Especialistas de todo el mundo reflexionan en la Universidad de Salamanca sobre el papel de la Filosofía como educadora de emociones

Especialistas de todo el mundo reflexionan en la Universidad de Salamanca sobre el papel de la Filosofía como educadora de emociones

La cita, a la que acuden profesores, investigadores y estudiantes de Filosofía y Ciencias Humanas, se enmarca en la conmemoración del VIII Centenario

La programación de encuentros de expertos vinculada al VIII Centenario de la Universidad de Salamanca suma una nueva propuesta a la amplia oferta asociada a la efeméride con el inicio del Congreso Internacional ‘La Fiolosofía y el amor’.

El decano de la Facultad de Filosofía, Antonio Notario; la presidenta de la Sociedad Castellano-Leonesa de Filosofía, María del Carmen Paredes Martín, y el vicepresidente de la misma, Enrique Bonete, inauguraron este viernes una cita que trae a las aulas del Estudio salmantino a profesores, investigadores, estudiantes de filosofía y ciencias humanas y todas aquellas personas interesadas en la formación humanística para la sociedad actual.

Los objetivos del encuentro giran en torno al papel formativo de la personalidad que puede desempeñar el amor, un aspecto que se aborda desde una perspectiva amplia con el fin de discutir sobre la función de la Filosofía en la educación de las emociones.

Desde Platón, el amor ha sido un tema recurrente en esta disciplina. Filósofos como Nietzsche, Bertrand Russell, Sartre, Ortega y Gasset, o Simone Weil y Martha Nussbaum han puesto de manifiesto que el valor más indiscutible del amor se encuentra en la dimensión de acercamiento al otro y por lo tanto en su vertiente intersubjetiva.


A juicio de los expertos, no es casual que en nuestra época se sitúe en primer plano un concepto polivalente de inteligencia “que atiende no sólo a la racionalidad teórica de las ciencias y de la tecnología”. Consideran que también en el ámbito de la racionalidad práctica “hay que poner el acento en la inteligencia emocional y en la inteligencia moral como capacidad para razonar en términos de justicia y de bondad, potencia sentimientos de tolerancia, solidaridad y respeto hacia las diferencias”. 


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