Cuando los políticos reciben continuos destellos de las cámaras fotográficas en los mítines y actos de partido, cuando los aplausos se los llevan otros por una frase ocurrente, cuando aún quedan horas y hay que montar el escenario, cuando después hay que recogerlo... ellos nunca salen en la foto. Pero están ahí, y sin su participación cada campaña electoral no sería lo mismo. Son los voluntarios de los partidos políticos.
 
Mañana y tarde la pasan en la sede, metiendo papeletas en sobres para enviarlas a los domicilios, porque cada voto cuenta. Jóvenes que se suman por primera vez a un proyecto, pero también los más veteranos con décadas a sus espaldas, no dudan en aportar su tiempo libre para que el engranaje de un partido político no falle. En la sede o en la calle, repartiendo propaganda, elaborando material para los ciudadanos. Al final, ellos están siempre ahí.

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