Leo Ramos Sierra, "volver a nacer" ayudando al prójimo

Leo Ramos Sierra, "volver a nacer" ayudando al prójimo
El sacerdote salmantino lleva dos años en Zimbabwe, adaptándose a una sociedad alegre que ofrece su mano. Este martes ha participado en varias charlas en el colegio Amor de Dios. "El cambio más brutal es el proceso de volver a nacer en todos los sentidos"

La residencia Amor de Dios de Salamanca alberga durante toda la mañana la charla de la experiencia personal del sacerdote charro Leo Ramos Sierra, que lleva dos años entregando su vida a los demás en Zimbabwe. Los alumnos desde Tercero de Primaria en adelante han participado en cuatro sesiones diferentes de las historias de aprendizaje que el sacerdote ha vivido en el país africano. 

Su labor en estos dos años, aunque volverá en agosto, ha sido de momento de asentamiento, especialmente en lo que al idioma se refiere. En Zimbabwe se habla el tonga, en lo que Leo Ramos Sierra admite que todavía tiene un nivel rudimentario. Sin embargo, poco a poco, se ha ido introduciendo en una sociedad precaria con un 90% de paro pero que no pierde la alegría. 

Esto último es lo que más le ha llamado la atención de manera positiva, la acogida que transmiten sus ciudadanos. "En España nos quejamos muchísimo más. Allí destaca la vitalidad y la música. Es su manera natural de expresarse", comenta. Precisamente esa ha sido su labor hasta el momento, más allá de conocer el tonga, aunque también ha atendido misas y a comunidades y ha ayudado en un orfanato. "Muy poco a poco. No es solo cuestión de hacer, sino también de estar". 

Y es que, como él mismo dice, ha vuelto a nacer. "He pasado de un mundo urbano a uno rural, de tener un entramado social que te apoya a no conocer nada", asegura. A pesar de ello, la sociedad le ha hecho fácil un mundo en el que hasta coger un autobús es completamente diferente. "El cambio más brutal es el proceso de volver a nacer en todos los sentidos. Ahora soy un niño pequeñito, más o menos empiezo a valerme".

Además, ha expresado a los presentes la satisfacción del ayudar al prójimo, al que más lo necesita, "un desafío grande, 100% duro pero recomendable al 100%". No en vano, y como él mismo cuenta, "las cosas buenas de la vida tiene su parte que te cuesta". 

 

Lo que ellos quieran saber y lo que dé tiempo. Mi experiencia, cómo vivo, qué supone para un misionero, cuáles son los mayores cambios, cómo vive la gente allí, qué es lo que come, cómo se divierte... Para que ellos valoren y tengan un punto de referencia y aprendan a valorar lo bueno de esta cultura y las cosas buenas de otros sitios. Y que pongan un interrogante en lo que es la sociedad aquí en la vida como cristianos. Despertar conciencias. 

De estar viviendo en un mundo urbano he pasado a uno rural, de tener un entramado social que te apoya, llegas a un sitio que no conoces nada. Necesitas para todo a la gente, para coger el bus, para saber el funcionamiento... Uno no nace sabiéndolas. Un saludo, así no saludes... El proceso de volver a nacer en todos los sentidos, es el cambio más brutal. Vas creciendo, conociendo algo... La lengua... Cosas tan básicas como esas. Ahora soy un niño pequeñito, más o menos empiezo a valerme. 

La parte más positiva ha sido la gente. A nivel vital, hay gente muy alegre. 90% en paro y a pesar de todas las penurias que pasan para pagar las tasas del colegio, hay gente sonriendo, te transmite acogida. En España nos quejamos muchísimo más. Zimbabwe tiene 40 años de media, aquí solo hay gente mayor. La vitalidad y la música, gente que lleva el ritmo en el cuerpo. Es su manera natural de expresarse. Es una especie de alegría, es de lo que más me choca. 

Recomendable 100% pero también 100% duro. Es un desafío grande. Merece la pena. Si optas por estar con la gente, la experiencia es dura. Las cosas buenas de la vida tiene su parte que te cuesta. 

Estos dos primeros años estudiando el tonga. En el último año, atender comunidades, misas, He estado en un orfanato visitando a unos niños. Muy poco a poco porque mi nivel de tonga es rudimentario. Y estar con al gente, conocer. No es solo cuestión de hacer, sino también de estar. 

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