La historia de un hombre al que la solidaridad de los salmantinos mantiene con vida

La historia de un hombre al que la solidaridad de los salmantinos mantiene con vida

SALAMANCA24HORAS sigue acercando a sus lectores historias de la calle. La de este domingo tiene, al igual que las anteriores, un nombre propio. Dice que se llama Manuel García, de 48 años, que se quedó sin trabajo y se vio obligado a hacer de la calle y la mendicidad su modo de vida. Pero, ¿qué salmantino no ha escuchado por las céntricas calles de la ciudad esa desgarradora voz diciendo “me ayudan, que tengo hambre, tengan compasión por favor”?

Es de Salamanca, aunque muy joven ‘emigró’ a Madrid donde estuvo trabajando en el sector de la hostelería como camarero. Su problema de adicción a las drogas hizo que se quedara sin trabajo. Orgulloso, asegura a este diario haber superado esa etapa de su vida aunque sigue en la calle sin encontrar un empleo que le dé estabilidad. “Lo he intentado pero no me ha llegado a salir nada. No he tenido suerte”.

¿Es Salamanca una ciudad solidaria? Muchas veces hemos escuchado al alcalde de la ciudad, Alfonso Fernández Mañueco, asegurar por activa y por pasiva que sí lo es. Incluso desde instituciones como Cruz Roja, que recientemente dedicó uno de sus Premios Solidaridad a todos los salmantinos. Él corrobora lo dicho, aunque detalla que la crisis económica ha provocado que la situación no sea como antes. “La gente no tiene la obligación de dar nada, pero lo hace. Antes se sacaba más, pero hoy no llegas a los 20 euros”.

Lo que peor lleva es el frío y las inclemencias del tiempo en los meses de invierno, pese a que se siente afortunado por poder dormir bajo techo, así como la intrusión de las mafias. “El problema de la mendicidad lo han traído a Salamanca las mafias. No sé cómo el Ayuntamiento no hace nada y permite que personas con piernas ortopédicas y niños en sillas de ruedas estén en la calle Toro. Es una vergüenza. Se bajan de coches Mercedes en la Puerta Zamora a las ocho de la mañana y si no sacan lo que les obligan a sacar, les pegan”.

Otra cuestión que lamenta es la escasa ayuda que se presta desde distintas organizaciones e instituciones. Al menos, habla de su propia experiencia. “Vas y te dicen que bastante sacas con lo que están pidiendo”. Añade que la gente de a pie es más solidaria citando el siguiente ejemplo: “Una vez sufrí un mareo y me caí. Como consecuencia del golpe se me rompieron las gafas y enseguida me compraron unas”. Por último dice saber que hay un bando que prohíbe la mendicidad y, en este sentido, lanza una pregunta al aire invitando a la reflexión: “¿Prefieren que estemos pidiendo en la calle o que nos veamos obligados a robar?”. De momento seguirá pidiendo compasión a los viandantes charros para, aunque sea, poder tomar un café en una fría mañana de invierno.

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