Los otros San Borondones

Los otros San Borondones

San Borondón se sitúa por la leyenda, en las Islas Canarias. Pero debemos empezar por la gran San Borondón de todas, la conocida Atlántida. Fue descrita con detalle en la época griega. Habla de su situación en las proximidades de Canarias aunque para ser precisos, los textos la sitúan más allá de las Columnas de Hércules, en la zona del estrecho. Pero no olvidemos que estamos situándonos en una época en la que el Desierto del Sáhara era un auténtico vergel. Podemos hablar también de la isla de Podestà, en Chile. La descubrió un marino italiano llamado Pinocchio allá por 1879. Le dio nombre a la isla en honor al barco en el que iba, el Barone Podestà, y la situó a unos 1.300 km. de las islas chilenas de Valparaíso. No se ha vuelto a saber nada de ella, considerándose una “isla fantasma”. Otra similar a San Borondón, es la isla de Antillia, que se supone son las Antillas del Caribe. Probablemente en el descubrimiento de América, alguna isla dio nombre a lo que son las Antillas. Se creía que formaba parte también de la Atlántida. La isla de Mu, la Atlántida en el Océano Pacífico, se suma a este listado de “San Borondones” tras ser citada por los Maories. Platón decía que era del tamaño de Asia Menor y Libia juntos, pero sin olvidar el concepto de dimensiones de esa época. En realidad podría tener el tamaño de la Península Ibérica.

Aparece también en el norte de Europa, en tiempos de la Edad Media, la isla Tule, que correspondía cartográficamente al Norte de Europa, incluso confundido con las islas Zenland, Feroe, Islandia. Como apunte, señalar que los nazis situaban ahí el origen de la raza aria. Sumamos a este breve listado a las islas Pepi, situadas a doscientas treinta millas al norte de las islas Malvinas. La tradición reseña que son islas submarinas que debido a las mareas de vez en cuando emergen. Isla Bermeja, en la parte norte de la península del Yucatán -México-, registrada en mapas hasta comienzos del siglo XIX. La Tierra de Zanikov, isla fantasma del océano Ártico, y enraizada a la cultura rusa y que se veía a principios del siglo XIX para no ser avistada nunca más.

¿Un San Borondón asturiano?

Hace un tiempo, tuve la ocasión de charlar largo y tendido en mi programa de radio Angulo 13, con uno de los divulgadores más inquietos de Asturias. Bruno Rodríguez nos adentra en una leyenda repleta de similitudes con la que nos ocupa en este artículo, la conocida como San Balandrán:

- Sorprende la similitud entre San Borondón y San Balandrán.

- Hay varias leyendas en Avilés. Tiempo atrás la ciudad estaba rodeada por una muralla, y en el interior había hambre y peleas por la poca comida que había. Por entonces, unos monjes deciden ir a la isla de San Balandrán para construir un convento, una pequeña iglesia ahí. Cuando llegan, a bordo de una pequeña barca de remos, deciden hacer una hoguera para avituallarse allí, y al día siguiente empezar a construir una pequeña capilla. En el momento que prenden la hoguera, la isla se viene abajo, y esos hombres ahogan allí, en el medio de la ría de Avilés. Se dice que el monje que tuvo la idea de construir allí la capilla, se llamaba como el famoso santo Brendán, un santo irlandés, de ahí queda el nombre de San Balandrán. Otros dicen que fue por una lancha que se encontró allí con ese nombre, y de ahí queda la referencia.

- ¿Hay referencias interesantes sobre la existencia de esta isla, verdad?

- Hay una zarzuela que se llama La Isla de San Balandrán, de 1862. Su autor se llama Oudrid, y sobre esta isla escribe que viven mujeres que esclavizan a los hombres, les obligan a lavar, a hacer calceta, a limpiar el hogar, como unas gobernantas.

David Arias, avilesino autor de la novela “Después del gas”, también menciona una isla a las afueras de Oviedo, también por mujeres.

Armando Palacio Valdés habla también de San Balandrán, y en uno de los versos de una de sus novelas, La Espuma, dice: “… la verdad es que bien mirado, yo le estoy haciendo el ocho a ese muchacho, parezco una dama de la isla de San Balandrán…”.

- Llama la atención que a diferencia de la isla de San Borondón -Canarias-, con claras connotaciones cristianas, en este caso parece todo lo contrario. Parece que se aleja de esos conceptos, una mujer que manda sobre el hombre…

- La información sobre esta isla asturiana, viene del más estricto recoveco cristiano, lo recoge un cura de Avilés. Os voy a citar otra novela más, La Regenta, y en ella, en los últimos versos, en una discusión en la que hablan dos mujeres: “…y el pobre calzonazos dio su permiso, dijo Visitación colorada de indignación, ¡qué marido de la isla de San Balandrán!

- … Otra nueva referencia e interesante referencia a ese lugar.

- Sí, es cuando están en Santa María hablando con Visitación. La verdad es que a mí también me llamó la atención que en La Regenta ya se mencionará esta isla, de la que hoy en día apenas se habla y ya no puede verse. A día de hoy la ría de Avilés está llena de colectores de la ciudad, y con tantas aguas viniendo de tantos sitios y tantos y tantos desagües, se habrá dragado de alguna forma la arena de la isla. Pero hay mucha gente de la de antes, que recuerda como un barquerito te llevaba en su barca hasta la isla de San Balandrán […].

- Habría sido posible, como dices, que la isla hubiera existido de verdad, y se hubiera ido descomponiendo, y en su momento tuviera incluso población.

- Yo creo que sí, para mí es la explicación más fehaciente de todas, que fue una isla arenosa, y que con el tiempo fue tragándose de modo natural, y se fuera deshaciendo. Hay que tener en cuenta que Avilés era el puerto principal de Asturias, donde más tráfico marítimo hubo en su tiempo. Era un pueblo de pescadores, la ruta principal que había en Asturias antiguamente, por lo que se hicieron muchas reformas en la ría, se canalizó mucho por allí antiguamente. Y es muy posible que se hubiera ido resquebrajando. Durante años se fueron canalizando todas las aguas residuales hasta esta zona. Además, Avilés también es zona industrial, y hay muchas empresas que vertieron sus aguas aquí, durante muchos años, y por tanto es muy probable que la isla se fuera comiendo poco a poco por la fuerza del agua, no por la de la propia naturaleza, sino por toda la que fue vertiendo allí el ser humano.

- ¿Y cómo asimila la población actual esta historia? ¿La hace propia o vive de espaldas a ella?

- Sí la tienen en cuenta, porque de hecho el topónimo sigue allí, y el pueblo que quedaba frente a la isla, sigue teniendo el nombre del pueblo de San Balandrán. Antiguamente era conocido como Hiera, pero sigue manteniendo el nombre de San Balandrán. Y mucha gente habla de ella con nostalgia.

Rezan en algunos planos antiguos referencias a San Balandrán, aunque la verdad es que quedan pocas referencias, pues el Archivo Histórico de Avilés sufrió bastantes ataques durante la Guerra Civil, y se perdió mucho de lo que había. Pero sí hay escritos que están en poder de este párroco que te digo, de Manuel Feito, que es una de las personas que recopiló todos estos temas de leyendas del agua y de islas.

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