Expertos detectan un aumento de autolesiones en menores ligado al incremento del uso de redes sociales

Detrás de estas conductas "no tiene por qué haber una intención suicida sino un cúmulo de confusión y ansiedad"

EP

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Una joven chatea a través de su móvil | Foto: EP
Una joven chatea a través de su móvil | Foto: EP

Expertos del Hospital Vithas Medimar de Alicante han detectado en los últimos años un incremento de los casos de autolesiones en niños preadolescentes y adolescentes, que en los últimos meses se han convertido en el mayor motivo de consulta en la especialidad de Psicología, ligado al incremento en el uso redes sociales e internet, donde se expone al menor "a ser visible ante muchas personas, contenidos y comportamientos sin conocer la manera de frontar toda esa información o las relaciones sociales más allá de la pantalla".

Así lo ha apuntado la psicóloga Tamara Pascual, de PsicoActúa, Unidad de Psicología y Medicina de la Salud, quien señala que la autolesión esconde una mala regulación emocional de la ansiedad, del estrés o de la gestión de los conflictos.

"Lo que expresan cuando se producen una lesión es un claro mensaje de ayuda, de que algo no está marchando bien y usan esa autolesión para desahogarse. Al hacerlo, sienten un alivio emocional debido a que el cuerpo, ante una agresión de ese tipo, genera endorfinas y una serie de hormonas que disminuyen el dolor físico, dura poco, unos segundos, pero ese pequeño alivio físico es lo que les mantiene en esa conducta", ha explicado la especialista.

El tipo de lesión puede ser desde un corte a quemaduras, rascarse repetidamente una zona del cuerpo, vomitar o beber sin control cantidades importantes de alcohol a edades tempranas. Al hacerlo, según la especialista, "sienten un alivio emocional debido a que el cuerpo, ante una agresión de ese tipo, genera endorfinas y una serie de hormonas que disminuyen el dolor físico, dura poco, unos segundos, pero ese pequeño alivio físico es lo que les mantiene en esa conducta".

Además, sostiene que detrás de esa conducta "no tiene por qué haber una intención suicida, sino un cúmulo de confusión y ansiedad que hace que toleren más el dolor físico que el propio dolor emocional que pueden sentir".

Sobre los factores que pueden ir asociados a este tipo de hechos son el haber vivido experiencias traumáticas a edades tempranas, la falta de control o la falta de recursos a la hora de enfrentarse a situaciones adversas.

"Es de vital importancia que los padres y profesionales enseñemos herramientas para la regulación emocional, que les permitamos expresarse, darles un espacio", explica la especialista, quien aconseja evitar el uso de frases del tipo 'no llores, no pasa nada' por otras del tipo 'entiendo que llores, pero...'.

Así, indica que estas situaciones se deben tratar "desde la comprensión, la escucha activa de sus problemas, evitar emitir un juicio porque al hacerlo se sienten culpables". Algunas de las señales que se pueden detectar son la presencia de heridas frecuentes, arañazos, hematomas o mordeduras.

"Suelen ser en las mismas zonas, frotamiento excesivo de un área, uso de indumentaria inusual en la época en la que estemos, uso de complementos para disimular las heridas, cambio de estado de ánimo, u otros modos de esconder su cuerpo como no querer desvestirse ante nadie, evitar ir a la piscina o la playa, entre otros factores".

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