Soldados de invierno: La historia de los salmantinos de la División Azul

El 22 de junio de 1941, la Alemania Nazi invadió la Unión Soviética. España envió una división de voluntarios para combatir al comunismo. Gran cantidad de salmantinos murieron en Rusia

 Division azul
Division azul

Investigar la historia consiste en no tratar los hechos con un enfoque del presente e intentar comprender por qué la gente hizo lo que hizo en el pasado. El 22 de junio de 1941, las tropas del Eje iniciaron la invasión de la Unión Soviética. Con nombre clave Operación Barbarroja, el ataque significó un golpe mayúsculo para las desprevenidas fuerzas soviéticas, que sufrieron fuertes bajas y perdieron grandes extensiones de territorio en poco tiempo.

La Segunda Guerra Mundial contaba ahora con otro frente de batalla, el principal en número de muertos, ya que entre soldados y civiles casi 27 millones de personas perdieron la vida hasta la rendición alemana el 15 de mayo de 1945. El frente ruso fue escenario de las batallas más grandes y brutales del conflicto en Europa.

En ese mismo 1941, España se encontraba devastada tras su cruenta Guerra Civil, que se había cobrado medio millón de muertos. Desde 1939, Franco y Hitler habían mantenido conversaciones diplomáticas, en las que Berlín solicitaba a Madrid una mayor implicación en la contienda en Europa como compensación a la ayuda prestada por el Tercer Reich, con la participación en España de la Legión Cóndor. El 12 de junio de 1940, Franco cambió su posición de neutral a no beligerante, lo que significaba que España tomaba partido del lado de las potencias del Eje, pero sin entrar físicamente en la Guerra.

Así, las primeras noticias de que Alemania había invadido la Unión Soviética generaron grandes demostraciones de fervor popular a Hitler por todo el país, situación que para el régimen supuso la ocasión idónea para entrar en escena y saldar su deuda. El 23 de junio de 1941 y a propuesta de Ramón Serrano Súñer, el Consejo de Ministros aprobó en El Pardo enviar una división de voluntarios, que pronto se popularizó con el nombre de División Azul.

Rusia es culpable 

La iniciativa tuvo una gran acogida entre los excombatientes del Bando Nacional y los miembros de Falange. Culpaban a la Unión Soviética de ser la instigadora y responsable de los sucesos que, según ellos, desembocaron en la Guerra Civil, por la implicación de Moscú en propagar las revoluciones bolcheviques y el comunismo por Europa. La Falange se encargó del reclutamiento y el Ejército, que no consintió que el protagonismo fuese sólo del partido único, aportó a los oficiales y los especialistas.

Cuando dio comienzo el alistamiento la respuesta fue entusiasta. El número de los jóvenes españoles que se presentó fue 40 veces mayor que el requerido para formar la división.

«Inicialmente conformaron la División Azul unos 17.000 hombres, pero desde marzo de 1942 pasaron otros 30.000 hombres más por el frente ruso, en diversos contingentes de reemplazo», explica Xosé M. Núñez Seixas, catedrático de Historia Contemporá nea en la Universidad de Santiago de Compostela y en la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich, autor del libro Camarada invierno. Experiencia y Memoria de la División Azul 1941-1945.

Gran número de integrantes de la División Azul fueron salmantinos. Muchos de ellos murieron en el frente, otros pudieron volver para contarlo tras soportar temperaturas de más de cuarenta grados bajo cero en el invierno más frío y famoso de la historia, mal abrigados y deficientemente armados. Formando parte de la 250ª División de Infantería de la Wehrmacht, 6.000 españoles lograron contener la ofensiva de 45.000 soldados y 80 tanques enviados por el Ejército Rojo a Krasny Bor, perdiendo a casi 4.000 soldados en la sangrienta batalla del 10 de febrero de 1943. Sus acciones les hicieron ganarse el respeto tanto de sus aliados como de los adversarios, y sobre ellos recayó cierto halo de misticismo, siendo considerados en Alemania como "hombres impávidos que desafiaban a la muerte, valientes, duros para las privaciones e indisciplinados». Se dice que el mismísimo Hitler reconoció una vez que sus hombres se alegraban de tener cerca a los guripas españoles.

En el frío ruso quedaron soldados de Salamanca con nombres y apellidos, como el cabo Eloy Iglesias Franco, hijo de Ángel Iglesias Domínguez y de Josefa Franco García, vecinos de Peñaranda de Bracamonte, enterrado el 22 de mayo de 1942 en Novgorod; o el cabo Felipe Sancho Arroyo, nacido en Hinojosa de Duero y muerto en combate con 22 años el 3 de junio de 1942 en Grigorowo. Y otros muchos, como Fermín Domínguez Martín, de Ciudad Rodrigo, muerto a los 23 años el 21 de junio de 1942; Marcelino Gómez Alonso, panadero de la capital con domicilio en la calle Nueva de San Bernardo, fallecido el 13 de febrero de 1943 por metralla en cuello y tórax, enterrado en Sluzk (Bielorrusia); el sargento Jesús Acosta Ruiz de Barruecopardo, caído el 6 de diciembre de 1941 en Podberesje... la lista es interminable.

"En España se recuerda a la División Azul de forma difusa. Para una minoría de nostálgicos del franquismo y algunos devotos de la historia militar tradiconal, se trató de una unidad heroica e inmaculada. Para otros, una pandilla de fanáticos pronazis. Para la mayoría, una nebulosa referencia del pasado, envuelta eso sí en una cierta aureola de leyenda", explica Núñez Seixas. Pese a que los soldados españoles no tuvieron responsabilidad en las matanzas de civiles y en la maquinaria asesina del Holocausto, según el catedrático "toda la campaña del Este fue de índole criminal, cuyo objetivo era el exterminio de millones de personas en razón de su origen étnico. Los hornos de Auswitz funcionaban a pleno rendimiento gracias al heroísmo de muchos de estos combatientes, y el designio del cerco de Leningrado, en el que participó la División Azul, era matar de hambre a su población".

La familia

"Mi abuela, Dolores Lamamié de Clairac Romero y Bermúdez de Castro nació en Ledesma y allí creció. De estirpe tradicionalista, se casó con mi abuelo, Jaime Chicharro Sánchez-Guío, político también tradicionalista. Tuvieron trece hijos, entre ellos mi padre, Juan Chicharro Lamamié de Clairac, que fue voluntario de la División Azul y llegó a presidir la Hermandad Nacional", cuenta el general de división Juan Antonio Chicharro Ortega, exjefe de la Infantería de Marina del Ejército Español.

"La relación con Salamanca y más en concreto con Ledesma fue estrecha para toda la familia, pues allí se criaron todos los hijos. Las vivencias de mi padre y hermanos correteando por las fincas Muchachos o La moral de Castro las rememoraba mi padre siempre, revividas después en los años setenta cuando yo mismo veraneé varios años en Calzadilla, cerca de Ledesma, finca propiedad de Víctor López-Chaves, primo hermano de mi padre", recuerda el general.

La Guerra Civil fue extremadamente cruel para la familia Chicharro Lamamié de Clairac. Dos de los trece hermanos, Lola y Carlos, fueron asesinados en Madrid por la Brigada del Amanecer —siniestro grupo de asesinos creado al amparo de la represión republicana— por su militancia en Acción Católica. Mientras tanto, la propia Dolores Lamamié de Clairác permaneció un tiempo retenida en una checa, en la que sufrió un ictus. "Influenciados por todo esto, cuatro hermanos se alistaron en la División Azul. No eran nazis, eran profundamente anticomunistas», indica Juan Antonio Chicharro.

Los hermanos Juan y Antonio falsificaron su edad para poder marchar a Rusia, debido a que contaban con 17 y 16 años. Ambos pertenecieron a la 2ª Compañía de Antitanques de la División Azul, que el 27 de diciembre de 1941 se vio envuelta en la cruenta Batalla de la Posición Intermedia, defendiendo un puesto de vigilancia en Udarnik. En una incursión soviética todos los soldados de la posición fueron víctimas del ataque. Horas después, sus compañeros hallaron sus cadáveres desnudos y clavados en la nieve con sus propias bayonetas.

Antonio Chicharro Lamamié de Clairac murió aquel 27 de diciembre, mientras que su hermano Luis lo hizo en 1943 durante un combate aéreo a los 20 años. Su cuerpo jamás fue encontrado. Juan Chicharro fue condecorado con la Cruz de Hierro y sobrevivió a la guerra. En España escribió Diario de un antitanquista en la División Azul. Falleció en 2005.

Bajas

La División tuvo 4.954 muertos en el frente, 8.700 heridos, 2.137 quedaron mutilados, 372 de sus hombres fueron hechos prisioneros por el Ejército Rojo y 7.800 enfermaron. Sólo unos pocos pudieron regresar de su cautiverio en los gulag, los últimos tras la muerte de Stalin en 1955.

«A su regreso, España les recibió con cierta frialdad. Tras 1945, el régimen prefirió prescindir de reconocimientos colectivos y públicos la División Azul, para arrimarse a los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Al volver los prisioneros, el Ejército interrogó a los que retornaron, ante el temor de que hubiese espías soviéticos», cuenta Xosé M. Núñez Seixas. España era ya firme aliada de Estados Unidos.

Entre los divisionarios famosos estuvieron el director Luis García Berlanga y el actor Luis Ciges; el escritor y político Dionisio Ridruejo; los militares Alfonso Armada y Jaime Milans del Bosch, ambos de gran notoriedad en los sucesos del 23-F; y el sargento Ángel Salamanca, que junto a un brigadista internacional participó en el desfile de las Fuerzas Armadas de 2004.

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