“Chamberí es el barrio más abandonado de Salamanca, estamos como en el siglo XVIII”

“Chamberí es el barrio más abandonado de Salamanca, estamos como en el siglo XVIII”
A principios del siglo XX surgió en Salamanca un nuevo asentamiento vecinal en la margen izquierda del río Tormes llamado Chamberí. Limitado con la vía férrea y el cordel de merinas, posee su entrada principal por la calle Mayor, una calle que a medida que avanzas por ella te va mostrando las necesidades del barrio.
En el bar ‘El Huerto’ esperan Silvia de Arriba y Raquel Tamames, tesorera y vicepresidenta de la asociación de vecinos y habitantes de la zona desde hace 32 y 42 años respectivamente. Allí se aprecia una muestra representativa de la población del barrio: ancianos, unos jugando la partida y otros viendo y comentando ‘Amar es para siempre’.

 

“¿Que cómo ha evolucionado el barrio? No ha evolucionado, estamos como en el siglo XVIII”, apuntan. Y es que critican duramente el estado de abandono en el que está Chamberí gracias a la dejadez del Ayuntamiento: “Es el barrio más abandonado de Salamanca”.

 

El aspecto en el que más inciden las críticas es en el elevado número de solares vacíos y desatendidos que existen por la zona. En total, la cifra asciende a treinta y conforman un paisaje inédito en otros puntos de la ciudad. Los solares, procedentes de las transferencias urbanísticas, son la trampa perfecta para que el día menos pensado ocurra una desgracia, ya que algunos incluyen pozos donde cualquier persona puede caer. Por si fuera poco, sirven de pasto para las llamas en verano y de barrizal para el invierno.

 

Chamberí es un barrio construido casi en su totalidad por los vecinos, lo que le da una vida y una identidad más propia del mundo rural. Cuando llegan las altas temperaturas, muchos son los vecinos los que salen con sus sillas a tomar el fresco a la calle e incluso organizan barbacoas, una vida en familia que hace que prácticamente nadie quiera abandonar la zona.

 

Desde el punto de vista económico, no es un lugar en el que proliferen los negocios. En sus calles apenas podemos encontrar un par de tiendas y de bares, una mercería y un taller de aluminio, aunque lo que sí se ven son bastantes locales vacíos a la espera de ser alquilados, al igual que ocurre con los pisos. Desde la asociación reconocen que visto el paisaje tan desolador que tiene el barrio va a ser difícil que nadie apueste por montar su negocio o trasladarse a vivir allí, lo que deja una incógnita en el aire sobre el futuro de Chamberí.
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