo puesto en lo que está ocurriendo en España (principalmente por familia y amigos), Italia y resto de Europa y el otro ojo puesto en la evolución de las medidas en los países vecinos de Uruguay”.

Sin embargo, sí que destaca que esta crisis ha entrado más tarde en Uruguay porque no hay conexiones directas con China ni Italia. Este ‘retraso’ permite ver qué medidas se están tomando en otros lugares y si funcionan, “pero tampoco se pueden quedar dormidos porque llegado el momento la capacidad de reacción ante una situación crítica es mucho más limitada”.

Como ya teletrabajaba, esta situación no es nueva para Sergio, sin embargo, sí evita salir en la medida de lo posible y ha tomado consciencia de una mayor higiene. “Reconozco, eso sí, que sigo disfrutando de salir a correr en solitario por la Rambla. Incluso supone una pequeña victoria el llegar a casa ante el temor de que se aproxima el día en que también estará prohibido”, añade.Sergio Uruguay

Sobre la opinión en el país de las medidas adoptadas, Sergio explica que “el uruguayo es bastante precavido y prudente”. Muchos comercios no prioritarios ya cerraron cuando se decretó la cuarentena en España. “En ese sentido genera cierto sentimiento de responsabilidad y da tranquilidad puesto que parece que se hacen las cosas bien sin llegar a ser impuestas a la fuerza”, considera. Sin embargo, sí hay gente que sigue haciendo su vida celebrando bodas, pasando el día en la playa o compartiendo su bombilla de mate de la que beben varias personas: “Muchos siguen anteponiendo su libertad por encima de las de los demás”.

Desde la lejanía, Sergio ve las medidas adoptadas en España desde otra perspectiva, preocupado por su familia y sus amigos médicos. “Creo que las medidas que se han tomado son las necesarias, pero que a su vez hemos pecado de dejarlo todo para el último minuto, que es algo muy español. Sabiendo lo que estaba pasando en China, Corea del Sur, Japón... No se entiende cómo se siguieron realizando eventos multitudinarios cuando el virus ya estaba, ni tampoco se entiende por qué el sistema sanitario no estaba lo suficientemente preparado ante la avalancha que se venía venir. Espero que no nos pase lo mismo en Uruguay”.

Marina Sardiña, periodista en Bogotá, Colombia (26 años)

La emergencia sanitaria se declaró el 12 de marzo. Desde entonces se tomaron algunas medidas como el cierre de fronteras marítimas y terrestres, aunque la aérea ha seguido abierta, aunque con restricciones de países de riesgo como España o Italia. Como en el resto de países, los turistas que llegan son obligados a hacer cuarentena y de hecho, ya han deportado gente por romperla.

Marina detalla que el problema en este país es el trabajo informal, que alcanza cifras altísimas de un 47,7% de la población. Para ellos es imposible el teletrabajo, impidiéndoles hacer la cuarentena: “Hay mucha gente que se dedica a la venta ambulante y vive del sueldo diario. Si tienen que estar en cuarentena no tienen para vivir”. Y aunque el Gobierno ha anunciado medidas para ayudar a la gente, estas son insuficientes, ya que los repartidores o la gente de la calle siguen al aire libre. “¿Qué va a pasar con esta gente? No tienen donde hacer la cuarentena y llevar una higiene adecuada”, opina la salmantina. Añade que “mucha gente está yendo a trabajar y frenar la curva en un país como este va a estar complicado. Además el sistema de salud aquí es muy precario y si colapsa va a ser un gran drama”.

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Las desigualdades se están haciendo patentes más que nunca en este país, ya que aunque cerraron colegios y universidades, miles de colombianos no tienen acceso a internet; con el cierre de comedores infantiles, otros no tienen para comer; y en las cárceles hay motines debido a las condiciones precarias de insalubridad en las que viven los presos, más ahora con el coronavirus.

“Creo que Colombia sí que ha actuado rápido en comparación con España e Italia. Muchos países de América Latina están actuando mucho más rápido por eso. Están actuando rápido pero no sé si con total suficiencia”, precisa. Antes de esto la gente también acudió en masa a los supermercados, “cundió un poco el pánico. No pasó como en España que se acabó el papel higiénico pero las tiendas estaban muy abarrotadas”, cuenta.

En su trabajo, la agencia France 24 han tomado medidas, entre las que se incluye el teletrabajo, han reducido turnos y hay estrictas medidas de limpieza. Eso sí, Marina se ha mudado de piso para no estar sola durante la cuarentena, ya que sus compañeras han vuelto a sus respectivos países: “Les ha costado mucho llegar porque han cancelado muchísimos vuelos”. De hecho, la propia familia de Marina le preguntó que si quería volver y ella optó por quedarse, a pesar de la preocupación por su familia: “Te preocupas por la gente que quieres, es duro porque no sabes si les va a tocar a ellos”.

Iván Hernández, periodista/profesor en Perth, Australia (29 años)

Este salmantino llegó allí hace dos meses, tiempo que ha aprovechado para conocer Australia y otros países cercanos. El último viaje fue a Singapur, de donde volvió el domingo 15 de marzo. La fecha coincidió con la decisión del Gobierno australiano de que los viajeros que llegaran desde el extranjero debían guardar cuarentena  durante 14 días, por lo que tiene que estar encerrado hasta este domingo 29 de marzo.

Iván explica que las medidas se han ido haciendo más restrictivas, si bien no hay una cuarentena total como en España. Y aunque se han cerrado muchos comercios, siguen permitiendo la libre circulación de la población dentro de unos límites. Por ejemplo, en las bodas ahora solo pueden estar los novios, los dos testigos y el oficiante; y no puede haber más de cinco personas en un grupo.

Sobre su cuarentena, el salmantino cuenta que dado que allí las temperaturas todavía llegan a los 33 grados, aun habiendo acabado el verano: “Creo que a veces me pongo paranoico porque toso o sudo”, algo que atribuye al calor y al aire acondicionado. Eso sí, cerca de acabar la cuarentena se siente “como unas castañuelas”. De hecho, aprovecha el tiempo para leer y para hablar con su familia a diario varias veces y saber que están bien.

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En cuanto a las medidas adoptadas en España, considera que la situación es grave: “Todo lo que se haga siempre será poco. Las restricciones más duras son las que van ayudando a combatir la enfermedad”. Añade que “deberían hacerse test masivos porque también un rápido diagnóstico ayuda”.

Eso sí, también pide colaboración de la ciudadanía: “Si dicen que no se salga, no salgas, no busques excusas para pasear al perro 80 veces o para ir a comprar cada dos horas”. “Me da mucha pena pensar que hay mucha gente en los hospitales en situación crítica o a punto de morir y que sus familias no puedan decirle adiós, me da pena que no haya suficientes medios para ayudar a todo el mundo”. Aunque también ve la esperanza en personas como su abuela, que está sola en su casa, o en los vídeos de los aplausos. También en aquellos que trabajan dando todo su esfuerzo porque los que están encerrados puedan superar esta etapa con éxito: “Me hace estar muy orgulloso de mi país, de mi ciudad, y como no, de mi familia, que le hace frente desde allí”.

Cristina Martín, técnico de apoyo informático en Praga, República Checa (26 años)

El pasado 12 de marzo la República Checa declaró oficialmente el estado de alarma y cada día desde entonces han anunciado nuevas restricciones. Algunas son el cierre de fronteras con cuarentena obligatoria de los que entraran o la prohibición de salir al exterior a checos o residentes.

Aparte de eso, la cuarentena no está siendo demasiado restrictiva: “Es obligatorio cubrirse la nariz y boca, si no tienes mascarilla te animan a que te crees una propia o te cubras con una bufanda. El único sitio donde puedes quitártela es en casa”. Además, hay otras medidas como la reducción de frecuencias en el transporte público y la restricción de horarios en las tiendas: el tramo de 8 a 10 de la mañana está reservado para los mayores de 65 años.

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“La gente está contenta con las medidas y aunque al principio no se las tomaban muy en serio, ahora están bastante concienciados, y más viendo lo que está pasando en Italia y España”, cuenta Cristina.

Sobre sus propias precauciones, detalla que “yo estoy siguiendo las recomendaciones. Trabajo desde casa, evito salir a la calle más que para ir a comprar e intento comprar lo suficiente para no tener que ir a menudo. No conseguí mascarilla pero el par de veces que he salido me he cubierto con una bufanda”.

Pablo Turrión, controlador aéreo de la Estación Espacial Internacional en Múnich, Alemania (26 años)

“En Alemania ahora mismo estamos en una cuarentena, aunque es un poco más laxa que en otros países como Italia o España”. De hecho, tal está siendo esa diferencia que está siendo uno de los motivos de la fractura en la Unión Europea: dado que Alemania está teniendo una baja tasa de mortalidad por coronavirus (aunque es uno de los que más contagios tiene), se opone a ayudar desde las instituciones europeas a países que sí la están teniendo, como es el caso de España.

Pablo explica a este periódico que cuando comenzó la epidemia a nivel europeo el Gobierno federal recomendó una serie de medidas, aunque no eran obligatorias, salvo la restricción de horarios en restaurantes y supermercados. Sin embargo, el 20 de marzo el gobierno de Babaria, el estado al que pertenece Múnich, anunció una cuarentena obligatoria en todo el estado, con el cierre de todo aquello que no fuese imprescindible. Esa cuarentena, que obliga a salir solo para la compra o médicos sí permite salir a la calle a pasear o hacer deporte. Esas medidas se ampliaron después a nivel nacional.

Tanto Pablo como sus amigos de otros países consideran que las medidas impuestas por el gobierno alemán “son demasiado flojas”. De hecho, se puede ver que incluso estando en la cuarentena, hay mucha gente paseando por la calle, y me han mandado fotos de que el pasado fin de semana que ha hecho bastante calor, había mucha gente en el rio, haciendo barbacoas incluso. Lo único que he notado es que por las mañanas hay mucho menos tráfico en las carreteras y no hay atascos. La gente que conozco italiana y española está mucho más concienciada y lleva una cuarentena más estricta, afortunadamente”, opina.

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Detalla que al estar su familia y amigos en España era más consciente de lo grave de la situación, por lo que intentó reducir al máximo las salidas de casa y la vida social. Algo que no le costó mucho, ya que debido a un accidente tiene la movilidad reducida desde principios de año. Además, ha podido teletrabajar desde un principio gracias a las facilidades informáticas que les han dado. “Parte de nuestro trabajo tiene que hacerse desde la sala de control, así que nos han dado pases especiales para poder ir a trabajar, ya que todo el campus donde trabajo está cerrado completamente, así como justificantes en caso de que la policía nos pare en algún momento”, añade.

Sobre las medidas adoptadas en España, Pablo opina que “el Gobierno está actuando bastante bien y de manera transparente. Siempre hay cosas que se pueden mejorar o que en opinión de algunas personas se puede hacer mejor, pero creo que todas las medidas se han tomado con rigor y con una buena justificación científica y experta”.

Sin embargo, reconoce que las medidas que impone el Gobierno “no lo son todo”: “Lo más importante es la conciencia social, y contra eso el Gobierno tiene una actuación limitada. Es responsabilidad de todos acatar las medidas, y no solo eso, sino ser responsables y conscientes con lo que hacemos. Y cuando no se actúa así, la culpa la tiene uno mismo y nadie más”.

Elena Cornejo, profesora en Santo Domingo, República Dominicana (30 años)

En la República Dominicana las fronteras están cerradas y solo abren supermercados, colmados, farmacias y hospitales. Elena lleva haciendo cuarentena unas dos semanas y solo ha salido una vez para comprar comida. Sin embargo, cuenta que aunque se pide esa cuarentena, “es difícil ya que en este país hay muchísima gente que vive del día a día, por lo que esperamos que el gobierno tome medidas inmediatas para la población más vulnerable, ya que tampoco se les puede mandar a casa a morir de hambre”.

Además, hay toque de queda  de 8pm a 6am, aunque varios miles de personas han sido detenidas por incumplirlo. En general, eso sí, admite que se está cumpliendo.  “Creo que República Dominicana está tomando medidas lentas a pesar de ver el estado en el que está mi querida España”, considera la salmantina.

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Vanessa Sánchez, prácticas universitarias en Westport, Irlanda (24 años)

Para Vanessa esta crisis del coronavirus ha supuesto una faena, porque viajó hasta allí para hacer las prácticas de Recursos Humanos del master y debido a esto lleva cerca de dos semanas en casa: “No me hace gracia porque quiero aprender de Recursos Humanos y como ahora todo está enfocado en eso, se está apartando un poco”.

No obstante, Vanessa considera que en Irlanda se están haciendo mejor las cosas que en España: “Había una predicción que decían que a finales de mes habría 15.000 personas y eso no está ocurriendo, significa que están tomando las medidas que necesitan".

Entre ellas, el anuncio que ha hecho el presidente este mismo viernes de cerrar todo salvo lo indispensable hasta el 12 de abril, una decisión que le parece de lo más acertada a Vanessa.

Esta salmantina además aplaude la decisión del Gobierno irlandés de invertir tres billones de euros para pagar 350 euros a la semana durante seis semanas a aquellas personas que no puedan ir a trabajar por culpa de esta crisis para que no se pierda el flujo de dinero.

Asegura que está viviendo esta crisis con incertidumbre y miedo por su familia, que está lejos. De hecho, para intentar concienciar a la gente que conoce en Irlanda, Vanessa mandó mensajes contando la situación de España para animarles a quedarse en casa. “Los policías, sanitarios y demás están haciendo un trabajo excelente, pero se pudo haber prevenido muchísimo más”, valora.

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