El sacerdote Justo Crespo, director de la Residencia diocesana, tras superar el Covid-19: "La experiencia fue dura y en los primeros momentos sentí una gran soledad"

El sacerdote Justo Crespo, director de la Residencia diocesana, cuenta en la web de la Diócesis de Salamanca su experiencia tras superar el coronavirus. Según dice, en todo momento ha sentido presente "la ayuda del Señor", así como las plegarias de sus compañeros residentes, amigos y fieles de sus parroquias

 Justo Crespo
Justo Crespo

Este es su testimonio completo:

“Cristo Resucitado, dándonos su Espíritu, nos hace hombres nuevos”.

Estoy muy bien en estos momentos, esperando a que me hagan una prueba y pueda irme incorporando a la comunidad de la residencia. Los días anteriores al 31 de marzo, fecha en que fui ingresado en el Hospital Clínico, perdí las ganas de comer, tuve diarreas y otros síntomas que determinaron mi hospitalización.

La experiencia fue dura, en los primeros momentos sentí una gran soledad, pero como si estuviera en el desierto, en todo momento, vi la presencia y ayuda del Señor. Todo dentro de una gran paz y alejado de todas las preocupaciones.

Con los días, fui recuperando mis fuerzas, y las ganas de comer, las ganas de rezar de forma más consciente y de sentir la ayuda imprescindible del Señor.

Contribuyeron a esta mejoría, los doctores, enfermeras, auxiliares y el personal de hostelería y limpieza, que tuvieron un tratamiento exquisito y les estoy enormemente agradecido.

También agradezco mucho la visita que diariamente hacían los capellanes, aunque no fuera más que un saludo y desearnos la mejoría.

En todo este tiempo sentí muy cerca vuestras plegarias, venidas de los residentes, sacerdotes y personas de las distintas parroquias, que llamaban preocupados por mi salud. El día 7 de abril, a las cuatro y media, abandonaba el Hospital Clínico y regresaba a la residencia. Fui recibido con enorme alegría, la noticia en el comedor llenó de alegría a todos los residentes, aunque aún en estos momentos estoy aislado en mi habitación.

He mantenido mi contacto con los residentes por teléfono, pues mi costumbre, en tiempo normal, es saludar a cada uno personalmente al desayuno. Por supuesto, les felicité las Pascuas el día de Resurrección. Hemos sentido mucho la muerte de nuestros hermanos y hermanas que se nos han ido durante estos días. Los tenemos en nuestras oraciones y esperando a que podamos tener unas celebraciones solemnes por ellos.

La residencia ha marchado muy bien con la dirección de Raúl desde su casa, con la presencia de la jefa de Enfermería, Feliví, con su permanencia ininterrumpida en esta casa, y yo he sido informado en todo momento. No puedo terminar estas palabras sino agradeciendo el servicio, tan maravillosamente prestado por todos los equipos de la residencia. Esta difícil situación les ha hecho crecer, tomar confianza en sí mismos, y aprender a convivir con nuevas personas, que han sido el personal de apoyo.

Esta experiencia me ha servido para estar comprometido con el Señor, a vivir una vida nueva cada día, por la participación de su muerte en el Bautismo y la vida nueva del Resucitado.

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