'Las Torres' que cayeron: El olvido de un símbolo de Salamanca con forma de piscina

'Las Torres' que cayeron: El olvido de un símbolo de Salamanca con forma de piscina

El complejo de las piscinas de Las Torres, situado en la Vía Helmántica, fue en los años setenta y ochenta la referencia estival para los salmantinos cuando no existían las piscinas públicas. Hoy, sus restos languidecen entre suciedad a pocos kilómetros del centro de la ciudad


Hace unas cuantas décadas, cuando aún se divisaba a lo lejos el final del siglo XX, Salamanca no contaba con las piscinas públicas de las que hacemos uso hoy. La ciudad disponía de otras opciones para darse un chapuzón, la práctica totalidad privadas. Y como ahora, el que no quería rascarse el bolsillo —y tampoco contaba con algún familiar o conocido del alfoz con piscina— tenía la posibilidad de darse el chapuzón en la playa artificial de la Aldehuela, en la zona de baño del embarcadero del Tormes situado junto al puente de Enrique Estevan, o en la conocida como playa del Benidorm, en la vecina Cabrerizos.

La oferta privada era amplia. Estaba, como ahora, el Hotel Regio, que desde comienzos de los años cincuenta disponía de piscina. El problema es que, al igual que las piscinas del Helmántico, que por entonces pertenecían a la Unión Deportiva Salamanca desde la inauguración del estadio en 1970, pero que estaban bastante alejadas del centro de la ciudad.

Así pues, la opción más próxima a la ciudad eran las piscinas de Las Torres. Situadas en la carretera de Madrid a pocos metros del puente de la vía férrea, el complejo disponía de un amplio restaurante-cafetería, tres piscinas al aire libre (una infantil, otra familiar, denominada la redonda, con cascada y todo, y una última olímpica y homologada para la competición), gimnasio y un gran edificio cuyo interior albergaba otra piscina, en este caso climatizada para los meses de otoño, invierno y primavera. También contaba con amplias zonas verdes y altavoces en los que no paraban de sonar los éxitos del verano de la época.

El complejo de Las Torres fue sin discusión la referencia estival para los salmantinos en los años setenta. Edificado por el arquitecto Arsenio J. Barbero, fue inaugurado en 1967 con visita previa a las obras del ministro de Información y Turismo Manuel Fraga. Sin embargo, en los años noventa comenzó su declive ante el auge de las piscinas municipales y en 1997 los dueños, la conocida familia Nieto, decidió el cierre y la venta de los terrenos. 

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Veinticuatro años después, el inmenso solar en el que se encontraba el complejo de Las Torres ha cambiado de forma significativa.Lejos queda la fuente de su aparcamiento y las estatuas de Venancio Blanco que daban la bienvenida a los clientes. Tampoco vestigio alguno de las piscinas exteriores, ya que su espacio lo ocupa un supermercado y su parking correspondiente. Pero allí sigue, olvidado entre la maleza, el viejo edificio de hormigón que en su día albergó la piscina climatizada.

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A él se accede desde la Vía Helmántica, sorteando un muro perimetral que no levanta más de un metro del suelo y que carece de señalización, por lo que cualquier curioso puede, sin mucho esfuerzo, adentrarse en su interior. El edificio, en deplorable estado, se ha convertido en uno de esos lugares de referencia en Salamanca para fanáticos del turismo de lugares abandonados y en ruinas. También, para grafiteros de dudoso gusto y otro tipo de visitantes que pululan por lugares de esta índole buscando, en los meses de otoño e invierno, un refugio del intenso frío. El vaso de la piscina permanece prácticamente intacto, con las bases de los trampolines ajenas al paso del tiempo, pero el resto es un foco de suciedad sin parangón en la ciudad. El techo, repleto de uralita, supone además un perjuicio para la salud de todo aquel que entre en contacto con las placas de amianto que han ido desprendiéndose y partiéndose.

Los vestuarios también se mantienen en pie, aunque han sido absolutamente vandalizados por los intrusos. El conjunto, por tanto, es una verdadera galería de los horrores digna de una película de terror, a escasos metros de una de las principales vías de acceso a la ciudad, que de vez en cuando sufre incendios.

"Prefiero no mirar"

El prestigioso abogado salmantino Luis Nieto Guzmán, Gran Cruz al Mérito en el Servicio de la Abogacía, pasó los veranos de su infancia en el complejo de Las Torres, que perteneció a su familia.

"Las piscinas de Las Torres fueron un referente de una época de la ciudad, cuando no contaba Salamanca con los mismos servicios que ahora y, en verano, los salmantinos teníamos que recurrir a otras opciones para refrescarnos, ya que no existían las piscinas municipales. Entonces, entre los años setenta y mediados de los noventa, el complejo dio trabajo a mucha gente, debido a que contaba también con un restaurante-cafetería, y se celebraban muchos eventos sociales, llegando a tener más de un millar de socios" contó el abogado en verano de 2017 en El Día de Salamanca.

"Como ocurre con muchas cosas cuando el tiempo pasa, Las Torres tuvo su momento y en 1995 llegó la hora en la que era necesario acometer una reforma en las instalaciones, que ya estaban mayores, para adecuarlas a los nuevos tiempos. Sin embargo, mi familia estaba inmersa en un cambio de generación, en el que los hijos tomaban el testigo de sus progenitores, y finalmente se decidió el cierre y la venta de los terrenos», rememoró Luis Nieto. "Ahora, cada vez que paso por la carretera de Madrid prefiero no mirar hacia allí y comprobar el estado en el que se encuentra. Como digo, guardo muy buenos recuerdos de aquella época y no quiero estropearlos", finalizó en su recuerdo.

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Pero recuerdos que, como Luis Nieto, guarda una generación de salmantinos que aprendieron a nadar en aquellas piscinas del extrarradio, celebraron el banquete de su comunión o disfrutaron de las fiestas de verano  —con discoteca al aire libre incluida— en las que se elegía, incluso, a miss y mister Las Torres.

Un fallecido en 2015

La última referencia que de esta instalación que languidece en la Vía Helmántica dieron los medios de comunicación de la ciudad fue un triste suceso acontecido allí en 2015.

La Policía Local de Santa Marta de Tormes informó en noviembre de aquel año de la aparición del cadáver de un hombre en las antiguas piscinas. Los agentes encontraron el cuerpo sin vida dentro de una tienda de campaña pasada la medianoche del 7 de noviembre. Se trataba, según la investigación, de un indigente que frecuentaba la zona, de unos cincuenta años y la muerte se produjo de forma natural. 

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