Juanca Romero Hasmen/CRÓNICAS ATLANTES

El tren de las almas

El tren de las almas

Nueva entrega de la serie de Crónicas Atlantes

Esta semana nos subimos al TREN DE LAS ALMAS, convencidos de que cuando el vapor empiece a teñir el negro de la noche, y el hierro contra el hierro empiece a circular, no tendremos el valor de mirar hacia atrás. . . lo que aquí dejemos, aquí quedará. Aunque suelo realizar este tipo de viajes en solitario, de forma excepcional he querido acompañarme por una de las mejores creadoras y contadoras de historias que hay en España. En este insólito viaje estaré acompañado por la escritora y periodista, Mado Martínez. Sentado en mi vagón, mirando desde el toqueteado ventanal habitado por una jauría de variopinto ADN de largo recorrido, la veo llegar al andén. Me llama poderosamente la atención, ver que mi acompañante en este viaje no viene provista de ningún tipo de equipaje, ni una mísera bolsa de plástico, ni un abrigo… Mado Martínez se sube a este tren sin ataduras, sin lastres.

Un tren, la oscuridad de la noche y el misterio entre raíles… ¿una bomba explosiva, literariamente hablando?

- No hay mejor forma de definirlo, es una bomba literaria, porque es el tren dentro del género fantástico, y es un tren de las almas y es un tren lleno de ambientación, de intriga […] Este es un tren especial, es una idea muy original, porque es un tren fantasma, es un tren de las almas, es un tren que navega en el género fantástico, en esos ambiente de brumas, de lo sobrenatural, donde al final el mayor de todos los fantasmas es uno mismo.

¿Cuánto hay de realidad y cuanto de ficción en este Tren de las almas?

- […] Soy una persona a la que le encanta escuchar a la gente, escuchar historias, que hace kilómetros y kilómetros por el mundo, y puedo quedarme una noche entera escuchando a una persona hablar… […] En “El tren de las Almas” hay historias basadas en otras historias reales, por supuesto, en historias de trenes fantasmas, en historias de cuando llegó el tren por primera vez a la península, de lo que pensaba la gente, del miedo que la gente le tenía al tren, era un miedo real, pensaban que la maquinaria se engrasaba con grasa de bebés. Pero también era un miedo y una histeria colectiva dentro de la comunidad científica que alertaba contra los posibles peligros de viajar en tren, en ese ingenio mecánico. Siempre hay realidad y siempre hay ficción, y también hay una cosa que se llama la vida misma. Vas cogiendo una serie de experiencias, y a base de escuchar a otras personas, lo que hago en “El tren de las almas” es darles voces. Yo a parte de filóloga, soy antropóloga, me encanta estudiar las culturas, las sociedades, la humanidad, y una de mis grandes pasiones es la psicología, y me encanta hacer historias de personajes. Me encanta ambientar al personaje. Y ahí es donde yo creo que siempre hay mezcla de ficción y realidad, y por supuesto un espejo, en el que el lector puede mirarse, porque al final los personajes que van dentro del tren de las almas, están mirando al monstruo de su espejo, que es lo que pone los pelos de punta y sobrecoge en esta historia.

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¿La realidad supera la ficción?

- Yo creo que la realidad siempre supera la ficción, pero necesitamos la ficción para poder hacer catarsis y poder asumir esas realidades. Para poder explorar esas dimensiones humanas dentro de nosotros mismos […]

Las vías del tren, funesto escenario en el que muchas personas deciden acabar con su vida. ¿Por qué crees que ocurre esto?

- Las vías del tren yo creo que tienen algo mágico, porque realmente para nosotros el tren es un medio de transporte sumamente romántico. Ya en el siglo XIX era una maquinaria muy viva, con esos vapores, esos estertores, ese alimento orgánico en las entrañas, ese carbón. Siempre digo que a muchos nos da por las vías del tren, pero a nadie le da por pasear por una pista de aterrizaje, ni por una autovía, no nos parece que tenga nada de romántico ni de particular. Pero quién no ha hecho eso de ir a la vía del tren, poner una moneda, esperando que pase la maquinaria, o pegar el oído a la vía a ver si está cerca o lejos, todo eso que hacíamos de pequeños en la estación de nuestros pueblos. […] Tristemente es un lugar en que muchas personas acuden a quitarse la vida cuando se cansan de vivir. Historias que se acaban repitiendo, y que acaban marcando la historia de los lugares y de los pueblos.

¿Es cierto que en otros tiempos se engrasaba la maquinaria del ferrocarril con las mantecas de niños, con las grasas de los pequeños/as? ¿De dónde proviene esa leyenda que he podido escuchar en algunas ocasiones?

- Es absolutamente cierto que en otros tiempos, cuando el ferrocarril llegó a la península, se hizo el primer trayecto de Barcelona a Mataró y la gente pensaba que lubricaban la maquinaria con grasa de bebés. En el siglo XIX, existía la creencia popular de que para que los molinos, las carretas, y máquinas a vapor funcionaran correctamente, había que engrasarlos muy bien, y que la mejor grasa era la humana. ¡Sí, la humana!, porque era menos densa, más blanda. Además también existía la creencia bastante siniestra de que la grasa humana tenía asombrosas propiedades curativas, de hecho hay un museo de Farmacia en Alemania, donde hay unos tarros del siglo XVI y XVII donde pone “grasa humana”. Son tarros reales y auténticos, y además en España, por desgracia, tenemos la figura de Manuel Blanco Romasanta, apodado el Hombre Lobo de Allariz, que al parecer se dedicaba a comerciar con la grasa humana […] Por eso pensaba la gente que engrasaban la maquinaria con la grasa de bebé. De hecho hubo una extraña coincidencia durante las obras de construcción del ferrocarril; desparecieron algunos niños, y los capitalinos quisieron ver en esas desapariciones de niños una confirmación de sus sospechas, de que se los estaban quitando para sacarles la grasa. De hecho hubo amotinamientos en la construcción del primer ferrocarril que llegó a la península.

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¿Cómo fueron interpretados o recibidos los primeros trenes que llegaron a España en el siglo XIX?

- Los primeros trenes que llegaron a la península en el siglo XIX, fueron recibidos con ciertas reticencias, no solo por todo lo que hemos hablado antes, sino que además había mucho miedo. La gente pensaba que eso era un ingenio del demonio, y que iba a quemar los campos, a arrasar las cosechas de maíz con esas chispas. La gente pensaba que se te iba a mover el cerebro. Los médicos alertaban contra los abortos, y decían que una mujer podía abortar por viajar a 32 km/h. Aquello era una cosa vertiginosa en 1832. La Sociedad Médica de Lyon alertaba contra los peligros de viajar en tren, las crisis nerviosas, las enfermedades respiratorias que uno podía desarrollar por viajar en tren. Pero es que en 1862 la revista médica The Lancet, la más prestigiosa del mundo en este ámbito, publicaba una serie de artículos titulados “Los peligros de viajar en tren”, donde alertaba de los peligros que podía tener para la salud.

Hablemos de tu novela, “El Tren de las almas”. Un grupo de amigos, una estación verdaderamente siniestra, y la creencia de una leyenda que se hace realidad. ¿Has tenido que “subirte” a ese tren para escribir este magnífico libro?

- He tenido que subirme al tren de las almas para escribir esta historia. […] Cada vez que escribo una novela, es como si estuviera viendo la mejor serie del mundo, y en realidad lo que hago es meterme en la historia, viajar, estar ahí, ser esos personajes, ser todo su dolor, todos sus miedos, pasar por todo lo que han pasado, ser testigo de sus cargas, de sus problemas, de esos niños rotos, toda esa carga dramática, toda esa historia, todo ese terror psicológico, todo eso va dentro de mí. Al releerlo, vuelvo a sentirme afectada.

¿Es una novela de terror psicológico?

- Absolutamente. Es una novela de género fantástico, pero es una novela de terror psicológico, de terror íntimo y emocional […]

¿Por qué has escogido el tren como hilo conductor de tu novela?

- No hacía más que ver un tren en mi mente, una y otra vez, era como una obsesión, y me decía, tengo que escribir una historia dentro de un tren.

El tren de las almas me escogió a mí para contar su historia, y por eso yo creo que vivo las historias así, porque empiezo a escribir y nunca sé cómo va a ser el trayecto, lo voy viviendo, todo a cada segundo, me voy encontrando con lo que se van encontrando los personajes, lo voy viviendo en primera línea con ellos, voy llegando a dónde ellos llegan y voy descubriendo esos giros inesperados, y ese final apoteósico del tren de las almas, que a mí me dejó temblando… realmente es estremecedor.  

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