Hacerse el salmantino… en Suecia: La historia de un Erasmus que acabó trabajando en Ikea

Jesús Blázquez reside en Helsingborg y trabaja en la multinacional Ikea.

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Hace 24 años, cuando Jesús Blázquez nació en Salamanca, ya estaba extendido el uso de la expresión ‘hacerse el sueco’ para esquivar ocuparse de algunas tareas o pasar de involucrarse en ciertas conversaciones. Quizás este habitante de Macotera la aplicara varias veces antes de estudiar Ingeniería Civil en Madrid. En la capital de España aprendió su posterior profesión y a ejercer de charro lejos de su tierra. ¿Pero pensaría que alguna vez tendría que hacerlo en Suecia?

La respuesta a esta pregunta tiene su origen, precisamente, en la época universitaria. “Para un trabajo tuve que informarme sobre el funcionamiento de la Alta Velocidad en Suecia, por lo que decidí solicitar una beca Erasmus para formarme allí y saber más cosas del país”, cuenta Blázquez a SALAMANCA24HORAS. “Mi idea era ir a estudiar, conocer una nueva cultura, mejorar mi nivel de inglés y hacer nuevos amigos, pero no pensaba en quedarme a trabajar”, añade.

De esta forma, Jesús llegó a Gotemburgo en enero de 2017 para cursar el último año de carrera y realizar el proyecto final de la misma. “Consistía en cómo planificar una urbanización en Salamanca con diferentes estándares de las existentes en Suecia”, comenta. Rizando el rizo, podríamos decir que un salmantino pretendió usar un modelo sueco para aplicarlo en Salamanca, y Suecia acabó usando a un charro para aplicar sus conocimientos en el país nórdico. Pero no adelantemos acontecimientos, pues previamente a asentarse en tierras escandinavas tuvo que amoldarse a sus condiciones: “La primera experiencia llamativa fue vivir las largas noches de invierno. A las 15:30 horas ya era noche cerrada, por lo que las noches, precisamente, se me hacían muy largas. Cenaba a las 6 de la tarde y solamente quería dormir”. Desde Suecia explica que el hecho de que la población sepa comunicarse en inglés y que su acento sea fácil de entender, le ayudó a establecer relaciones. “Pero el idioma sueco es más difícil y resultaba extraño ir al supermercado y aclararse con el nombre de los productos, sus ingredientes, el precio… Además, en Suecia se usan coronas y no euros, lo que complicaba más el asunto”, relata este emigrante charro, quien considera que “la universidad era diferente a la española, teniendo la sueca más prácticas, más disponibilidad de los profesores y más accesibilidad a las instalaciones (se podía entrar incluso los domingos)”.

Y entonces llegó el momento que cambió el destino que tenía creado en su mente: “Un profesor me recomendó solicitar alguna beca de trabajo, ya que me resultaría muy útil para mi desarrollo y para buscar futuros másteres o empleos. Busqué unas cuantas empresas en las ferias que organizan las universidades y en junio de 2017, al finalizar el Erasmus, regresé a España para acabar la carrera. Pero ese verano entré en dos procesos de selección de empresas de Suecia y a finales de agosto me ofrecieron una plaza en Ikea”. Actualmente, Jesús Blázquez trabaja en esta multinacional dentro del departamento de Arquitectura. Su misión es diseñar los proyectos de futuras tiendas y desarrollar nuevas ideas y conceptos. “Nos encargamos de todo lo relacionado con el exterior de las tiendas; analizamos el trafico, los medios de transporte y las infraestructuras, y, además, proponemos soluciones para que los consumidores y las mercancías puedan acceder a las mencionadas tiendas”, detalla.

Jesus 1Reside en Helsingborg y recuerda que tuvo que mudarse cuatro veces en cuatro meses porque “en Suecia es más fácil encontrar trabajo que una casa para vivir”, reflexiona. Sus primeros días en esta ciudad fueron duros: “No conocía a nadie y relacionarme con gente de mi edad era difícil porque en mi oficina no había más jóvenes y la universidad es muy pequeña, por lo que cuenta con pocos estudiantes. Si la comparamos con las de Salamanca, es una guardería. El frío es parecido al de Salamanca, pero convivir con oscuridad es complicado. En noviembre, los días empiezan a acortarse y las noches a alargarse. Los veranos no son muy calurosos, aunque suelen ser lluviosos. Por suerte, el último fue más seco y pude bañarme en el mar Báltico y ponerme moreno”.

Vivir en un lugar como Helsingborg y trabajar en una empresa como Ikea hacen que el día a día de Jesús sea, según sus palabras, bastante relajado: “Trabajo de 8 de la mañana a 5 de la tarde, con una hora para comer. Eso sí, los suecos únicamente emplean 30 minutos en la comida. Así, pueden volver rápido a su puesto y marcharse a casa media hora antes. El trabajo es muy flexible. Mi superior y yo fijamos mi responsabilidad en las diferentes tareas, la fecha de entrega y el material necesario, haciendo el oficio mucho más cómodo. Te sientes valioso y el jefe no vigila lo que haces a diario. También tengo la posibilidad de trabajar desde casa un día a la semana, algo muy práctico cuando tienes que recibir paquetes o quieres desconectar de la oficina. Los desplazamientos son cortos, pues vivo en una zona residencial cercana al centro. En diez minutos estoy en él y en unos 20, en la empresa. El municipio no es muy grande, lo cual facilita desplazarse. Es típico utilizar la bicicleta durante todo el año. Cuando nieva, los carriles para ellas son los primeros que se limpian. Tengo que acostumbrarme a usar la bici en invierno, pero en verano es muy cómoda”.

Como se aprecia, Jesús vive feliz en Helsingborg. “Lo que más me gusta es la tranquilidad. Tienes tiempo para ir al gimnasio, estudiar, quedar con amigos a tomar una cerveza... También la posibilidad de cambiar de país, pues en hora y media de viaje en tren puedes estar en Copenhague (Dinamarca) y disfrutar de una ciudad más grande, más multicultural y con más ambiente. Esto me ha permitido conocer gente y hacer amigos de otras nacionalidades y culturas”, revela.

Le falta encontrarse con un paisano en Suecia. Si lo consigue, es probable que le invite a visitar Kiruna, donde esquió en un trineo tirado por perros, condujo una moto de nieve y se deleitó con las auroras boreales. “Son un fenómeno inexplicable que recomiendo ver una vez en la vida”, explica emocionado a la vez que se marca el reto de que los suecos conozcan Salamanca.

De la tierra charra echa de menos “el bullicio y ajetreo de la gente paseando por la calle o en una cafetería, tomar el sol y un café en una terraza o hablar con el compañero de asiento en el autobús”. Sin embargo, Jesús Blázquez medita quedarse en Suecia por las posibilidades de crecimiento laboral y académico que le ofrece esta nación en la que, quién sabe si, gracias a él, en el futuro se usará la fórmula ‘hacerse el salmantino’.

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