El párroco de Serradilla del Arroyo fue condenado a un año de cárcel por abusar sexualmente de una niña de diez años

Catedral de Ciudad Rodrigo.
El párroco de Serradilla del Arroyo fue condenado a un año de cárcel por abusar sexualmente de una niña de diez años

El País desvela esta condena que se produjo hace 20 años y que, según señala, ha sido reconocida por la diócesis de Ciudad Rodrigo, y el obispo de la época, Julián López

El actual párroco de Serradilla del Arroyo, Joaquín Galán Pino, fue condenado a un año de cárcel por abusar sexualmente de una niña de diez años cuando era párroco de la localidad salmantina de Espeja.

Así lo ha desvelado El País, que asegura que esta condena, que se produjo en 1998, ha sido reconocida por la diócesis de Ciudad Rodrigo, y el obispo de la época, Julián López, que hoy está en León.

Según el diario nacional, el cura no llegó a entrar en prisión por no tener antecedentes y la sentencia no trascendió públicamente. Joaquín Galán Pino siguió de párroco en Serradilla del Arroyo, a 40 kilómetros de Espeja. Actualmente forma parte, como notario, de la vicaría judicial de la diócesis de Ciudad Rodrigo, como consta en su página web. Es el tribunal eclesiástico que se encarga de juzgar precisamente las denuncias por abuso de menores.

Tanto la diócesis como el actual obispo de León aseguran que actuaron “conforme a la legislación canónica vigente” entonces según detalla El País. Admiten que no abrieron ningún proceso eclesiástico. “Se consideró suficientemente importante y válido el proceso en el ámbito civil por lo que no se consideró necesario un proceso canónico expreso”, explica López.

Según El País, habría un caso anterior que se ocultó. El periódico nacional apunta otra víctima de este cura en ese pueblo y en las mismas fechas, pero según la propia familia se trata de otro caso, distinto al que se juzgó y condenó. La diócesis no ha querido aclarar si supo de más acusaciones, aunque Julián López asegura que no tuvo constancia de más denuncias. No obstante, el padre de esta niña, también en torno a los diez años, relata que, en su caso, pactaron con el obispado que el sacerdote fuera trasladado a otro pueblo y no presentaron denuncia, según la información de EL País.

Por esta razón su causa, abierta de oficio por informaciones de la fiscalía, “al final se archivó”, relata este vecino, que prefiere no dar su nombre. “Nos aconsejaron que era lo mejor, para no traumatizar más a la niña con el proceso y los interrogatorios”, cuenta. La sentencia posterior del cura fue tan secreta que ni este hombre sabía que había sido condenado.

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