“Apenas hablamos con la familia porque las comunicaciones están controladas y hay censura”

“Apenas hablamos con la familia porque las comunicaciones están controladas y hay censura”
Pedro Morales está inmerso en la creación de una asociación de venezolanos en Salamanca y mira con preocupación los acontecimientos que suceden en su país de ascendencia y que se agolpan en los informativos de medio mundo

Los venezolanos en Salamanca llevan un tiempo en trámites para conformar una asociación reglada a través de la que puedan canalizar sus actividades y reivindicaciones y orquestar, de modo más preciso, la lucha por los derechos humanos perdidos en su país, a pesar de la distancia. Detrás de su organización está Pedro Morales, un valenciano afincado en la capital del Tormes con ascendencia venezolana que conserva allí a su familia paterna.

Lo cierto es que la información que maneja del conflicto venezolano, ahora recrudecido tras la Asamblea Constituyente que trata de sacar adelante Nicolás Maduro para perpetuar la revolución bolivariana en el Palacio de Miraflores, procede en su gran mayoría de la prensa internacional. “La familia no habla mucho a través de las comunicaciones porque tienen miedo al estar controladas. Además hay censura y no se enteran de muchas de las cosas que pasan”, lamenta.

Pedro Morales y los venezolanos residentes en Salamanca están pendientes de la resolución de las denuncias que algunos países, como Estados Unidos o España, han interpuesto tras el proceso electoral de la Asamblea Constituyente. “Estamos a la expectativa. La Unión Europea está mostrando algunas dudas y queremos ver lo que sucede con Rusia y China, que son dos países que están influyendo mucho bajo cuerda en Venezuela”, revela.

Sin atisbo de duda, Morales considera un amaño el resultado de la votación de la pasada semana. Unas elecciones que han otorgado ocho millones de votos a Nicolás Maduro y los chavistas, más de un 41% del censo. “Ni Hugo Chávez reunió ocho millones de votos. No hay más que ver las imágenes de la votación. No había colas ni aglomeraciones para votar. Se ha hablado que el mismo carné que allí usan para comprar alimentos en los supermercados era contabilizado para la votación”, explica, además de sospechar que se utilizaron datos de personas difuntas. 

La primera prueba de la nueva vuelta de tuerca en las hostilidades ha sido el regreso a la cárcel de dos de los líderes opositores más destacados. Leopoldo López, en reciente concesión de arresto domiciliario, y Antonio Ledezma, exalcalde de Caracas que llevaba preso en su casa desde 2015, han sido encerrados en la cárcel de Ramo Verde inmediatamente después de haber obtenido esos resultados, que con tanto recelo escruta la comunidad internacional. Toda una declaración de intenciones. “La excusa ha sido que querían escaparse”, sostiene Pedro Morales.

La realidad es que la violencia continúa en las calles y se vislumbra con más nitidez el comienzo de un conflicto civil armado, tras mucho tiempo de protestas y represión con un número creciente de muertos, que la apertura de una vía de resolución democrática que pueda encauzar la situación y sellar las heridas que siguen sangrando. 

“Yo preferiría que no hubiera guerra civil pero tal y como están las circunstancias, no lo sé. Ellos tienen el ejército y las armas y no van a querer salir. Maduro y Diosdado no van a poder ni viajar, tienen las cuentas congeladas y se van a agarrar como sea”, opina Pedro Morales, que aunque es consciente de que los últimos movimientos de Nicolás Maduro también han dividido a los chavistas de forma interna, para sacarlos del poder será indispensable la ayuda internacional.

Una cooperación, que en su opinión, debe distar mucho de las negociaciones que ha llevado a cabo en el país el expresidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, que ha concitado en su labor de mediación las críticas de propios y extraños. “No ha hecho nada. No tenía que haberse metido porque ha dejado descontentos también a los otros. Es mi opinión. Ha cobrado una suma enorme cada vez que ha ido par allá y no merece la pena”, concluye. En este sentido, la colaboración del resto de países deberá articularse de forma diferente.

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