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Los datos que almacenan smartphones y pulseras de actividad tienen un gran potencial para la Salud Pública

Los datos que almacenan smartphones y pulseras de actividad tienen un gran potencial para la Salud Pública

La revista médica 'The Lancet' publica un artículo firmado por miembros del Grupo de Investigación i+HeALTH en el que se analiza el uso de los datos epidemiológicos que monitorizan estos dispositivos

En el año 2020 se estima que más de seis mil millones de personas serán usuarios de teléfonos inteligentes. Clínicos e investigadores ya están empleando estos y otros dispositivos wearables para la monitorización de variables vinculadas con nuestra salud: ‘Apple Heart Study’, por ejemplo, es un proyecto que busca identificar ritmos cardíacos irregulares a través de los sensores del reloj inteligente de la compañía. Este nuevo concepto de diagnóstico y seguimiento telemático es conocido como mHealth.

Investigadores han publicado en la prestigiosa revista médica británica 'The Lancet' el artículo mHealth and the legacy of John Snow, que precisamente plantea el innegable potencial que en términos de Salud Pública tienen los miles de millones de datos que cada día almacenan nuestros teléfonos inteligentes y pulseras de actividad.

Los investigadores Alejandro Santos, director Departamento Ciencias de la Salud; Carlos Baladrón, del Departamento de Enseñanzas Técnicas, y Juan Martín, del de Ciencias de la Salud, han firmado un texto que se enmarca en las actividades del Grupo de Investigación i+HeALTH, un grupo interdepartamental que trabaja en líneas de investigación como la epidemiología de la actividad física y salud, el eHealth o el análisis de datos y Big Data, entre otras.

“Los dispositivos portátiles, unidos al desarrollo de plataformas para la recolección de datos, se están convirtiendo en pequeños centros de salud, con las implicaciones que ello conlleva”, aseguran los investigadores.

Por ello, enormes cantidades de datos epidemiológicos están ahora en manos de compañías del sector tecnológico. “Uno espera que estos datos —de relevancia médica— sean adquiridos y gestionados bajo los más altos estándares éticos y legales; a pesar de ello, nuestros dispositivos móviles pueden compartir información sin nuestro conocimiento”, recuerdan.

Desde los tiempos en que John Snow —considerado el padre de la epidemiología— empleó el cálculo estadístico sencillo e información geográfica para analizar la propagación del cólera en Londres, “las técnicas de recogida de datos médicos han evolucionado hasta alcanzar niveles insospechados de complejidad”, destacan los miembros del grupo i+HeALTH. “Somos ahora testigos de una nueva era, cuyo potencial debemos saber aprovechar”, concluyen.

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