La división del trabajo por sexos empezó con la agricultura neolítica

El inicio de la agricultura en Europa, hace 7.000 años, marcó el inicio, al menos de forma parcial, de la división del trabajo por sexos, según un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

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La división del trabajo por sexos empezó con la agricultura neolítica
La división del trabajo por sexos empezó con la agricultura neolítica

El inicio de la agricultura en Europa, hace 7.000 años, marcó el inicio, al menos de forma parcial, de la división del trabajo por sexos, según un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) publicado en la revista 'PLOS ONE'.

La entidad ha explicado que un grupo de investigadoras ha analizado herramientas de piedra de más de 600 tumbas de necrópolis neolíticas en la Republica Checa, Eslovaquia, Alemania, Francia y Austria.

Según el trabajo, los hombres eran enterrados con azuelas -un tipo de herramienta similar a las hachas- de piedra, usadas en la carnicería, la tala de árboles, la carpintería o como armas; también junto a puntas de flecha, vinculadas a la violencia entre personas y a la caza.

En cambio, las mujeres raramente eran enterradas con herramientas y, las pocas veces que eso ocurría, solían ser herramientas relacionadas con el procesado de pieles de animal u otras fibras orgánicas.

Esta distribución pone de manifiesto, según el CSIC, "que estas comunidades consideraban algunas actividades como un factor claramente ligado al género", lo que también se confirma con trabajos previos que concluyeron que había diferencias de dieta y actividad física entre ambos sexos.

No obstante, tareas como la siega de cereal pudieron ser compartidas, a tenor de los restos de hoces encontrados en tumbas femeninas y masculinas.

La líder del estudio, Alba Masclans, ha explicado que los objetos funerarios "dan una poderosa visión de las identidades socialesprehistóricas"; por lo observado, se ha podido concluir que los primeros grupos neolíticos reconocían y representaban diferencias en la simbología de lo masculino y lo femenino, lo cual evidencia una construcción de la identidad basada en la diferenciación de género.

"Este trabajo refuerza la hipótesis de que las raíces de las desigualdades de género podrían encontrarse, en parte, en las implicaciones sociales que tuvieron los cambios demográficos y tecnológicos del Neolítico", ha afirmado el CSIC.


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