Un año más, y van nueve, el restaurante Casa Conrado de Villaseco de los Gamitos rinde homenaje al animal de mayor veneración por pueblos y familias de antaño, me refiero a Don Cochino, del que decía mi abuela que se come todo y cada parte sabe diferente.

Desde esa perspectiva tradicional, Conrado y María Jesús, cada uno en su labor correspondiente, el marido de relaciones y la esposa una afamada cocinera, ofrecen a los clientes –que son muchos y exquisitos- todos unos manjares con el cerdo como fundamento. Para adornar estas jornadas gastronómicas, las mañanas se inician con la tradicional matanza del cochino, a la antigua usanza, para que las gentes de ahora –sobre todo los más jóvenes- tengan conocimiento de labores de antaño.

De por medio queda el chorizo que elabora cada uno de los asistentes, los bailes tradicionales del Grupo de Vitigudino al son de Arcadio de Barreras, y la degustación gratuita de productos típicos como chicas, perrunillas, vino Abadengo, licores y costilla asada que no hacen más que abrir boca a lo que viene después, eso sí, previa reserva, y motivo de estas ya tradicionales jornadas en el calendario gastronómico de la provincia salmantina.

Y en esta parte es donde toma cuerpo la mano de María Jesús Nieto entre fogones. Ella hace de los menús de Casa Conrado la muestra más fehaciente para comprender, entender y saborear aquellos platos de la abuela. Cada cual distinto y cada uno de múltiples sabores que se suceden en ritmo ascendente en cuanto a presentación, textura, y por qué no, colorido y paladar. Sería largo enumerar esa ingente cantidad de platos que se suceden en estas jornadas gastronómicas, que, sin ánimo de influir en la decisión de cada cual, no está de menos aconsejar la visita a saborear semejantes exquisiteces haciendo de Don Cochino el amo y señor de la cocina. Taquitos, crujientes, lengua estofada, tiras de presa a la brasa, colas del cochino, arroz con chichas, carrilleras… y el próximo fin de semana, el Gran Cocido Pata Negra… Completa carta de lo que hacen los fogones cuando cuecen a fuego lento en brasas de encina.

Y de por medio quedan las amistades, el momento de hacer amigos, de hablar y tertuliar, como esos buenos amigos de Ceuta –los hermanos Gonzalo, Enrique y Álvaro de la Gándara, y su madre Rosa Guzmán-, o los lucenses Carlos Maciñeiras y su hija Bárbara. También los mantaceros que hacen honor de las jornadas, como los doctores Clemente Muriel, Miguel Ángel Merchán y Juan Jesús Cruz. Y, de por medio, la amabilidad de Casa Conrado que hacen de Villaseco de los Gamitos lugar de obligada visita.

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