“Si el infierno existe, está allí”: las condiciones de los niños saharauis que pasan el verano en Salamanca

Este año han venido a Salamanca 24 niños, que permanecerán con familias salmantinas los meses de julio y agosto. Se trata de una alternativa a las altas temperaturas, la falta de luz y agua corriente que viven en los campamentos en Argelia

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Cada verano, niños de entre 9 y 12 años viajan a España desde campamentos de Tinduf, en Argelia, a las diferentes provincias españolas, para pasar un verano alejados de las inclemencias del desierto. A Salamanca han venido 24 niños, que pasarán julio y agosto con familias que les procurarán una revisión médica y un verano diferente.

La encargada de este proyecto denominado ‘Vacaciones en Paz’ es la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Salamanca, Ampusasa, que está formada por alrededor de 70 personas en la provincia y pertenece a una red de unas 200 asociaciones en toda España.

Se trata del proyecto estrella de la asociación, en el que “los niños son embajadores de una causa”, según explica la presidenta, Ángeles Giménez. En el año 75, el pueblo saharaui fue expoliado de su tierra y desde entonces están obligados a vivir en campamentos de refugiados, lo que conocen como la ‘hamada’.

El objetivo del proyecto es “sacarlos del infierno que viven en verano”, ya que un día cualquiera pueden alcanzar los 54 grados de temperatura, a lo que se suma la escasez de agua y la falta de luz en algunos campamentos. En verano viven en unas tiendas de tela llamadas ‘jaimas’, y a pesar de que algunas asociaciones están desempeñando un proyecto para facilitar aire acondicionado, solo se lograría bajar la temperatura a unos 30 grados. En invierno la situación no mejora, ya que las casas de adobe no tienen cristales en las ventanas y el frío alcanza los cero grados. Además, son tan precarias que cuando llueve, se vienen abajo.

Su alimentación, a base de hidratos de carbono, hace que los niños tengan mucha carencia de vitaminas. Por eso, cuando vienen cada año a España se les procura una revisión médica. La presidenta de la asociación explica que allí tienen una gran carencia de agua, únicamente cuentan con un depósito de agua para cada familia, por lo que la reacción de los niños “al ver que sale del grifo, tienen un primer impulso de taparlo para que no se escape el agua”.

Cada niño suele venir tres años, como premio por sus buenas notas: “La respuesta en el 90% es muy buena tanto de los niños como de las familias”, además, Ángeles Giménez detalla que gracias a las nuevas tecnologías, el contacto con sus familias biológicas es casi diario.

Las familias acogedoras, según Giménez, son de clase media, media-baja, y de todo tipo: monoparentales, sin hijos, con hijos… Aunque desde la fundación de la asociación destacan las familias con hijos adoptados.

A pesar del descenso de niños saharauis que cada año vienen a España –antes de la crisis llegaban a los 12.000 y actualmente no llegan a 4.500-, hasta un 99% de las familias repite. ¿La motivación? La solidaridad: “Nos dan mucho más de lo que les damos nosotros a ellos”. La presidenta de Ampusasa define la experiencia como gratificante y detalla que los niños “Son muy colaboradores, muy participativos, muy divertidos, les gusta mucho jugar, sobre todo al fútbol”.

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