La 'Operación Inestal' llevada a cabo por la Guardia Civil comienza a traducirse en consecuencias judiciales y ya se han producido los primeros ingresos en prisión de integrantes de la banda de ladrones. La juez de Peñaranda de Bracamonte encargada de instruir el caso, y bajo cuya orden se desarrolló la operación, ha comenzado a tomar declaración a los dieciocho detenidos en las provincias de Madrid y Guadalajara con miles de objetos que habían obtenido de robos en naves industriales y viviendas de provincias del norte de España, incluida Salamanca.

La operación ha sido de gran complejidad. Y es que el número de personas que participaban en la comisión de los hechos delictivos, su preparación y medios empleados era alta, así como la amplitud del área geográfica en la que se han desarrollado su actividad. Los detenidos habrían actuado en Asturias, Guipúzcoa, Navarra, Teruel, Huesca, Salamanca, Cáceres y otras aún por determinar. De hecho, el último robo lo cometieron en la localidad vizcaína de Marquina.
 
Los registros se han practicado en el parque Las Castillas, en Torrejón del Rey (Guadalajara), Alcalá de Henares (Madrid), Mejorada del Campo (Madrid) y en la propia capital. En concreto, se han intervenido cuatro furgonetas cargadas con una cantidad aún por enumerar de taladros profesionales, motocultores, motosierras, brocas, radiadores nuevos, toalleros térmicos, bebidas alcohólicas, videocámaras, cámaras digitales, teléfonos, ordenadores, televisores de última generación, centros de planchado, desbrozadoras, cortasetos, cortacésped, además de una furgoneta y tres coches utilizados para cometer los robos. También 9.000 euros en efectivo.
 
A principios del pasado mes de junio se cometieron varios robos con fuerza en el polígono El Inestal de Peñaranda de Bracamonte, llevándose en una cientos de jamones ibéricos valorados en 90.000 euros. A raíz de estos robos, la Guardia Civil inició una operación dirigida por el Juzgado de Primera Instancia de Peñranda, participando la Unidad Central Operativa y efectivos de Guadalajara y Madrid.
 
El grupo de delincuentes presentaba una estructura organizativa disciplinada y jerarquizada, con minuciosas actuaciones. Compuesta por familiares y relaciones de parentesco, estaba dirigida por dos hermanos, incluyendo a primos, cuñados y amigos de Rumanía. Los jefes eran los encargados de reconocer y elegir los lugares donde posteriormente se cometerían los robos, otros se encargaban de vigilar la zona, inhibir los sistemas de seguridad y transportar los efectos a los lugares donde eran ocultados, en naves de Madrid y Guadalajara. Posteriormente se enviaba el material a Rumanía o se vendían a ciudadanos de origen chino al frente de establecimientos de alimentación para su posterior venta al público.
 
Los miembros del grupo habían adquirido un alto nivel de especialización a lo largo de los años, usando un equipo de medios electrónicos muy avanzado para inhibir todos los sistemas de alarma, herramientas para hacer butrones de forma sencilla y rápida, además, de usar transmisores inalámbricos para comunicarse entre ellos durante los robos. De igual modo cambiaban frecuentemente de teléfonos móviles y vehículos, algunos de los cuales también han sido incautados por la Guardia Civil.

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