Tomislav Ivkovic, el portero de la UDS que desafió dos veces a Maradona

Cuando fuimos los mejores: Paulo Torres, Agostinho, Giovanella, Cesar Brito, Catanha, Taira, Pauleta, Ivkovic y Nuno Afonso, en el verano de 1996.
Tomislav Ivkovic, el portero de la UDS que desafió dos veces a Maradona

En 1989, el Nápoles del Pelusa y el Sporting de Portugal del cancerbero croata se enfrentaron en la Copa de la Uefa e Ivkovic le apostó 100 dólares a Maradona a que le pararía una pena máxima. Un año después, en el Mundial, los dos se volvieron a encontrar y el partido volvió a llegar a la tanda de penaltis

De Andoni Goikoetxea a Carlos Vela, pasando por Stelea, Popescu, Urzaiz, Míchel Salgado, Mutiu, Pauleta, Felipe Miñambres o Juan Señor. Desde México '86, siempre ha habido algún exjugador o extécnico de la Unión Deportiva Salamanca en el Mundial de fútbol.

Tomislav Ivkovic (Zagreb, 1960) fue un portero croata que llegó a la UDS procedente del equipo lisboeta de Os Belenenses en el verano de 1996, de la mano del mítico João Alves. Jugó en el equipo charro esa única temporada, la 96-97, en Segunda División, formando parte de la plantilla que consiguió el ascenso en Mendizorroza. Bien es verdad que, cuando Alves fue cesado en la jornada 8, Ivkovic perdió la titularidad y fue suplente de Aizpurúa durante el resto del campeonato. Jugó seis partidos de Liga y dos de Copa (en los que el Salamanca se enfrentó al Real Madrid) y recibió 14 goles. A la conclusión de la campaña, el croata regresó a Lisboa para vestir la camiseta del Estrela de Amadora, equipo en el que se retiró en el verano de 1998.

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Pese a que al llegar a Salamanca su carrera ya estaba en la recta final, años antes Ivkovic había sido un muy importante jugador de la temible, por entonces, selección yugoslava. Porque antes de la lluvia, en los compases previos a la Guerra de los Balcanes, Yugoslavia era un país conformado por seis repúblicas, cinco naciones, cuatro culturas, tres lenguas, dos alfabetos y un estado. Y justo en el momento en que se resquebrajaba, paradójicamente vivía la mejor época de su vida deportiva. 

En el baloncesto estaban la Jugoplástika de Split y la Cibona de Zagreb, que con Petrovic, Kukoc, Perasovic, IVanovic o Radja se paseaba por Europa; y en el fútbol el Estrella Roja de Belgrado, que ganó la Copa de Europa en 1991. Mientras tanto, una generación irrepetible de jugadores serbios, croatas, bosnios, eslovenos y, en menor medida macedonios, deslumbraba al Mundo. Primero con la medalla de Bronce en los Juegos Olímpicos de 1984, en la que Ivkovic ya fue titular; y luego con la consecución del Mundial Juvenil de 1987 celebrado en Chile, en el que Robert Prosinecki fue elegido mejor jugador y la delantera plavi estuvo formada por Pedja Mijatovic y Davor Suker.

A comienzos de la temporada 89-90, el Nápoles de Diego Armando Maradona defendía la corona de la Copa de la UEFA conquistada la temporada anterior. El sorteo del torneo europeo les deparó como primer rival el Sporting de Portugal en treintaidosavos de final. En la ida, en el antiguo José Alvalade, no hubo goles y dos semanas después en San Paolo el partido finalizó con el mismo resultado durante los 90 minutos y el tiempo extra. En la tanda de penaltis, en la portería italiana se encontraba Giuliani, mientras que en la de los lisboetas estaba Tomislav Ivkovic. Con el 3-2 en el tanteo antes de la última tanda de lanzamientos, Maradona se encaminó hacia el punto de penalti y, al llegar, Ivkovic le retó. El guardameta, muy seguro de si mismo, le apostó 100 dólares a que se lo paraba, a lo que el Pelusa le contestó: “Trato hecho”. El argentino disparó a su derecha pero el portero repelió el chut con destreza, aunque finalmente el Nápoles consiguió el pase. En el túnel de vestuarios Maradona saldó su deuda con Ivkovic y también le regaló su camiseta. 

Llegó el verano del 90 —el primero sin el Muro de Berlín— y tanto la Yugoslavia de Ivkovic como la Argentina de Maradona acudieron a la cita mundialista en Italia. En cuartos de final, un 30 de junio en Florencia, volvieron a cruzarse; y otra vez tras una igualada a cero el destino les llevó a la tanda de penas máximas. Serrizuela y Burruchaga la metieron para Argentina, mientras que por Yugoslavia falló Stojkovic y marcó Prosinecki. En el tercer turno le tocaba a Maradona, que volvía a encontrarse cara a cara con Ivkovic. El mejor jugador de la historia disparó con suavidad y muy centrado, por lo que el portero croata volvió a atajar su disparo. Savicevic puso el 2-2 pero el cancerbero Sergio Goycochea se erigió en héroe de los argentinos y detuvo los penaltis de Brnovic y Hadzibegic, por lo que la albiceleste accedió a semifinales.

Casi un año después de aquello, el 25 de junio de 1991, Eslovenia declaró su independencia de Yugoslavia y días después el presidente croata, Franjo Tudjman, imitó la jugada. El deporte calló para dar paso a las armas de los paramilitares de Arkan, de los francotiradores de Sarajevo, del puente de Mostar y de la limpieza étnica; pero Ivkovic pudo ser el héroe de una selección que, de no haber sido desmembrada por la Guerra, quien sabe si habría hecho historia. 


(Tomislav Ivkovic reside en Croacia y es actualmente el entrenador del Slaven Belupo, equipo de la Primera División)

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