Cuenta la leyenda, que Don Rodrigo, después de perder el trono en la batalla de Segoyuela de Cornejas, se refugió en estas sierras, y escondió una Virgen que acostumbraba a llevar en sus batallas. Esta Virgen fue encontrada por un ermitaño, Froilán Porqueiro, del vecino pueblo de Monforte, y que los vecinos de La Alberca levantaron una ermita donde honrar a la Virgen; sería llamada Virgen de Majadas Viejas, porque apareció en un lugar donde los pastores levantaban sus cabañas y donde llevaban al rebaño, y en su honor el día de Pentecostés se celebraría una romería en honor a la Virgen.

Esta romería se sigue celebrando desde tiempo inmemorial, y este día, la Virgen es sacada en procesión, después de una misa en la ermita levantada en su honor. Los niños bailan las danzas a la Virgen, y por la tarde después del rosario, se lleva en procesión a la Virgen, a las mismas peñas donde apareció, y allí se representa una loa, o auto sacramental donde se conmemora la aparición de la Virgen. Finalizada la loa, la plaza de la ermita es testigo de una capea popular.

Pasadas las 11.00 de la mañana, la Virgen de Majadas abandonaba la iglesia de la localidad a hombros de sus fieles que, con gran devoción, la llevaron en procesión hasta su ermita. Era allí donde minutos después comenzaba la verdadera fiesta, con una misa oficiada por el párroco del municipio. Concluido el oficio religioso los fieles volvieron a tomar en volandas a su Virgen para exhibirla por los alrededores de la ermita.

En estos mismos campos, y en señal de fervor a ella, los niños protagonizaron el momento más emotivo de la mañana al bailar delante de la imagen. La alegría contagió a todos los presentes que, poco después, continuaron con otras celebraciones más paganas. Así, miles de vecinos disfrutaron de una comida de hermandad a base de productos tradicionalmente serranos, en los mismos campos en que momentos antes se había ensalzado a esta Virgen.

Concluida la comida y el posterior descanso, los vecinos se encomendaron a la Patrona de este templo en el rosario que congregó a los más devotos. Tras él llegó la tan esperada loa, una representación teatral en la que el protagonismo volvió a recaer sobre los más pequeños del municipio que disfrutaron como pocas veces antes con la escenificación que se realizó a 150 metros de la ermita sobre el milagro de la aparición de la Virgen en estas tierras.

La romería más concurrida de todas las que se celebran a lo largo del año finalizó con las habituales vaquillas, una forma muy tradicional de terminar una de las fiestas más populares de cuantas acoge la comarca serrana.

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