“Nuestra labor es el regalo más valioso que hemos recibido de Dios”

“Nuestra labor es el regalo más valioso que hemos recibido de Dios”

Este sábado, el Instituto de Misioneras Seculares celebra el 75 aniversario de su fundación. Lo hacen, como acto central, con la celebración de una Eucaristía en la Capilla Mayor de la Casa de la Iglesia presidida por el Obispo Mons. Carlos López. El Instituto de Misioneras Seculares fue fundado en 1939 por Don Rufino Aldabalde Trecu, sacerdote secular de la Diócesis de Vitoria. Su idea fue “vivir en el mundo sin ser del mundo manifestando una actitud abierta y adaptada a cada momento histórico”. Como misión, “anunciar a Jesucristo colaborando en la construcción de un mundo en la verdad, en el respeto de los derechos humanos, la justicia, la libertad y el amor. Actuando en lugares y trabajos diversos, dando respuesta a las necesidades de la sociedad actual y de la Iglesia”. Actualmente, el Instituto de Misioneras Seculares está presente en España, Portugal, Francia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Canadá y Estados Unidos.

En Salamanca, la presencia del Instituto de Misioneras Seculares data de finales de los años cuarenta. En ese tiempo, un grupo de misioneras se encontraba estudiando en la Universidad de Salamanca pero no fue hasta 1947 cuando abrieron la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales en la Calle Compañía. Más tarde, en julio de 1955, inauguraron su actual sede y Casa de Espiritualidad en el Alto del Rollo. A día de hoy, junto al equipo de esta casa y de las misioneras mayores de la Residencia del Instituto de Misioneras Seculares, trabaja un grupo de misioneras que realizan la tarea evangelizadora en campos como el sanitario, el político, el social, la educación, etcétera. Muchas veces viviendo en el anonimato y desde un compromiso callado y llevado con gran discreción. “En todo el trabajo que hacemos existe una clara preferencia por estar con los más pobres y excluidos y analizar la realidad de ellos con la mirada puesta en el plan de Dios para los hombres y mujeres”.

Olga Delgado y Arancha Betelu son dos ejemplos distintos que viven en el Instituto de Misioneras Seculares de Salamanca. Una, procedente de Tenerife, lleva 25 años en el Instituto; la otra, procedente del País Vasco, 55. “Siempre he tenido cierta inquietud por lo religioso. Trabajaba en la parroquia dando catequesis y ayudaba en lo que podía. Conocía una misionera de Acción Católica que daba cultura popular a las mujeres de mi pueblo y le expresé mi deseo de marchar a las misiones fuera de España. Sin embargo, fue ella la que me dijo que aquí también se podía hacer una buena misión. Ella me presentó a todas las misioneras allí en Tenerife y desde entonces formé parte de este Instituto. También desde entonces vivo mi experiencia y mi pertenencia aquí como un regalo de Dios que tengo que compartirlo”, afirma Olga. Por su parte, Arancha indica que comenzó en las Casas de Ejercicios, de oración y evangelización. “A mi me atrajo siempre pero tenía en mente ir a misiones aunque nunca salí de España”.


La implicación en las parroquias y en organizaciones como Cáritas o Manos Unidas ha sido el hilo conductor de su labor para con los necesitados en la ciudad de Salamanca “estando cerca de los que nadie se acuerdan”. “En estos años hemos hecho un camino sembrado lleno de aciertos y errores. De fidelidad y apertura al espíritu y necesitado de conversión. Un camino que para nosotras es motivo de gozo y acción de gracias y en el que permanecemos esperanzadas porque estamos convencidas que el Señor nos guía y nos sostiene. Nuestra labor es el regalo más valioso que hemos recibido de Dios aunque lo llevemos en vasija de barro. Consideramos que hacemos un servicio a la Iglesia aportando nuestra peculiaridad y nuestro carisma puede responder al deseo de compromiso de otras personas. Confiamos en que el que inició en nosotras esta obra la irá consumando hasta el día de Cristo Jesús”, afirman.


Finalmente el futuro de las misioneras lo ven con esperanza, aunque les preocupa la falta de compromiso para ayudar a los más necesitados. “Si no ayudas al que tienes a tu lado es muy difícil que ayudes al que tienes a kilómetros. A tu lado también hay gente que te necesita, que lo pasa mal y no tiene techo. Y no critico el que se tenga que ayudar fuera, porque la labor también es muy buena y hace falta”, sentencia Olga. Arancha, una de las misioneras seculares más veteranas en Salamanca, dice “que te da alegría el sentir que la persona que tengo al lado se siente amada, que Dios la está queriendo aunque sea una piltrafa”. “Sigue incorporándose gente, formándose para formar parte de este Instituto. Todo comienza en la parroquia pero les da miedo el involucrarse en una ayuda más comprometida”. “Somos distintas a una congregación. Cada una vive en su ambiente pero les da miedo el no vivir en comunidad aunque pueden ayudar y vivir con sus familias, trabajar… Eso es lo más duro, la soledad, a la hora de comprometerse en esta acción”, señalan.

 

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