El recuerdo del joven de Agallas Gregorio Hernández Corchete, asesinado por ETA hace este jueves 38 años en Navarra

Gregorio Hernández Corchete tenía 27 años y tres hijos de 3, 2 y 1 años cuando la banda terrorista ETA le quitó la vida hace este jueves, 15 de octubre, 38 años. Era un joven salmantino de la localidad de Agallas que, como muchos otros, había emigrado con sus padres siendo un crío al País Vasco. Primero habían residido en Alzo, un pequeño municipio de Guipúzcoa. Ya adulto y cuando sus padres habían regresado a Salamanca, estableciéndose en Ciudad Rodrigo, Gregorio se había ido a vivir con su mujer a la localidad navarra de Leiza, de donde era ella, a escasos kilómetros de su puesto de trabajo en una calderería próxima a Tolosa

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"Yo soy la hija mayor pero sólo tenía tres años en el momento del asesinato de mi padre. Mi madre siempre nos ha contado que mi padre era un hombre muy generoso y trabajador. Muy hogareño, siempre estaba pendiente de nosotros", explica a SALAMANCA24HORAS Ainara Hernández, hija de Gregorio. Además de ese amor que sentía, claro, para con la familia que acababa de formar, el joven salmantino tenía una gran pasión. Era un gran aficionado a la caza.

Aquel viernes, 15 de octubre de 1982, Gregorio había acudido a la casa cuartel de la Guardia Civil de Leiza para legalizar una escopeta que su mujer y su cuñado le habían regalado horas antes. "Era muy legal para esas cosas y quería tener en regla el permiso de armas", cuenta Ainara. En principio iba a ir él solo, pero finalmente sus dos cuñados le acompañaron al cuartel. Una vez que terminaron con las gestiones, se dispusieron a salir a la calle. Fue en ese momento cuando se produjo un ataque simultáneo de miembros del comando Goierri de ETA. Primero, varios terroristas ametrallaron desde un vehículo Renault-12 la fachada del cuartel. Inmediatamente después, otros miembros de la banda, escondidos detrás de unos setos próximos, lanzaron una granada de fusil. 

"El cuartel tenía una serie de escalones en su entrada. Mis dos tíos ya los habían bajado pero mi padre se había quedado rezagado para saludar a uno de los guardias. Al escuchar lo que ocurría, todos se lanzaron al suelo, pero mi padre ya no se levantó. Fue alcanzado por la ráfaga de metralleta en la yugular y en una pierna. Sus heridas fueron mortales", relata Ainara. Sus cuñados y varios guardias civiles resultaron heridos por la explosión de la granada. Uno de los familiares de Gregorio incluso recibió un disparo en el tórax, pero la cartera que llevaba en la cazadora le salvó la vida milagrosamente.

Leiza 2

La planta baja del edificio, donde vivían cinco familias, quedó también destrozada por la explosión de la granada, especialmente las oficinas de atención al público, el cuerpo de guardia y el dormitorio de solteros. La explosión derribó varias paredes y produjo la rotura de numerosos cristales en el interior del cuartel. Ninguna de las cinco familias que en ese momento se encontraban en la casa cuartel sufrió daño alguno.  

"Nada más tenerse noticia del atentado, la Guardia Civil instaló, principalmente en el norte de la provincia y cerca de los pasos fronterizos, fuertes controles en los que se revisaban todos los vehículos (...) El cadáver de Gregorio Hernández, que se encontraba junto a la puerta del cuartel de la Guardia Civil rodeado de cristales y cascotes, permaneció en el lugar del atentado durante más de dos horas, mientras se esperaba la llegada del juez", relató El País en su edición del 16 de octubre de 1982.

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La vida tras el crimen

"Gregorio era un joven que había aprendido euskera y estaba perfectamente integrado en su comunidad. Él no se metía en política. Acudía a su trabajo y estaba con su familia. Nosotros hemos vivido siempre en Leiza, que es históricamente un pueblo abertxale. Debido a las circunstancias de su muerte, mucha gente del pueblo optó por hacer como que nunca había ocurrido. Como que aquello no iba para él", cuenta a SALAMANCA24HORAS Ainara.

"Por supuesto que nosotros siempre sentimos que nos habían arrebatado a nuestro padre, pero aprendimos a callar quizás, como forma para no sentirnos dejados de lado. Por entonces las víctimas también tenían, además de su circunstancia de víctimas, el aislamiento que generaba su condición", explica. "Hablábamos del tema en casa, siempre de puertas para adentro". 

En Leiza homenajearon a Gregorio de forma temprana. También fue recordado por el Gobierno de Navarra. En 2017, la propia Ainara participó en una jornada organizada por la Dirección General de Paz, Convivencia y Derechos Humanos del Gobierno de Navarra y contó la historia de su padre. "Sentí que era el momento de homenajear su memoria, que nunca se le olvide".

Condenas

El miembro de ETA Juan María Jon Tapia Irujo fue detenido en 1983 y condenado a 26 años de prisión por el delito de asesinato, así como a otra pena de 20 años y 1 día de reclusión mayor por el delito de atentado y lesiones. Además, tuvo que indemnizar económicamente a los herederos legales de Gregorio Hernández y también a Manuel Escobar, Manuel Vilariño, y Emilio Muiños, que fueron heridos. Salió de prisión en 2005.

Durante su estadía en prisión, Tapia Irujo fue uno de los considerados presos "duros" de la organización terrorista y nunca se acogió a medidas de reinserción.

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