Francisco Martín Ancín: "Haber sido comisario de mi ciudad es el mayor reconocimiento que he tenido en mi vida"

Francisco Martín Ancín: "Haber sido comisario de mi ciudad es el mayor reconocimiento que he tenido en mi vida"

El hasta ahora comisario jefe de la Policía Nacional en Salamanca abandona el cargo que ha ocupado durante los últimos cuatro años para convertirse en consejero del Ministerio del Interior en Centroamérica. A pocos días de marcharse a vivir a El Salvador, Francisco Martín Ancín habla con SALAMANCA24HORAS para echar la vista atrás y hacer balance de su labor policial al frente de la Comisaría de la ciudad  

El comisario jefe de la Policía Nacional en Salamanca, Francisco Martín Ancín, abandonará en los próximos días su cargo, debido a que ha sido nombrado consejero de Interior para Centroamérica en El Salvador. Martín Ancín, que ha ocupado el puesto de máximo responsable policial en la ciudad desde 2014, charla con SALAMANCA24HORAS en una entrevista con sabor a despedida. Este salmantino de la Prospe se marcha para convertirse en un nuevo embajador de Salamanca en el mundo. En su caso en la complicada Centroamérica, a muchos kilómetros de casa.

Cuatro años después de su llegada a Salamanca se marcha. ¿Lo hace con la satisfacción del deber cumplido?

Totalmente, porque mi obligación es precisamente la de cumplir con el deber, compromiso y lealtad con la que te encomiendan esta función. Por lo tanto, con el deber cumplido sí, pero no con todos los deberes cumplidos. Me gustaría haber hecho más cosas y no ha sido posible, porque los acontecimientos te superan y llegado este momento te das cuenta que han quedado algunas cosas aparcadas. Por ejemplo, un mayor acercamiento al ciudadano. Recientemente acondicioné una sala en la Comisaría que pretendía que fuera un lugar de encuentro y reunión para tener esa mayor cercanía; o acudir más a los centros de vecinos y estar más próximo. Esto no significa que no lo haya estado, pero ahora me interesaba estar bastante más. Pese a esto, siento satisfacción por el deber cumplido.

Los datos del tercer trimestre de 2015, cuando usted llevaba casi un año en el cargo, contabilizaron 4.109 delitos y faltas totales en el municipio de Salamanca. Los últimos datos, que acaban de ser publicados, afirman que son 2.705 delitos y faltas. La cifra ha descendido mucho. ¿Cómo lo valora?

No se puede valorar más que positivamente. A mí siempre me ha interesado reducir la delincuencia, pero no sólo en la estadística, también tratando de que la ciudadanía percibiese esa realidad. En cuanto a los números, es una bendición que tengamos estos resultados y en lograrlos ha contribuido el compromiso y el espíritu de sacrificio del personal de la Comisaría de Salamanca.

¿Qué medidas puso en marcha cuando llegó al puesto?, ¿qué había que mejorar?

Yo llegué en octubre de 2014 y me di cuenta de dos pequeñas cosas. La primera, de los hurtos. Y digo los hurtos porque esta modalidad de robos contra el patrimonio no es escandalosa, ya que no conlleva violencia ni intimidación. En ellos prima la destreza. Pero sí constaté que había un exceso de delitos y faltas de hurto y había que hacer algo. Llegué a la conclusión de que debíamos reestructurar los grupos que se dedicaban a la investigación de delitos patrimoniales dentro de la Brigada de la Policía Judicial y, para ello, creamos un grupo ad hoc para luchar contra los hurtos. Tuvimos la suerte de poner a un inspector al mando muy cualificado y competente, así como a compañeros que ya llevaban años trabajando en ello. Y hemos conseguido reducir los hurtos, por lo que acertamos.

En segundo lugar, en diciembre de 2014 y el inicio de Navidades, me encontré que muchos compañeros habían ido acumulando días de descanso y vacaciones para disfrutarlos en esas fechas. Y en jornadas tan señaladas, hubo que limitar el asueto porque no era muy prudente. Se puso en marcha con el trabajo de todos una mejor redistribución de los días vacacionales de los trabajadores, para que no se acumularan a final de año porque había motivos de orden público y de seguridad en esas fechas en la que tenía que estar el mayor número de efectivos posible, y creo que también lo conseguimos.

¿Ha sido difícil lograr estos datos con el conocido déficit de efectivos policiales que tiene Salamanca desde hace años?

Cierto es que cuanto más efectivos tienes puedes dar una mejor respuesta, pero tampoco ha sido un gran impedimento, porque no ha habido una reducción muy drástica en Salamanca. Estamos al nivel de otras comisarías españolas similares, pero toca apretar, achuchar más y exigir más esfuerzo, aunque ahí están los resultados.

¿A qué otros delitos, más modernos que los hurtos, se están enfrentando en Salamanca?

Van surgiendo nuevas modalidades delictivas y muchas de ellas ocurren a través de las redes, de Internet y de las nuevas tecnologías. En Salamanca conviven los delitos clásicos de toda la vida, me refiero a los patrimoniales con estas nuevas formas de delinquir a través de Intenert, porque gracias a Dios en esta ciudad los delitos contra la vida son mínimos y los que se producen contra la integridad física son algunos más porque hay mucho ocio, mucho estudiante y locales nocturnos en los que con la bebida de por medio se producen reyertas, aunque tampoco son para alarmarse.

Sin embargo, con estas nuevas modalidades de delitos que se producen debido a las nuevas tecnologías los ciudadanos deben tener en cuenta que cuando se facilitan fotografías o se establecen contactos a través del teléfono, puede aparecer luego la figura de la sextorsión, y en Salamanca se está dando con relativa frecuencia. También las estafas a través de Internet, porque no se compra siempre en páginas web seguras y hoy día se facilitan datos importantes del DNI o números de cuenta; y se están cometiendo delitos relacionados con la usurpación de identidad. Reitero que es algo que hay que tener en cuenta.

¿Qué cree que debe tener muy presente, en cuanto a la criminalidad, el próximo comisario?

Debe conocer Salamanca, algo que seguro hará desde el primer momento. A partir de ahí se va a dar cuenta de que está en una ciudad caracterizada por la seguridad, pero debe hacer énfasis en que la seguridad es cosa de todos —algo que ha sido mi lema— y no sólo de los que hemos sido designados para luchar contra la inseguridad. Yo siempre he afirmado que quiero más comunicación y que el ciudadano debe alertar a la Policía en cuanto determine que se encuentra ante un hecho delictivo. Y en esto tiene que trabajar el nuevo comisario. Debe establecer canales continuos de comunicación con los colectivos para que ellos participen de la seguridad de Salamanca y conseguir que siga reduciéndose la criminalidad en la ciudad.

La Comisaría de Salamanca es pionera en el uso de un software que detecta denuncias falsas. ¿Cómo han modernizado su día a día en los últimos cuatro años?

Esta aplicación, VERIPOL, que ha estado funcionado en algunas comisarías, ha dado muy buen resultado. Esto es debido a que especialmente en los delitos patrimoniales nos llegan denuncias que son muy pintorescas y picarescas, porque por razones del cobro del seguro, a veces los hechos no ocurren realmente como nos los cuentan. Esta aplicación detecta anomalías y la falta de verdad en la narración de los hechos y forma parte de la modernidad. También existe una aplicación llamada ALERCOPS, que permite a cualquier persona en cualquier lugar de España pueda contactar con la Policía, incluso sin tener que hablar, ya que a través del programa podemos saber que está en riesgo y vamos a actuar inmediatamente.

Se han puesto en marcha aplicaciones para falicitar que personas con dificultades auditivas puedan interponer denuncias y estamos dando formación para llegar a personas con autismo… todo esto entra dentro de la modernidad y en Salamanca lo estamos llevando a cabo. En cuanto a nivel interno, contamos con una geolocalización de nuestros vehículos en todo momento, por poner un ejemplo, que favorece nuestra logística policial.

Salamanca, en términos generales tal y como ha dicho, es una ciudad muy segura, pero siempre existen momentos en que la ciudadanía percibe cierta inseguridad. ¿Cree que ha habido algún momento en el que ha notado usted también esto?, ¿puede ser cuando tuvieron lugar dos asesinatos muy seguidos, en Pizarrales y San Vicente?

Cuando se produjeron estas dos muertes no recibí una mayor percepción de inseguridad por parte de la ciudadanía, aunque cierto es que tuvieron lugar con cierta proximidad en el tiempo y las dos estaban relacionados con las drogas. Se pusieron en marcha los protocolos y una está resuelta y la otra se está investigando. Pero sí ha habido momentos en que la ciudadanía estaba más inquieta. Cuando tuvieron lugar más robos en viviendas la gente se puso más en guardia, pero se consiguieron reducir considerablemente y están a la baja en Salamanca.

También recuerdo cuando en enero y febrero de 2017 tuvieron lugar diversos robos en bares, concretamente en sus máquinas tragaperras, y los hosteleros estaban un poco alarmados. La reacción policial dio sus frutos y se neutralizó el problema. En tercer lugar, me acuerdo de otro momento en el que causó cierta alarma el famoso atracador de las gasolineras, que iba encapuchado y en bicicleta. Se le puso remedio porque el individuo fue detenido y se encuentra en prisión.

En definitiva, esta percepción de la ciudadanía se produce cuando una determinada modalidad delictiva se dispara en una época, pero en Salamanca las hemos ido atajando y reduciendo. Creo que podemos asegurar que nos encontramos en un momento muy bueno en cuanto a estadísticas de criminalidad, y no hay motivos para alarmarse por nada en este momento.

¿Cuál ha sido el mejor momento?

No ha habido uno solo. A mí me llena de satisfacción cuando somos capaces de atajar la delincuencia ante esos momentos en los que se nos dispara algún tipo de delito. Y no es sólo porque haya habido una reacción policial, sino porque en Salamanca hemos sido capaces incluso de prevenirlos. Han sido buenos momentos también cuando ha habido situaciones de peligro para algunos compañeros y no han desembocado en ninguna desgracia. Esto es fundamental para mí, ya que cuando he detectado este riesgo no ha habido un desenlace o respuesta negativa que nos haya hecho entristecer. Por lo tanto, estoy orgulloso de que hayamos podido dar respuestas de calidad y satisfactorias a los salmantinos.

Comisario Ancín 1

¿Qué representa para la Policía Nacional en Salamanca haber contribuido a la detención de uno de los criminales más buscados por Europol durante años?

Pues ha representado cumplir con nuestro deber y una satisfacción tremenda. Esto se produjo gracias a que el grupo policial de Madrid que investiga a los fugitivos detectó que este señor se encontraba en Salamanca. En ese momento automáticamente solicitó la colaboración de nuestra Comisaría y los agentes intervinieron de forma activa, logrando la detención.

Reitero que fue una satisfacción tremenda, porque Esteban Vacas había cometido un delito muy grave del que había sido condenado y se encontraba en libertad, por lo que fue muy importante y nos sirvió de motivación.

¿Queda algo por mejorar a nivel organizativo?

Sí, claro. Queda mejorar las condiciones de todos los compañeros. Creo que es un tema que se está logrando porque la clase política ha percibido que es necesario y se está tratando de lograrlo. Pero no sólo me refiero al salario, también a los derechos de los compañeros, para que estén en la misma onda que la del resto de agentes. Y que seamos capaces los ciudadanos de reconocer a los policías cuando hacen su trabajo, para que sirva de motivación y de estímulo.

¿Y en cuanto a infraestructuras, tanto en Ronda de Sancti Spíritus como en la calle Jardines?

Son edificios de 1979 y necesitan algunas remodelaciones. De hecho, en la calle Jardines ya está presupuestado y se va a acometer una reforma que va a mejorar el ala izquierda de la planta baja, que acoge la oficina de denuncias y la unidad de familia y mujer, que se van a reformar. Pero se necesita mucho más, hay que invertir en los edificios de la Policía Nacional en Salamanca.

Usted fue jefe de estudios de la Escuela de Ávila y está muy ligado a la institución académica. ¿Qué le parece que la Escuela se pueda convertir en centro adscrito de la Universidad de Salamanca?

Creo que puede ser bueno, y digo puede, porque lo que hay que hacer inicialmente es sentarse en una mesa para analizar cuál debe ser la fórmula para que nuestros alumnos salgan con una titulación adecuada y de calidad por una universidad española. Es necesaria una mesa de trabajo y ver en qué posición se encuentran ambas instituciones. Ambas instituciones, digo la Universidad y el Ministerio del Interior, tienen que estar en situación de igualdad para ver cuál debe ser el resultado con el que ganemos todos.

Para un salmantino del barrio de la Prospe, ¿qué representa haber sido durante cuatro años el comisario de su ciudad?

El haber sido comisario de mi ciudad es el mayor reconocimiento que puedo haber tenido en mi vida. Salamanca ha sido mi mejor destino. Cualquier comisario que venga a Salamanca lo va a intentar hacer bien, porque nos debemos a los ciudadanos. Ahora, yo aporto ese plus, que es que soy salmantino. Y como salmantino yo me desvivo por mi gente, y ha sido un orgullo. Lo dije y lo digo, vengo de la Prospe y mi padre era camionero. Él era mi héroe y sabía que yo quería ser policía. Por lo tanto, mi orgullo ha sido haber sido jefe aquí en Salamanca y mi espina es que mi padre no lo haya podido ver.

¿Ha hecho muchos amigos en cuatro años?

¡Muchos! El otro día me agasajaron con una comida de despedida y me sorprendió mucho, porque sabía que estarían los compañeros de la Comisaría y los jefes provinciales, pero me emocionó la cantidad de amigos de Salamanca que acudieron a arroparme. No voy a dar nombres porque se me va a olvidar alguno seguro, pero me llevo muchísimos amigos de esta etapa. De las administraciones públicas, de las Fuerzas Armadas, que de hecho tenemos un grupo en el que nos llamamos Los Uniformados y les tengo un cariño tremendo. Me llevo amigos del mundo empresarial, de la sociedad civil, de asociaciones no gubernamentales, del mundo académico y judicial… me voy encantado de la vida. ¡Si llego a saber esto antes no me voy!

Y antes de que se me olvide, me llevo también amigos de la prensa, aunque estos cuatro años no han estado exentos de dificultades con ellos. Yo sé que soy policía y a veces sé que estamos limitados, porque no debemos contar las cosas en según qué momentos. Y ahí entra la prensa, que sé que tiene sus fuentes y se puede adelantar. Y con esto jugamos todos un poco, pero agradezco tremendamente que os habéis portado todos conmigo como unos profesionales y quiero que quede constancia de ello.

Salamanca no tiene nada que ver con El Salvador, especialmente en niveles de criminalidad, pero tampoco en la vida diaria. El cambio es radical. ¿Qué espera de su destino?

Espero saber cumplir con la misión que se me va a encomendar. Saber servir en todo momento a mi país como consejero de Interior y hacerlo bien, con calidad, llegando a la excelencia y que repercuta en resultados en España.

¿Cuál va a ser su labor?

Mi labor está recogida en un Real Decreto, pero si seguimos su literalidad no vamos a entender nada. Yo creo que podemos resumirlo en que tengo que ser capaz de crear una estructura de inteligencia o retomar la que ya está creada, que nos permita detectar las amenazas que de allí puedan trasladarse o afectar a nuestro país. También, tengo que ser capaz de aportar mi grano de arena para influir en la capacitación de los colectivos policiales de aquella zona y sus institutos de formación, el mundo judicial, el ámbito académico de las universidades y todos los intereses y competencias que el Ministerio del Interior tiene en El Salvador. 

Yo conozco la realidad nacional del país al que me voy a trasladar, porque estuve acudiendo cuando era jefe de estudios de la Escuela de Ávila y tuve pasantías y misiones allí, diseñando los planes de formación de la policía de El Salvador. Conozco la situación y sé de lo complicada que es y las limitaciones que tienen sus instituciones. Por otra parte, son personas que merecen todo nuestro apoyo, por los lazos históricos y lingüísticos. Creo que lo necesitan y estamos obligados como españoles a aportar nuestra ayuda en todo lo que contribuya a su bienestar, porque también lo será para nosotros.

Dice que ya ha estado allí en otras ocasiones. ¿Es un destino que ha elegido usted o que han elegido para usted?

Aquí nadie te pone una pistola en la cabeza para ir a ningún sitio. Salieron algunas consejerías y yo lo medité mucho y lo pedí. En Salamanca estoy cómodo y es mi tierra, pero al mismo tiempo tenía una lucha interior, que es la de mi trayectoria, y me atreví a dar el paso, creyendo que no me lo iban a dar. Mira por donde, resulta que voy a ir yo. Ha sido el destino, hay que pensarlo así. Es un reto y una aventura muy importante y voy con muchas ganas de trabajar y de hacerlo bien. El esfuerzo ahora debe de ser mayor porque el ámbito de actuación trasciende al policial.

Digamos que vuelve a la acción, porque El Salvador tiene mucha acción…

Aquí también hay acción, ya que somos policías y tenemos que estar siempre preparados. Pero la de allí es otra realidad, distinta y muy complicada. Me tengo que adaptar a aquellas circunstancias y, una vez adaptado, ser capaz de desenvolverme y de desarrollarme en mi profesión, y creo que será así.

Supongo que tendrá tiempo para echar de menos Salamanca.

Constantemente, la voy a llevar conmigo siempre. A mí me gusta pasear por mi ciudad. Y aunque he tenido una espinita, ya que apenas he podido pasear a las 8 de la mañana por Salamanca, que es cuando me gusta, porque tenía que estar en la Comisaría y había que trabajar y estar al tanto de todo. Pero voy a echar de menos el poder departir y cambiar impresiones con comerciantes y paseantes.

¿Cómo espera que recuerden en la Comisaría a Francisco Martín Ancín, después de estos cuatro años?

Como un buen jefe, nada más. Que tengan el concepto de mí de que traté de ser compresivo y flexible, e intenté entender las circunstancias de todos, aunque siempre teniendo muy claro que por encima de todo estaba el interés general y no el particular. Yo entiendo que eso a veces va en contra del interés de algún compañero, pero a todos nos enseñaron que esta es una profesión de sacrificios. 

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