La lluvia es muy poco enemigo para atreverse a estropear uno de los momentos más esperados del año en Ciudad Rodrigo. Pese a su presencia intermitente, intensificada en el momento en que el badajo comenzó a volverse loco golpeando la campana, mirobrigenses, vecinos de la comarca y forasteros volvieron a abarrotar la Plaza Mayor para disfrutar del ya tradicional Campanazo, la iniciativa de la asociación cultural carnavaldeltoro.es de la que los ciudadanos se sienten cada vez más orgullos pues, además, ha logrado levantar hasta límites inusitados una fecha que en los Carnavales de no hace tanto, pasaba completamente desapercibida. 

La impaciencia se iba apoderando del albero donde se echaban en falta más disfraces pero no el habitual entusiasmo. Jovenes manteados, otro clásico de los días de grandes aglomeraciones, y papeles de colores tiñendo también el cielo de naranja, ese color farinato que todo lo alegra. La estampa no podía ser más espectacular y solo faltaba la locura.

La hizo estallar Daniel Benito a las 18:15 en punto tras una cuenta atrás a coro que daba paso al comienzo del desenfreno, la juerga, la camaradería y hasta el amor, dado que a estos carnavales también está San Valentín invitado. 

Benito se había dirigido poco antes a los presentes para asegurarles que sería digno continuador de esa labor de Mari que el pasado año había asumido Patricia López. No les mintió y estuvo a la altura. Hasta el martes comunicará con sus tañidos todo lo que sucede en el recorrido taurino orientando así a la gente, manteniendo viva una tradición y prolongándole la vida a la gran protagonista, la campana, que conoce ya 250 de los casi 2015 años de la era postcristiana.

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