La ciudad de las siete puertas

La ciudad de las siete puertas

Dentro de los recintos amurallados de la medina se esconde la historia de la puerta del Mediterráneo, cada esquina alberga un rincón cargado de colores y olores. Desarrollada a partir de sus pequeñas callejuelas, construye la vida en torno a la poblada medina que sirve de mercado. Un mercado formado por los habitantes de los pueblos de las montañas aledañas, que se acercan a diario para vender lo obtenido en sus pequeñas explotaciones locales. Esto da colorido y “un tremendo olor a especias y frutas”, cuenta Sara Ait emocionada por el recuerdo de su ciudad natal. “Cada día decidíamos quién se acercaría al mercado para hacer la compra”, ya que allí la costumbre marca que sólo se consuman los productos frescos, obteniendo como resultado platos de gran sabor. El pan también es de elaboración casera, lo que hace que el horno local sea un lugar de encuentro para compartir la tranquila cotidianeidad de sus habitantes. 

Hace cuatro años, Sara Ait, comenzó su andadura en España y todavía narra con nostalgia que echa en falta la típica comida marroquí; “Aquí no es fácil encontrar los mismos productos”. Al mismo que nos relata como la venta en la calle da un aire alegre y bullicioso a la media; “En Tetuán la gente puede vender en la calle sin mayor impedimento, lo que hace que los productos tradicionales estén al alcance de todas las personas”, cuenta Sara. El pescado,  muy típico de las zonas costeras del país, es otro de los productos estrella de Marruecos; Las sardinas o los boquerones, constituyen la base de la dieta tetuaní; “Puedes encontrar puestos de pescados a la brasa a cualquier hora del día”, explica Sara con alegría.

Ciudad que fuera una de las principales del protectorado español, siempre ha tenido una estrecha relación con la península y la cercana Ceuta. A diario numerosos trabajadores cruzan la frontera de Ceuta para ir a trabajar, y Sara era una de estas trabajadoras. “Era muy fácil ir todos los días desde Tetuán, seguía viviendo en mi casa e iba cada mañana”. Los taxis, constituidos como transportes colectivos que permiten un desplazamiento muy asequible para la población autóctona, es el medio que cada mañana cientos de personas utilizan para llegar a la frontera con España. De esta manera, Sara compaginaba la vida familiar con el trabajo en el otro lado de la frontera. 

Sara cuenta con alegría su vida en Tetuán, los momentos con sus hermanas y sus sobrinos y los largos paseos por Martil, la población cercana a Tetuán, donde las familias suelen salir a pasear y que se ha convertido en “la playa de Tetuán”.

Ramadán, el mes de las tradiciones

Es en Ramadán cuando más echa en falta la cercanía de la familia, puesto que se trata de un momento muy especial para los musulmanes. El mes del Ramadán, es un mes de ayuno y abstinencia, en el que los fieles han de limpiar el cuerpo de todo tipo de toxinas. Para eso, han de ayunar durante las horas en las que el sol está presente, pudiendo comer y beber a partir del crepúsculo. Esto hace que las cenas sean un momento de encuentro familiar y que las noches se llenen de vida en la pequeña ciudad blanca. “A partir de la puesta del sol”, cuenta Sara, “empezamos a cenar la típica cena marroquí, compuesta por muchos zumos de varios sabores, huevos duros, pasteles hechos a partir de miel, leche y harira”. 

Esta última es la típica sopa marroquí compuesta de legumbres, fideos, cilantro, apio, carne y especies variadas, una sopa extremadamente nutritiva ideal para los meses de ayuno; “Tras la cena, todo el mundo sale a la calle a pasear, a las cafeterías y nos encontramos todas las hermanas, que están celebrando la cena con sus familias”. 

El mes del Ramadán, como todo el año musulmán, se rige por el calendario lunar, por lo que en cada anualidad la fecha es diferente. Concretamente, el Ramadán se adelanta dos semanas aproximadamente cada año, lo que hace que estemos en los años más duros para su realización, puesto que los días son largos y calurosos. “Además, en Marruecos, el horario se cambia en el mes del Ramadán y por el día dormimos hasta tarde; Aquí, en España, tenemos que adaptarnos a los horarios y a ver gente fumando, comiendo y bebiendo por la calle, eso en Marruecos no pasa, pero estamos acostumbrados”, cuenta. Es un mes para la tranquilidad, la meditación y la solidaridad con los vecinos. “Es un mes familiar, en el que todos nos encontramos para celebrar una de las fiestas más importantes para los musulmanes”.

2016 tiene prevista su finalización el día seis ó siete de julio, fecha que terminará con el gran Eid al-Fitr, la fiesta de final de Ramadán, y que Sara celebrará con la mente puesta en su Tetuán natal.

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