Salamaq triunfa sobre la lluvia

Salamaq triunfa sobre la lluvia
Media hora antes de la apertura dominical de Salamaq una fortísima tormenta veraniega sembró las dudas. Con lluvia y viento el éxito de público de cada domingo de Feria estaba en entredicho. Afortunadamente, tras descargar el chaparrón el cielo volvió a clarear rápidamente por lo que no llegó a trastocar los planes de quienes dedican este día a recorrer stands, naves de ganado, puestos de maquinaria y la zona alimentaria en la que, como cada jornada desde que Salamaq abrió sus puertas, no cabe un alfiler entre las 13:30 y las 15:30 horas.

Se notaba alegría entre los comerciantes. La amenaza de lluvia, que regresaba por momentos a lo largo de toda la jornada, hizo que el goteo de compradores bajo techo fuera incesante porque las aglomeraciones no eran asfixiantes. “Cuando hay gente en exceso, miran pero no se paran”. Hoy había tiempo para el sosiego y, por tanto, también para sacar la billetera. No hay mal que por bien no venga.

Convertido en un auténtico hormiguero, los expositores del pabellón central se afanaban por aprovechar este domingo, muy propicio para hacer negocio en la misma feria o sembrar para el futuro. Stands relucientes repletos de folletos que volaban a ritmo vertiginoso y, en algunos caso, muy interactivos captaban la atención de abuelos y nietos, familias completas, hermanos, hijos de todas las edades…y entre todos ellos, profesionales del campo con ganas de rascarse el bolsillo. Agricultores y ganaderos visitan hoy la feria en compañía pero sin perder la vista en aquello que les interesa. De hecho suele ser el domingo cuando más decisiones de compra se toman una vez que los cercanos dan su bendición tras ver la pieza codiciada.

Curiosas mezclas, mucha paciencia y una 'celebrity' televisiva

El domingo es día de mezclas y de paciencia en la Feria. Entre público de la más diversa procedencia, un buen número llegado de otras provincias españolas confirmando el tirón español de Salamaq, se mezcla la delegación francesa que celebra el Día de Aquitania. Pasan desapercibidos. No sucede lo mismo con los coreanos. Más de uno gira la cabeza y pone la misma atención que si estuviera viendo a un toro charolés. El toque exótico. Les ha pasado a Floren, Alberto y Rafa, asturianos, hijos de ganaderos y herederos de sendas explotaciones que vienen a Salamanca a ver animales “por la enorme variedad” y, si procede, “para seguir aprendiendo el negocio porque aquí esto lo domináis”. En la mano, varias bolsas que viajarán hasta el Norte. Se han dejado unos euros y toman nota de precios de vacuno de carne “y a ver qué pasa”. Misión cumplida.

 

La paciencia la ponen aquellos que no dudan en hacer 20 minutos de cola solo para acceder a un parking que casi cuelga el 'no hay billetes'. Es el anticipo de otra cola, esta de casi una hora, por el preciado tesoro de un plato de carne de morucha. La cara mientras los afortunados lo prueban delata que la espera debe haber merecido la pena. La sonrisa de Cristina también revela satisfacción tras llegar, por fin, hasta el búfalo. No es fácil atravesar el angosto pasillo de la nave de ovino y caprino un domingo ferial. “Tiene unos cuernos muy chulos”, sentencia mirando al 'bicho' con los ojos como platos. Eso sí, en los cuentos que le leen en casa “los búfalos son más grandes”. Palabra de Cristina.

 

En la nave de porcino, mientras tanto, los cerdos sestean a la hora que sestea cualquier españolito. Los primeros en despertar olisquean a los mirones mientras se espantan las moscas. Los precavidos les acarician el lomo; los más atrevidos les dan una palmada a mano abierta hasta que el primer cerdo tira un mordisco. Se queda en un susto. Primer aviso. Horas más tarde, la delegación coreana se quedará mirando a los cochinos como las vacas al tren. Una mano en el móvil, la otra en la nariz. El olor a pocilga no debe estilarse en aquella parte de Asia y menos entre 'celebrities' como Ahn Sun-Young, estrella de la delegación y también de la televisión de su país que se cubre con un fular incapaz de soportar semejante peste. Su marido, un recio empresario que no desencaja el gesto ni cuando el gorrino se entrega a sus más bajos instintos, la arrastra de la mano hacia el exterior rescatándola de tamaña afrenta olfativa.

La humedad y el calor provocan un incómodo bochorno bajo techo. Al aire libre corre una brisa que sabe a gloria y, como cada año, es el día de los niños. En menos de dos metros cuadrados Rubén intenta conducir una carretilla, Alicia un toro mientras posa para su padre y Maria chilla enfadada porque no la dejan subir a un tractor que solo conducen los que toman mucho ‘colacao’ o, quien sabe, quizá baste con unos buenos bocadillos de jamón de los que se venden a 4,50 con la bebida incluida en la nave de alimentación. A las tres de la tarde se despachan como rosquillas, igual que la empanada; igual que la tarta de arandanos o las cuñas de queso del tamaño de un puño. Hay hambre y estamos a principios de mes. Salamaq ha llegado en buen momento y si llueve….que llueva. 

 
 
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