Nos hemos vuelto maniáticos de la limpieza. Si hace un año éramos exquisitos con ella, con la llegada del Covid-19 hemos dado rienda suelta al consumo de agua, jabón, lejía, gel hidroalcohólico etc., y nada nos parece lo suficientemente desinfectado. Por ejemplo, el consumo de la piel de la fruta ha disminuido por miedo a que alguien la haya podido tocar previamente a nosotros; si tocamos los envases nos desinfectamos al momento y si compramos carne en la carnicería, dejamos que un abundante chorro de agua la moje hasta que creemos que ya está limpia del todo, según informa el diario ABC.

Sin embargo, esto último es todo un error para los expertos en nutrición. ¿Por qué de un tiempo a esta parte no es bueno lavar el pollo? Hace un par de años los centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos explicaron que lavar el pollo puede propagar microbios a otros alimentos y utensilios de cocina, algo que está más que apoyado por los dietistas-nutricionistas y expertos en seguridad alimentaria.

Por qué no hay que lavarlo

Al parecer, si lavamos el pollo podríamos esparcir las bacterias que se encuentran en su superficie hacia la pila o bien salpicar otras superficies o alimentos que se encuentren cerca. Tal como dice Marisa Burgos Rodríguez, dietista-nutricionista del Centro Alimmenta, esto haría que todo «se contaminase con bacterias patógenas como el 'campylobacter', que nos puede provocar gastroenteritis y representan un riesgo considerable en personas inmunodeprimidas».

La solución a esto es cocinarlo sin pensar en si el pollo puede estar contaminado: «Las bacterias se eliminarán durante la cocción, ya que a temperaturas superiores a 70ºC se destruyen la mayoría de ellas», explica la nutricionista Marisa Burgos Rodríguez

«Si se trata de cortes finos la cocción suele ser uniforme, pero si son trozos voluminosos es necesario controlar la cocción interna haciendo un corte que nos permita ver el color interno o colocar un termómetro en el centro que nos confirme que el calor está llegando a esa zona», aconseja la experta en nutrición.

Y no creas que si lo compras y lo congelas se pierden esos gérmenes... Tal como explica Marisa Burgos Rodríguez en relación a la congelación, cabe destacar que no destruye las bacterias, sino que «retrasa su crecimiento dejándolas en latencia».

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