​Habla la comunidad LGTB+: “Decir quién eres no es fácil al principio, pero es muy liberador”

​Habla la comunidad LGTB+: “Decir quién eres no es fácil al principio, pero es muy liberador”
Imagen de la manifestación celebrada en Salamanca el pasado 15 de junio

Elisa Martínez es una joven de tan sólo 24 años y que, tras graduarse en Traducción por la Universidad de Salamanca, cursa también en el Estudio salmantino en Máster en Estudios Interdisciplinares de Género.

Nada la diferencia de cualquiera de sus compañeros o compañeras de carrera o de posgrado. Ni siquiera que es una “mujer bisexual”, como ella misma se denomina. Pese a ello, considera que sigue siendo necesario celebrar el Día del Orgullo LGTB+, ya que “por desgracia, todavía nos queda un largo camino por recorrer”.

Además, remarca la idea de que “aunque pueda tener un cierto ambiente festivo”, el Día del Orgullo “es una forma de denunciar las injusticias que todavía hoy sufrimos las personas LGTB+” puesto que, como recuerda, “sigue habiendo agresiones y discriminación ‘LGTBfóbicas’ a nivel laboral, sanitario o educativo”.

Elisa, que habla con lenguaje inclusivo (algo que también intenta introducir en su profesión para así concienciar a la sociedad de la diversidad existente) cree que Salamanca puede ser una ciudad que permita a “muches estudiantes sentirse más libre para expresar quienes somos”, ya que están “lejos de nuestras familias y del entorno en el que nos criamos”.

Sí que destaca que, aunque “la diversidad es más visible”, duda de si las personas LGTB+ “nacidas y criadas en Salamanca comparten esta visión de la ciudad”.

“El colectivo se ha ido haciendo más visible; está habiendo un cambio de mentalidad”

La joven asturiana cuenta que se mudó a Salamanca en 2012 “y, desde entonces, creo que el colectivo se ha ido haciendo más visible”, y pone como ejemplo que el número de miembros de la asociación IGUALES e IGUALES USAL, de la que forma parte, “ha crecido exponencialmente durante los últimos años”.

Para ella, esto quiere decir que la gente “se implica más y tiene menos miedo a decir quiénes son”, y destaca como anécdota que tanto el pasado año como este se pudo ver la bandera arcoíris colgada en la Plaza Mayor charra, “algo impensable cuando yo llegué aquí”, por lo que todo le invita a pensar “que está habiendo un cambio de mentalidad”.

También opina que Internet “puede ser una gran herramienta para documentarse acerca de estos temas” siempre y cuando se sepa dónde se debe buscar, asegura explícitamente. Pero sobre todo, porque “te permite encontrar a gente que hay pasado por una situación similar” y, además, ponerte en contacto con colectivos o asociaciones que te pueden ayudar, como puede ser IGUALES.

Pero como repite, Internet “es un arma de doble filo”, porque además de las ventajas que ofrece y de permitir “entender quiénes somos y de empatizar con otras realidades”, también lamenta que el anonimato que ofrece la red deja que “aflore mucha ‘LGTBfobia’”, recordando que se pueden llegar a leer comentarios “que poca gente te diría a la cara por la calle”.

“No me costó aceptar que sentía atracción hacia personas de cualquier género, pero sí fue duro pensar que mi vida podría ser más difícil por ello”

Elisa rememora que fue durante la pubertad cuando se dio cuenta que no sólo le atraían los chicos, “pero en ese momento no le di demasiada importancia”. Y es que con 12 años no le preocupaban las etiquetas “y en mi entorno no era un tema del que se hablase”. No fue hasta los 19 años cuando comenzó a autodenominarse como bisexual.

“No me costó aceptar que sentía atracción hacia personas de cualquier género, pero sí fue duro pensar que mi vida podría ser más difícil por ello”, recuerda. Y para ilustrar esa afirmación, pone el ejemplo de algo “totalmente normal como dar la mano a tu pareja en público”, que se convierte en una situación “potencialmente peligrosa” cuando se trata de una pareja de dos chicas, ya que “sufres una doble discriminación por ser mujer y persona LGTB+”. Una marginación que va desde el acoso verbal hasta “tíos que te siguen o que intentan unirse”, entre otras cosas. Algo que le produce “miedo y bastante asco”.

Esta joven egresada de la USAL admite que ‘estuvo en el armario’ hasta que se echó ‘novia formal’. “Antes de eso había salido con un chico durante unos años y él había venido a mi ciudad natal, había conocido a toda mi familia y amigos” y, como no quería tratar a su entonces novia de manera diferente, fue lo que le llevó a dar el paso y contar su situación.

Así, recuerda que, de su entorno, “algunes no entendían lo que era la bisexualidad y creían que me había hecho lesbiana; otres me intentaban convencer de que estaba confundida o de que era una fase”. Eso sí, cree que “por suerte” ha tenido más experiencias positivas que negativas, y afirma su grupo de amigues es muy abierto “y algunes me han llegado a decir que se lo veían venir”, detalla con risa.

“La mayoría de la gente te pregunta cosas sin maldad porque nunca han conocido a alguien ‘bi’”

Ante la gente, Elisa recomienda tener paciencia, puesto que “la mayoría de la gente te pregunta cosas sin maldad porque nunca han conocido a alguien ‘bi’”, como puede ser si le gustan más los chicos o las chicas o que si no echa a nadie del género opuesto cuando está con determinada persona. Son cosas que intenta tomarse con humor, asegurando que “son preguntas que sonarán ridículas dentro de veinte años”.

Sin embargo, sí cree que ha tenido “mucha más suerte” que la mayoría al ser aceptada, porque conoce “casos cercanos” de personas a las que han agredido “e incluso han echado de casa por salir del armario”. Lamenta además que, si bien la bisexualidad es “una identidad relativamente conocida aunque esté aún bastante invisibilizada”, peor lo tienen las personas ‘trans+’, no binarias o asexuales, por poner unos ejemplos, que “tienen que luchar mucho más para que se reconozcan quiénes son”.

Por ello, a todas esas personas así como a la gente joven que siente cierto miedo a la hora de contar quiénes son y cómo se siente, Elisa les recomienda que busquen apoyo en la comunidad LGTB+.

“Aunque parezca que no hay nadie que te entienda o que te pueda ayudar, no es verdad”. Se trata de un colectivo en el que “somos muches, tenemos experiencias similares y nos ayudamos entre nosotres”.

Elisa sentencia explicando que “decir quién eres no es fácil al principio, pero es muy liberador. Si nos unimos, luchamos por nuestros derechos y vivimos sin miedo, algún día no hará falta que salgamos del armario”. 

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