En plena era de los ‘millennials’ y de la “febrícula” de las redes sociales, la ciberdelincuencia está a la orden del día, donde los ciberdelincuentes nos acechan más cerca de lo que nosotros nos pensamos, incluso en algunas ocasiones se encuentran dentro de sus nuestros dispositivos, agazapados como el leopardo que espera con cautela el momento exacto para atacar a su presa, sin que esta sospeche del peligro letal que la divisa.
Esto es justamente lo que sucede con el uso de las TICS, convivimos con las redes sociales, nos expresamos en ellas igual que lo hacemos con nuestro entorno más cercano, contamos nuestro día a día, incluso aportamos más información que la que le damos a nuestros padres o a nuestra pareja. Un grave error que puede acabar en un delito.
Cristina Gutiérrez, experta en Ciberseguridad para menores y ciudadanos en el Instituto Nacional de Ciberseguridad de España (INCIBE) es la persona encargada de explicarnos en qué consiste y cuáles son los peligros que conlleva el ‘cyberstalking’ y/o ‘ciberacoso’ que en verdad se traduce en el hostigamiento que puede llegar a vivir una persona a través de las TICS, provocando un giro radical en su vida, e incluso en la de su entorno más cercano.
Estos dos términos, ‘cyberstalking’ y ‘ciberacoso’, están directamente relacionados, ambos son un delito denunciable, al que todo el mundo que disponga de información personal en la red está expuesto y puede ser o llegar a ser víctima de ello. Siendo además, uno de los delitos más comunes de los últimos tiempos.

“En ambos casos estamos hablando de acoso y hostigamiento a través de la tecnología. Se trata de intentos de contacto continuos, vigilancia a través de las TIC, más conocido como ‘cibercontrol’, suplantación de la identidad de alguien, la creación de anuncios en nombre de alguien, incluso anuncios de contenido sexual para que otras personas hostiguen a la víctima, la acosen, la llamen e intenten contactar con ella o también abrir perfiles en redes sociales con la intención de afectar a su imagen y reputación”.
Aunque el contenido y los efectos que puede acarrear la víctima fruto de estas persecuciones online son similares, hay una clara diferencia que distingue a ambos conceptos y que explican desde INCIBE: “Cuando hablamos de ciberacoso podemos entender que hay un cierto conocimiento entre las personas y en el ‘stalking’ no necesariamente el agresor tiene por qué conocer o tener una relación con la víctima.
El ciberacoso sobre todo cuando hablamos de ciberacoso escolar normalmente se da entre grupos de compañeros, de escolares, aunque también puede trascender y desencadenar en una conducta de ‘stalking’. Una conducta que tenemos que entenderla en un sentido muy grave, al tratarse de una actividad muy insistente y reiterada, donde no hay consentimiento de la víctima a la hora del contacto. Es ahí, donde se produce ese hostigamiento que al final influye claramente en la vida cotidiana de la víctima”.
Todo ello son unas conductas que por regla general, y lastimosamente, tienden a desarrollarse más entre menores, ya que según aclara Cristina Gutiérrez, “es en la infancia y adolescencia donde se es más proclive a comunicarse a través de las redes sociales y en medios digitales”.
¿Qué efectos acarrea o puede producir en la víctima el ‘cyberstalking’ o ‘ciberacoso’?
En este aspecto, si hablamos de menores, se pueden dar situaciones como que los padres se vean en la obligación de tener que cambiar a su hijo de colegio, según revelan desde INCIBE. En el caso de los adultos se produce también una situación similar donde de repente interrumpen su vida, por ejemplo, como relata Cristina “cambian sus rutinas de trabajo o necesitan pedir la baja laboral”.
Aunque en ambos casos, esta experta en ciberseguridad reconoce que “el ciberacoso sigue siendo unas de las situaciones de más riesgo ante la que hay que pedir ayuda, por ejemplo a través del 017, una línea de ayuda en ciberseguridad de INCIBE o a través de IS4K.es para erradicar el problema, puesto que está generando importantes consecuencias para la salud de quienes se ven sometidos a este tipo de delitos.
En concreto, hablamos de consecuencias psicológicas, cambios de hábitos, estados de mucho nerviosismo, ansiedad, alteración del sueño, perdida del apetito… Son situaciones que llegan a superarte porque desencadenan en cambios a nivel social, en las relaciones, con tendencia al aislamiento. Repercutiendo también en los aspectos de la imagen personal e incluso en la reputación, que forman parte de nuestros derechos”.

No se trata, por tanto, como vemos de ninguna broma, por eso Cristina insiste en que “es muy importante que estemos atentos y que ante cualquier posible indicio o sospecha se denuncie ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad o a través del INCIBE en este caso que nos ayudará en el proceso para frenar estar situaciones”.
Situaciones que, según los registros del INCIBE, a través de las consultas en el 017 “son en torno a un poco más del 10% de los casos, entre el 10 y el 15%”, aunque reconoce que “los casos de ciberacoso en España están en la línea con lo que pasa en Europa”.
Pautas necesarias para prevenir el Ciberacoso
Con el fin de prevenir situaciones como las mencionadas anteriormente, Cristina Gutiérrez advierte de la importancia de tomar precauciones. Por ello reconoce que “hay que proteger mejor nuestra privacidad, sobre todo en las redes sociales”. En este aspecto asegura que “los datos que publicamos son los datos que hay que empezar a proteger mejor, por ejemplo, a través de las opciones de privacidad, limitando los contactos o bloqueando o restringiendo el contenido a aquellos usuarios que nos molestando”.
También insiste en que “hay que aprender a aplicar más seguridad en las cuentas”, teniendo especial cuidado con los descuidos, sobre todo en al ámbito educativo que es donde más se suelen dar estos casos: “En los centros educativos es habitual que varias personas usen un mismo dispositivo, por eso es necesario tomar precauciones y cerrar la sesión. En el caso de que nos olvidemos, es importante actualizar las contraseñas de las cuentas y si podemos aplicarles un segundo fator de autentificación para reforzar la seguridad, y evitar que otros accedan a ellas”.
Finalmente, Cristina insiste también en la importancia de pedir ayuda, algo a lo que por regla general somos todos bastante reacios: “Los menores muchas veces se sienten tan sobrepasados por la situación que les cuesta pedir ayuda, y lo que hacen es aislarse, intensificando mucho más el uso de las TICS, buscando contenido digital como forma de entretenimiento para evadirse. Por eso es muy importante estar atentos desde la familia, también desde la escuela, a esos posibles cambios que veamos en el menor, cambios que impliquen que realmente está dejando de hacer cosas o haciéndolas de forma muy diferente.
En el caso de los adultos es un poco similar, ya que romper una situación que te está condicionando la vida no es fácil, aunque en este sentido las estrategias son mayores para poder enfrentarse a un conflicto como este, y llega un momento donde el adulto, a través de un servicio de ayuda llama para desahogarse, y al final empieza a poner medios para arreglar la situación”.




