Javier Illera, el policía salmantino que salvó de morir ahogados a dos menores en una playa de Benalmádena: "No soy un héroe. Hice lo que tiene que hacer cualquier persona"


El policía salmantino Javier Illera dice que, de haberse dedicado a otra cosa, también habría hecho lo que hizo este pasado mes de julio en una playa de la localidad malagueña de Benalmádena. Pero su condición de policía, evidentemente, tuvo algo que ver. Primero, porque formar parte de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) desde hace años le sirvió para no pensarlo dos veces y zambullirse en el agua. Segundo, su condición de agente le ayudó a mantener la calma pese a tratarse de una situación límite

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 Javier Illera Policía Salamanca
Javier Illera Policía Salamanca

El pasado 15 de julio, Javier Illera salvó la vida de dos chicos menores de edad que se encontraban en grandes apuros en el agua. El agente, policía nacional que forma parte de la Comisaría Provincial de Salamanca desde 2011, disfrutaba de unos días de vacaciones en la localidad malagueña junto a su familia, y pasaba un día de playa en Las Gaviotas. "El penúltimo día de vacaciones, tuve una conversación con uno de los hamaqueros, con el que había hecho buenas migas, que me contó que en esa playa, sólo quince días antes, una mujer de 32 años había fallecido ahogada", cuenta Javier a SALAMANCA24HORAS.

"El hamaquero me comentó que había una zona especialmente peligrosa, junto a un espigón, en el que se formaba una gran corriente", afirma. Illera, horas después, comprobó desde la terraza del hotel en el que se alojaba que, efectivamente, la zona que el hamaquero había señalado presentaba zonas de agua de distinto color, "efectivamente, una zona peligrosa que convenía evitar a nado". 

Al día siguiente, su último día completo de vacaciones, Javier y su familia volvierón a bajar a la playa. "Eran sobre las 12:45 horas cuando comencé a escuchar gritos de auxilio de varios bañistas, y me percaté de que, en esa zona en la que había muerte una mujer días antes, dos chavales solicitaban ayuda desesperadamente". 

Pese a que estaba en la hamaca, el agente salmantino salió corriendo y se zambulló en el agua. Con ayuda de otros bañistas sacaron a los dos menores, de 12 y 15 años de edad, que estaban aterrados. Sin embargo, la peligrosa situación estaba lejos de terminar. "Aún en el agua, me di cuenta de que, a unos 80 o 100 metros mar adentro, una socorrista seguía solicitando ayuda". Javier no se lo pensó dos veces y nadó hasta ella. "Era una chica muy joven, de unos 18-20 años, absolutamente desbordada por la situación", afirma. "Lo primero que le dije fue que la iba a ayudar, que tratara de tranquilizarse. Lo único que me respondió fue: "es que está echando espuma por la boca"". 

La socorrista trataba de mantener a flote a un hombre, de unos 50 años, que había perdido el conocimiento. "Mi idea fue agarrale y tratar de llevarle junto a las rocas de un espigón próximo, debido a que era imposible que, en esa zona de corriente, pudiéramos volver los tres a la orilla. Ella no podía mover a aquel hombre, no conseguía hacerse con él". 

Javier sacó fuerzas de donde no las había y trató de llevar a la socorrista y al hombre a las rocas. "En ese momento llegó otro socorrista en una moto de agua. Subí al hombre al trasportín y, mientras nos llevaban a la orilla, comencé la reanimación cardiopulmonar", cuenta el agente salmantino. En la orilla ya se encontraban los efectivos sanitarios de una ambulancia, que no pudieron hacer uso del desfibrilador en el menor tiempo posible porque, debido a que la víctima tenía el cuerpo húmedo del agua, las ventosas no pegaban. 

"Me di cuenta de que era el padre de los dos chavales porque, a nuestra llegada, uno de ellos lanzó un chillido y otros bañistas se lo llevaron de allí", explica. Le realizaron el masaje cardiaco durante 45 minutos, incluso tras la llegada de una UVI móvil, pero no hubo éxito. El bañista, desgraciadamente, murió. 

Illera reconoce que, en aquel momento, y pese al gran esfuerzo realizado, "se te queda muy mal cuerpo". "Yo tomé la iniciativa debido al trabajo que desempeño cada día. Estamos acostumbrados a ciertas situaciones de riesgo y nos entrenamos en mantener la calma, pese a que el corazón vaya a muchas pulsaciones", afirma el agente salmantino.

"En frio, horas después, y gracias a todo el apoyo y las palabras de felicitación que te hace la gente y, especialmente, los testigos que allí había, te sientes más orgulloso de lo que has hecho", explica Javier. "Pero no por ser policía, creo que en cualquier profesión lo hubiera hecho, porque te digo una cosa: Si le pasara a un familiar mío, o a mí mismo, me gustaría que alguien me ayudase. Creo que, si puedo contribuir a ayudar a alguien en una situación límite, siempre lo voy a hacer", indica Illera.

"No soy un héroe. Los héroes de las películas no llevan chaleco antibales. Hice lo que tiene que hacer cualquier persona". Illera hizo lo mismo que Juan Carlos, Javier y Álvaro; o lo mismo que Alberto. Cumplir con su deber. 

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