Llamativas cuando menos, resultan las hipótesis que desde hace muchas décadas, plantean la posibilidad de que la creación humana no haya sido cosa divina, y si algo más próximo a la mano –en caso de tenerla- de alguna entidad de origen alienígena. Entre estos llamativos planteamientos, encontramos posibilidades dispares entre las que parece destaca la que plantea la posibilidad de que supuestas deidades superiores venidas desde algún punto del universo, hayan llegado a nuestro planeta hace varios milenios, y depositaran sus conocimientos entre los toscos y bárbaros seres humanos. ¿Ciencia ficción?, ¿las respuestas están en la llamada astro-arqueología?, ¿realmente hay fundamentos para aseverar algo así de impresionante? Esta semana quiero recuperar de mi hemeroteca, una interesante entrevista que realicé hace unos años al escritor valenciano Samuel García Barrajón, autor del libro 'Nibiru, si no existe, habrá que inventarlo'.

¿Qué es Nibiru?

-Nibiru se traduce como "el que cruza" o "el del lugar de cruce". Se trata de un astro cuyas referencias podemos encontrar en diversos textos de corte astronómico dentro del entorno arqueológico del Próximo Oriente, de Mesopotamia. Y como su nombre indica, me invita a pensar que mediante su trayectoria celeste, "cruzaría" la eclíptica del mismo modo que lo haría un cometa. Pero lo curioso es la inusitada importancia de la que gozaba, pues se podría decir que era "el astro", y, esta rareza de considerar a un astro por encima del resto, se repite en otros emplazamientos tan singulares como el Antiguo Egipto y también el territorio dogón. En éste último además, se asegura que desde dicho astro partió un "arca resplandeciente" que llegó a tomar tierra y en cuyo seno viajaban unos extraños seres llamados "nommos", mitad pez mitad humanos, cuyo recuerdo todavía pervive dentro de sus tradiciones como "dioses instructores". Con lo cual, si esto fuera cierto, incluso podríamos hablar de un hipotético planeta no catalogado dentro del Sistema Solar y capaz de albergar vida. En fin, tan increíble como intrigante.

¿Existen realmente pruebas sólidas que avalen la existencia de civilizaciones extraterrestres en nuestro planeta, algunos milenios atrás?

- No conozco ninguna, no obstante, sí tenemos relatos e historias que lo sugieren. Si bien estas tradiciones pueden basarse o no en un hecho real, la misma posibilidad de que así ocurriese, por muy reducida que sea, a mi entender resulta tan apasionante como para que se estudie y examine más a fondo. Qué duda cabe que encontrarnos cara a cara con unos hermanos cósmicos, que para más inri morarían en nuestro Sistema Solar, sería el acontecimiento más importante y determinante para el hombre moderno. Entonces... ¿por qué no buscarlas ahí afuera?

¿Considera que la astro-arqueología es la hermana olvidada de las grandes investigaciones?

- Desde luego, cualquier disciplina o campo de investigación bien llevados acaban produciendo sus frutos y la astro-arqueología también lo podría hacer, es una lástima que no se aproveche. En ocasiones detrás de antiguas construcciones hay un simbolismo estelar que se nos escapa, algunas veces relacionadas con estrellas y constelaciones como Sirio y Orión; ambas con un estrecho vínculo con las distintas caras de Nibiru que me ido encontrando mientras lo perseguía.

Nibiru 002

¿Qué sentido tendría que estos seres extraterrestres vinieran a la Tierra y nos transmitieran conocimientos si con el paso de los siglos claramente todo se ha desvanecido?

- De confirmarse algún día, yo pienso que lo que hubo fue más bien un encuentro con intercambio de impresiones sobre lo que aquella gente ya lejana les preocupaba, aunque seguro ¿quiénes somos? y ¿de dónde venimos? estaban entre ellas, igual que ¿quiénes sois y de donde venís? La tradición Dogón, aparte de conocimientos astronómicos impensables, integra respuestas interesantes a estas cuestiones, unas respuestas que tienen paralelismos en algunos vestigios culturales del mundo egipcio y mesopotámico. Creo que el propósito de estos seres de venir aquí no fue el de establecer conocimientos, si no la curiosidad, como la que nosotros tendríamos de poder visitar otro mundo habitado.

Habla de grandes maestros estelares que visitaron nuestro planeta hace cinco milenios, ¿Y en la actualidad?

-Bueno, esta es la etiqueta que les ha quedado colgada pero probablemente sea exagerada por lo que he comentado anteriormente. En el presente, aunque ciertos casos del fenómeno ovni u otros eventos similares parecen describir el mismo escenario, en el fondo devienen en algo distinto. Las antiguas “crónicas” describen o dan a entender que estos seres se mostraron abiertamente al mundo o a grandes grupos de gente y yo no tengo noticia de que eso haya sucedido en la actualidad. En este sentido mi conclusión es que si ahora los hay no se trata de los mismos.

¿Se puede relacionar la existencia y posterior desaparición de la hipotética Atlántida, con estos dioses astrales?

- Indirectamente sí, pero sólo en el caso de su hundimiento. La Atlántida de Platón, la que yo conozco, nos habla de un pueblo navegante que dominaba a medio mundo porque precisamente esta era su ventaja sobre el resto, la navegación y todo lo que supondría para un pueblo de hace 11 o 12 mil años; incluso algunos estudios señalan que alguien navegaba por el Mediterráneo allá por el 15000 a.C. Pero a mi modo de entender, los atlantes nada tienen que ver con estos dioses estelares o instructores. Sin embargo, parece ser, que el astro de donde "provenían" los últimos, cada vez que aparece en el cielo coincide con grandes episodios de lluvia, como el que hizo desaparecer a la Atlántida. Sin duda otra interesante cuestión sobre la que he gustado de extenderme en el libro.

¿Han sido las grandes etapas del Antiguo Egipto y su desarrollo tecnológico y cultural, el máximo exponente de la maestría astral sobre el ser humano?

- Intuyo que no. Todo lo que hay en Egipto como en el resto del mundo parece ser cosas hechas por y para los humanos, si bien todavía quedan detalles por explicar y mucho que descubrir e investigar. Lo que me he encontrado en Egipto son varios elementos que, a mi juicio, podrían reflejar el conocimiento custodiado sobre "el astro de los dioses"; un cuerpo celeste muy especial que posiblemente resultó visible justo en las primeras etapas del imperio faraónico y, después, sería absorbido dicho conocimiento por esta fascinante, magnífica, maravillosa y mágica civilización que… dicho sea de paso, se llevó el secreto a la tumba o al más allá, como ellos decían.

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