A veces no es fácil ayudar y ni siquiera darse cuenta de quién necesita ayuda. Por eso los servicios que prestan su tiempo y dinero a los más necesitados son tan imprescindibles. Uno de ellos es la unidad móvil de atención socio-sanitaria de Cruz Roja, prestado por múltiples voluntarios. Sandra González, Lidia Marijuán e Irene Vázquez son solo un ejemplo de ello.

UMAS es un dispositivo de atención a personas que, por cualquier circunstancia, precisan atención socio-sanitaria en la vía pública, dirigido fundamentalmente a las personas sin hogar. Se trata de un servicio complementario al que da el mismo Centro de Emergencia Social en el que una furgoneta especialmente adaptada, con un equipo de tres personas como el conductor, el responsable y el voluntario, se desplaza por toda la ciudad ofreciendo diferentes recursos. Para ello siguen un itinerario para realizar una atención individualizada y anónima y se facilitan recursos básicos sociosanitarios y sustento básico de comida y bebida. 

Su ámbito de actuación son los 365 días al año desde las 22 horas hasta que la noche lo permita. Y es que el empezar es obligatorio pero el final lo marcan los propios usuarios. Así mismo lo comentaba Sandra González, una de esas voluntarias que decidió realizar el taller para conductores de vehículos de la Cruz Roja para unirse a un grupo humano y profesional del que ya cuesta despegarse.

En su caso, por ejemplo, lleva apenas dos meses pero la intensidad del trabajo realizado hace que ya no piense en dejarlo. De hecho, anima a todos a que realicen un voluntariado, en primer lugar para conocer una realidad que no todos tienen en cuenta. “Cuando te das cuenta de que la gente tiene carencias, lo coges luego con más ganas. Que se apunten a cualquier voluntario, que engancha mucho”, afirma.

Y esto a pesar de que el gran número de voluntarios provoca que solo puedan salir de dos o cuatro noches al mes, en función del periodo, como afirma Lidia Marijuán, quien también explica que la ruta varía en función de las necesidades. Sin embargo, sí hay usuarios habituales a los que ya conocen y con los que sienten que esa confianza depositada en el camino hacia el futuro que deben seguir estos sin techo se les devuelve en forma de gratitud. 

“Muchos nos dan su confianza, nos cuentan sus problemas e intentamos ayudarle de la forma que podemos para intentar animarles y ayudarles en su camino. Les animas, te metes un poco en su vida para saber de ellos. Ahora que vamos cogiendo más forma e intensidad en el programa, ya sabes qué preguntarles y qué no”, comenta Sandra González. 

Eso sí, ella misma afirma que su personalidad le permitió ser natural ya desde el primer día, algo que otros no han podido realizar. Lidia Marijuán cuenta que los primeros días son siempre más difíciles para entablar conversación aunque “poco a poco vas entendiendo mejor a la gente y su situación”. Ella es la responsable, por ponerle un nombre, de este grupo en el que, al final, todas se dedican a ayudar a los que no tienen la posibilidad de hacerlo por ellos mismos.

También Irene Vázquez, que también asegura que los primeros días fueron más complicados al enfrentarte con una realidad no conocida. A pesar de ello, los relatos de otras personas que también son voluntarios, le animaron a introducirse en este servicio de UMAS. “Al principio te cuesta un poco pero la gente te acoge bien. Luego te involucras de una manera que se te va de las manos”, comenta. 

Comentarios