Estas son las afecciones comunes asociadas al envejecimiento

Se puede hablar de 'personas de edad avanzada' podría situarse en una amplia franja alrededor de los 75 años y que marca unos cambios sustanciales en las vidas de las personas

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Médico examina la espalda a un paciente mayor con dolor. EP
Médico examina la espalda a un paciente mayor con dolor. EP

¿Sabes cuándo empezamos a envejecer? El doctor Leocadio Rodríguez Mañas es jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Universitario de Getafe, y director científico del Centro de Investigación Biomédica en Red Fragilidad y Envejecimiento Saludable (CIBERFES) del Instituto de Salud Carlos III de Madrid, y nos lo intenta explicar para EP.

En concreto, subraya que el proceso de envejecimiento propiamente dicho se inicia tras el final de la etapa madurativa: "Un niño de 10 años no es más viejo que un niño de 6, sino más maduro. En la especie humana podríamos decir que el proceso de envejecimiento podría iniciarse alrededor de los 20-25 años, con una gran variabilidad individual".

Según aclara, no lo notamos porque el proceso es muy lento y tenemos mucha reserva funcional. "Solo cuando el proceso está bastante avanzado, esto es, cuando ya hemos perdido o disminuido varias funciones y nuestra reserva funcional empieza a escasear, se hacen evidentes esas manifestaciones de un proceso que comenzó décadas atrás. Pero si nos fijamos, ya en los 30 nos cuesta hacer cosas que hacíamos sin esfuerzo a los 20, una percepción que se va acentuando a los 40, a los 50, y a los 60”, remarca la geriatra.

Así, dice que se puede hablar de 'personas de edad avanzada' podría situarse en una amplia franja alrededor de los 75 años y que marca unos cambios sustanciales en las vidas de las personas. "Pero repito, hay personas de 90 años a los que me costaría decir que son de edad avanzada mientras que hay otras de 65 que lo son sin ninguna duda", subraya.

Aquí el doctor Rodríguez Mañas remarca que la variabilidad interindividual es enorme y va a depender de dos componentes básicos: lo que el sujeto es capaz de hacer (lo que la OMS denomina 'capacidad intrínseca') y lo que el entorno le exige hacer.

"No es lo mismo subir una gran cuesta que cruzar la calle. No es lo mismo trabajar en el andamio que en una oficina. Y todo ello matizado por los deseos del propio individuo, por lo que él quiere hacer, por lo que le da valor a su vida. Estos conceptos son básicos para entender muchas cosas que afectan al envejecimiento o que se ven afectadas por él, desde el modo de enfermar hasta la edad de jubilación", aclara.

Con todo ello, el director científico del Centro de Investigación Biomédica en Red Fragilidad y Envejecimiento Saludable (CIBERFES) del Instituto de Salud Carlos III de Madrid detalla que las afecciones más comunes asociadas al envejecimiento son aquellas englobadas dentro de las denominadas como 'enfermedades crónicas no transmisibles': artrosis, hipertensión arterial, diabetes, deterioro cognitivo/demencia, bronquitis crónica, o insuficiencia cardiaca.

"Por supuesto que los ancianos pueden sufrir muchas otras (catarata, glaucoma, presbiacusa, prostatismos, Parkinson...), pero son algunas de las antes citadas las que conducen con mayor frecuencia al desarrollo de la pérdida de la autonomía funcional de manera global, de manera poblacional. Claro que una persona con Parkinson tiene un alto riesgo de deteriorase funcionalmente, pero el impacto sobre los niveles poblacionales de discapacidad y de salud global es menor que las primero citadas”, apostilla.

Envejecimiento saludable

Asimismo, el jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Universitario de Getafe advierte de que cuando pensamos en envejecimiento saludable no deberíamos hacerlo en términos de presencia o de ausencia de enfermedad, sino en términos de autonomía funcional, siguiendo el camino marcado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

"La OMS describe al envejecimiento saludable como 'el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permita el bienestar de las personas mayores'. Según esta definición, una persona mayor puede tener muchas enfermedades y ser una persona sana mientras mantenga sus capacidades funcionales", aclara el experto.

En última instancia, el doctor Leocadio Rodríguez Mañas hace hincapié en que el objetivo a conseguir en las personas mayores debe centrarse más en la calidad de vida (función) que en la cantidad de vida (longevidad).

"Todos queremos vivir muchos años, pero en buenas condiciones. Prolongar la supervivencia en personas de 80-90 años es un objetivo difícil de alcanzar, pero mejorarles su función, que hoy día está muy lejos de ser óptima, es un objetivo alcanzable y deseable", remarca.

Señala que de los 25-30 años de expectativa de vida a los 60 años que ganamos a lo largo del siglo XX, casi dos terceras partes en España son años con discapacidad: "Hoy sabemos que esa discapacidad, que básicamente se manifiesta a través de los síndromes geriátricos, es prevenible y, cuando aparece, tratable. De hecho, en otros países de nuestro entorno esos años con discapacidad son menos de la mitad que los nuestros".

En consecuencia, el geriatra destaca que cuando pensamos en la salud de las personas mayores debemos pensar en términos de autonomía funcional, que es lo relevante para ellos y para su calidad de vida. "El problema no es la comorbilidad o la pluripatología, que explica muy pocas cosas cuando uno es mayor, sino la pérdida de la capacidad funcional. Mientras que uno es autónomo, no se siente viejo", sentencia.

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