Se suele decir que el día de Pentecostés, todos los caminos conducen a El Cueto. Cuando la Virgen sale en procesión, los cofrades, porque goza de una cofradía muy extendida, se disputan portar las andas. Esta procesión, alrededor de la ermita, es de una gran plasticidad. Los bailes charros se dan la mano con el canto de La Salve al finalizar la misa, Salve que compuso Aníbal Sánchez Fraile para Nuestra Señora del Cueto. Cuentan las dos leyendas que se relatan sobre el origen de la Virgen de El Cueto que, a principios del siglo XVII, unos pastores encontraron la imagen de Nuestra Señora en una encina en la que se les apareció.

La otra leyenda asegura que un padre y su hijo, que recogían sus vacas el campo, son los protagonistas del inicio de esta devoción puesto que, estando el niño sofocado y con sed, de repente brotó agua del suelo, donde antes no había nada y, en agradecimiento por este favor concedido, se levantó a posteriori la ermita. En cualquier caso, es el pueblo llano el protagonista del arranque de la devoción de la que está considerada la patrona del Campo Charro por excelencia, a la que, a lo largo del tiempo, también se le atribuyen curaciones milagrosas. A pesar de estar asentada sobre un cerro o cueto, las encinas se han encargado de hacer círculo protector en torno a la ermita. Encinas y ganados nos encontramos, a pesar de los indicadores de las carreteras de Vecinos y de Matilla, en un espacio donde se respira soledad. 

 

La Virgen del Cueto fue descubierta en el siglo XVII. Los árabes, causa principal del ocultamiento de las imágenes religiosas, hacía más de tres siglos que habían desaparecido. Fueron frailes franciscanos los que atendieron el santuario, aunque hasta 1940 vivió en la casa llamada ‘rectoral’ un capellán. Unido a ello el cementerio adosado a la iglesia, se puede deducir la vida que tuvo este lugar cristiano en épocas pasadas. No era otro que parroquia de la zona para los habitantes de las fincas que se encontraban alrededor de la iglesia de El Cueto. Así, aunque no sea parroquia, las fincas de Canillas de Arriba, Carrascal, Sanchiricones, Gueribáñez, Tornadizos, Tordelalosa, Coninos, Cequeña y Torrecilla, El Cueto era el punto de encuentro de toda aquella población dispersa en estos pequeños núcleos ganaderos.

 

La tradición de ser cofrade de la Virgen de El Cueto es un asunto muy enraizado entre los ganaderos de las fincas de la zona. La fiesta principal se celebra el domingo de Pentecostés –es decir, hoy-. Ha sido una las romerías de mayor tradición en los alrededores de la capital charra. Antiguamente, cuando las familias ganaderas se trasladaron a la capital –llegaban los nuevos tiempos y se presagiaba el fin de la época dorada de la ganadería de bravo salmantina- los devotos acudían a la romería de El Cueto bien a lomos o en coches de caballos.

 

También, antaño, se celebraban interesantes festejos taurinos, llegando a convertirse en elemento esencial de la romería. Pero es que en El Cueto, donde figuraba como en lo más alto Alipio Pérez-Tabernero, padre, toreaban las primeras figuras, y hablamos de Juan Belmonte, en 1920, de la mano de Argimiro Pérez Tabernero. Pero también lo hicieron Joselito, El Viti, Camino, Julio Robles (que era cofrade de la Virgen)...

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