El crimen de Fuentes de Oñoro: tres contrabandistas, un cuatrero portugués y la antorcha humana

El crimen de Fuentes de Oñoro: tres contrabandistas, un cuatrero portugués y la antorcha humana
FOTOS: EL ADELANTO (ARCHIVO)
El crimen de Fuentes de Oñoro: tres contrabandistas, un cuatrero portugués y la antorcha humana


Francisco Riso dos Santos era un muchacho portugués de 24 años que trabajaba en diferentes explotaciones agrícolas a ambos lados de la frontera. Su trabajo era el único sustento económico de sus ancianos padres. Sin embargo, Francisco también llevaba a cabo en ocasiones otra actividad: era cuatrero. Es decir, robaba ganado y lo vendía al mejor postor

A mediados de los años ochenta, el contrabando en la frontera entre España y Portugal todavía vivía buenos tiempos y eran muchas las personas que se dedicaban a pasar todo tipo de cosas de un país a otro. En Galicia estaban los de la Fariña que de forma tan exitosa ha relatado en un libro el periodista Nacho Carretero, en el que se muestra cómo los narcotraficantes gallegos cruzaban el Miño y se refugiaban en Portugal para escapar de la justicia española. 

Portugal, por supuesto, también ha sido puerta de entrada de estupefacientes en la provincia de Salamanca, no es algo nuevo. Sin embargo, en 1986, año en el que tuvieron lugar estos hechos, el contrabando le hacía a todo. Incluso al ganado.

Francisco Riso dos Santos era un muchacho portugués de 24 años que trabajaba en diferentes explotaciones agrícolas a ambos lados de la frontera. Su trabajo era el único sustento económico de sus ancianos padres. Sin embargo, Francisco también llevaba a cabo en ocasiones otra actividad: era cuatrero. Es decir, robaba ganado y lo vendía al mejor postor.

Al contrabando también se dedicaban, porque tenían antecedentes penales por ello, los salmantinos Pablo Risueño y Francisco Hernández, que conocían a Riso. Además, el portugués y Risueño habían trabajado tiempo antes juntos en una explotación de ganado alquilada por el segundo. Así que, el día que un ganadero de la zona, de nombre Gregorio Estévez, y propietario entonces de la finca El Águila de Fuentes de Oñoro, les contó a Risueño y Hernández que le habían robado setenta ovejas, ambos llegaron a la conclusión de que el autor de la sustracción había sido Riso, por lo que trataron de que confesase.

Los hechos

El 13 de octubre de 1986, Francisco Hernández y Pablo Risueño acudieron en un Renault 18 a la localidad fronteriza de Vilar Formoso, concretamente a la cafetería Montecarlo, acompañados de una persona que no pudo ser identificada en el juicio, aunque la investigación policial concretó antes de la vista que se trataba de un individuo extremeño llamado Alberto González.

En la cafetería se encontraron con Francisco Riso dos Santos, a quien acusaron de ser el autor del robo de las ovejas en la finca El Águila de Fuentes de Oñoro. Tras discutir, los cuatro hombres se trasladaron hasta la citada finca para solventar el tema del robo con el dueño. Nunca quedó acreditado si Riso les acompañó voluntariamente o fue forzado a ello, pero aquel día acabó en Fuentes de Oñoro.

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Una vez en la localidad salmantina, Risueño presentó al portugués a Estévez, diciéndole: "aquí tienes al de las ovejas". Pese a que Riso negó en todo momento ser el autor del robo, Risueño y Hernández le introdujeron en una cochera, quedándose fuera el propietario de la finca y el hombre que no fue identificado en el juicio.

Dado que el portugués seguía sin confesar, Risueño y Hernández le dijeron "verás como hablas" a la vez que le quitaban la ropa y le dejaban en calzoncillos. En aquel momento, Francisco Hernández cogió una lata de gasolina y le echó el contenido por encima a Riso. Risueño, acto seguido, le prendió fuego con un encendedor. El joven, convertido en una antorcha humana, salió corriendo y fue perseguido por Hernández y Risueño. Durante estos hechos, Gregorio Estévez veía y oía a sus otros dos amigos con la víctima, teniendo conciencia plena de lo que sucedía en la cochera, sin que en ningún momento hiciera algo para evitar lo sucedido.

Tras cometer los hechos, Pablo Risueño y Francisco Hernández escaparon a Salamanca en compañía del tercer hombre no identificado. Hernández acabaría marchándose a Andalucía haciendo autostop. Por su parte, Estévez silenció lo ocurrido incluso a su familia, y trató de tapar las huellas del fuego que quedaron en su cochera. El joven Francisco Riso escapó de la finca y, envuelto en llamas, fue socorrido por una ambulancia de Cruz Roja, que le trasladó al centro sanitario de Guarda. Murió el 29 de octubre en el Hospital San José de Lisboa debido a la gravedad de las quemaduras, que le cubrieron el 90% de su cuerpo.

Juicio y condenas

En mayo de 1988, mientras España se encontraba en vilo por el secuestro del empresario Emiliano Revilla, al que ETA mantenía en cautiverio; la Audiencia Provincial de Salamanca acogió el juicio contra los en aquel momento cuatro acusados por la muerte de Francisco Riso dos Santos. 

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La vista, que se desarrolló durante diez horas y contó con numeroso público, fue muy mediática y en ella tomaron parte dos abogados que se harían muy conocidos con posterioridad. El primero, Marcos García Montes, abogado de Isabel Pantoja entre otros famosos, fue el encargado de defender a Risueño. El segundo letrado era un por entonces desconocido José Emilio Rodríguez Menéndez, que se encargó de la defensa de Alberto González y consiguió que saliera absuelto, ya que nunca se pudo probar su participación en los hechos. Rodríguez Menéndez se haría muy famoso por otras cuestiones en los últimos tres años del siglo XX.

Finalmente, el Alto Tribunal condenó a Francisco Hernández Galán, de 37 años; Pablo Risuelo Grande, de 42 y Gregorio Estévez Bravo, de 51 años, a 17 años de reclusión y al pago de 8 millones de pesetas para los ancianos padres del fallecido.

En el juicio se pudo probar que Riso nunca tuvo que ver en el robo de las ovejas sustraídas a Gregorio Estévez que desencadenó el terrible crimen.  

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