Las agresiones a profesionales sanitarios continúan siendo una de las principales preocupaciones dentro del ámbito asistencial. Solo en 2025 se registraron 79 episodios de violencia externa, entre agresiones verbales y físicas, en el área de salud de Salamanca, una cifra que refleja la tensión a la que se enfrentan médicos, enfermeros y demás trabajadores sanitarios en su día a día.
En este contexto se enmarca el Plan Integral de Protección al Personal Sanitario que desarrolla la Guardia Civil en Salamanca, una iniciativa orientada a prevenir incidentes, mejorar la seguridad de los profesionales y reforzar la coordinación con la Gerencia de Salud. El programa se apoya en la figura del Punto de Contacto (P.O.C.), responsabilidad del comandante jefe de Operaciones de la Comandancia, Juan Antonio Álamo, con quien se mantiene una coordinación permanente para revisar protocolos, actualizar medidas y planificar actuaciones conjuntas.
Además, los denominados Interlocutores Policiales Sanitarios desempeñan un papel clave como enlace entre la Administración sanitaria y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, asesorando en la implantación de medidas preventivas especializadas y en la organización de talleres formativos dirigidos a profesionales del sector.
Dentro de este marco, el Interlocutor Policial Sanitario de la Guardia Civil de Salamanca, Adolfo Granado, responde a distintas cuestiones sobre la situación actual y el funcionamiento del plan.
El problema de las agresiones
Tal y como explica Adolfo Granado, Interlocutor Policial Sanitario de la Guardia Civil de Salamanca “las agresiones pueden conllevar penas de multa, prisión o responsabilidad penal, especialmente cuando se considera atentado contra la autoridad en el ejercicio de sus funciones. Además del impacto legal, generan importantes consecuencias psicológicas y laborales para la víctima”.
Las más frecuentes siguen siendo las agresiones verbales —insultos, amenazas o actitudes intimidatorias— aunque también se registran episodios de violencia física, especialmente en contextos de tensión elevada o alteración emocional. Según Granado no existe un perfil único del agresor, aunque en muchos casos influyen factores como el estrés, la ansiedad o el consumo de alcohol y drogas. Los servicios de urgencias y la atención primaria son los entornos donde más incidentes se concentran, debido a la presión asistencial y los tiempos de espera.







