Vigilancia policial para el edificio de la explosión de gas tras la presencia de saqueadores y okupas

Una patrulla de la Policía Local se ha apostado en la plaza del barrio Vidal para impedir el acceso de individuos que puedan llevarse instalaciones de cobre, puertas, ventanas o aparatos que quedaban en el interior de las viviendas desalojadas hace más de un mes, como ha ocurrido recientemente. El Ayuntamiento ha contratado las obras para demoler en breve el edificio de la explosión de gas, pero hasta entonces se mantendrá la vigilancia
 

 Vigilancia policial para el edificio de la explosión de gas tras la presencia de saqueadores y okupas
Vigilancia policial para el edificio de la explosión de gas tras la presencia de saqueadores y okupas

La Policía Local de Salamanca ha establecido un dispositivo de vigilancia en la plaza del barrio Vidal tras la presencia de saqueadores y okupas en el edificio donde el pasado 21 de diciembre se produjo una explosión de gas. Inmueble desalojado desde entonces a la espera de un derribo que se producirá en breve tras contratarse las obras de demolición.

Durante los últimos días diversos individuos, ignorando el precinto de la Policía Nacional, han accedido al edificio para llevarse instalaciones de cobre, puertas, ventanas o aparatos que quedaban en el interior de las viviendas. Cabe recordar que todos los enseres personales y documentación de los inquilinos y propietarios fueron sacados por los Bomberos de Salamanca horas después de la explosión para ser entregados a sus correspondientes dueños.

Los propietarios de las viviendas cuentan con un año de seguro en el que este se hace cargo de los gastos ocasionados por el alquiler. Es el caso de los vecinos del tercero, que quieren regresar en cuanto se pueda a la zona en la que residían, como afirma una vecina, amiga del matrimonio, que también ha sufrido daños en su vivienda, aunque mínimos.

Mientras tanto, la calle Príncipe sigue siendo un amasijo de cascotes que recuerdan a las bombonas de propano que hicieron explotar el segundo del edificio en el que residían diez familias. Más de un mes después los trámites prosiguen para la demolición del edificio, que todavía no tiene fecha concreta pero no se demorará tras dar el visto bueno los vecinos al derribo.

Muchos vecinos aún no entienden cómo todavía los cascotes siguen llenando una calle cortada al tráfico e, incluso, a los viandantes les obligan a rodear los edificios para no atravesar este espacio, aunque ellos mismos han abierto un camino para no perder tanto tiempo. Por eso, reclaman más celeridad a los trámites administrativos.

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