La noble mirada de su perro guía, la mejor herramienta para un discapacitado visual

La noble mirada de su perro guía, la mejor herramienta para un discapacitado visual
SALAMANCA24HORAS acompaña a Mercedes y su perra guía, Breta, durante una jornada cotidiana de trabajo. Su trayecto a pie y en autobús conlleva dificultades derivadas de su discapacidad visual pero afronta cada día llena de optimismo y confianza

El día a día de cualquier ciudadano transcurre con rapidez y a menudo es complicado comprender realidades ajenas. Cuando se habla de accesibilidad es común referirse a espacios adaptados para sillas de ruedas o personas mayores con dificultades de movilidad. Sin embargo, es necesario crear un entorno practicable para personas invidentes y eso, en parte, depende del comportamiento de los demás. Mercedes, padece una enfermedad degenerativa que le impide ver por completo. A medida que pasa el tiempo, su percepción visual disminuye y, aunque aún no han encontrado una solución médica a su problema, encara la vida con optimismo y naturalidad junto a su hija y su perra guía.

Los problemas con la vista empezaron de muy joven, aunque hasta hace unos años no sabían proporcionarle un diagnóstico exacto de su afección. “Hasta hace poco no sabían en qué consistía ni cómo evolucionaba. Cuando era pequeña me decían que no me pintara la raya del ojo o que no estudiara”, recuerda, señalado que la pérdida de visión ha sido progresiva. “De lo que yo veía antes a lo que veo ahora, no tiene nada que ver. incluso he conducido moto. Ahora veo muy poco, las caras no las veo, sí veo luz o bultos y tengo mi campo de visión pequeñito. De noche no veo nada, me quedo como ciega de repente, veo las luces de los escaparates y poco más”, describe. De momento, no hay cura.

En cualquiera de los ámbitos en los que se desenvuelve durante su día a día, su perra guía 'Breta' hace las veces de sus ojos. Salvo en casa, donde Mercedes prefiere dejarle un poco de espacio, ya que controla su entorno con mayor precisión. “Para la gente que no vemos o vemos muy poco, nuestra casa es nuestro reino. Te la conoces y es donde menos te chocas porque sabes dónde tienes todo. Parece que ves más, aunque sea mentira. Por eso, Breta y yo en casa descansamos un poco la una de la otra”, bromea. Tiene utensilios de cocina adaptados, una lavadora con mandos especiales y huye de los sistemas digitales para su placa de cocinar.

Mercedes es comercial de la ONCE y regenta un quiosco alejado de su domicilio. Por ello, debe coger el autobús para acudir al trabajo, aunque completa el trayecto a pie intencionadamente porque es más saludable. En el autobús solo puede sentarse en un espacio con asientos bajos porque es el único en el que cabe con Breta. Sin embargo, la mayoría de las veces prefiere quedarse de pie en un rincón para no molestar. “Cuando está lleno, hay gente que se fija y sí te deja hueco, si no te quedas en la mitad del pasillo, todo el mundo pasa por detrás, la pisa, yo no sé dónde ponerme y es horrible”, relata.

Descubre con pesar que muchas personas no se dan cuenta de los problemas que existen hasta que no les pasan a ellos. “Normalmente no nos ponemos en el lugar del otro. Vamos a lo nuestro, a hacer nuestra vida, sea más o menos difícil, pero nunca pensamos en lo que le pueda pasar a los demás”, argumenta y se refiere al modo en que se dejan las sillas en las terrazas, la ubicación de los carteles de los bares en las aceras o los contenedores de basura, o algunas farolas o peatones. “Cuando se dan cuenta es cuando te han visto darte el golpe”, lamenta.

Breta, sus ojos y su familia

Por fortuna, cuenta con Breta que desempeña con pulcritud su labor de guía. Señala el camino, sortea a los peatones y se para en cada uno de los cruces. Juntas deciden cuando es el momento adecuado para cruzar en función de los datos que les aporta el oído sobre el tráfico de transeúntes y vehículos. Celebra que muchas de las principales avenidas de Salamanca ya cuentan con sistemas auditivos para ayudar a cruzar a los invidentes, pero este sistema aún no está implantado en todos los semáforos de la ciudad, ni si quiera todos los pasos de cebra los tienen. Aún así, Breta garantiza su seguridad y lo hace con paciencia y serenidad.

Los perros guía, como todos los trabajadores, tienen un periodo de actividad limitado y después disfrutan de una jubilación. Llega un momento en el que no son aptos para desempeñar la labor de guía y no pueden ejercerla más. Entonces, su propietario necesita adquirir otro con el mismo entrenamiento para poder desenvolverse de nuevo. Sin embargo, tienen la opción de quedarse con el antiguo porque lo normal es que ya formen parte del hogar y de la familia.

 

Breta tiene diez años de edad y algunos achaques, pero no debe preocuparse porque tiene asegurado su lugar es casa de Mercedes y su hija. “Yo pase lo que pase me voy a quedar con ella. Le digo que es como un matrimonio. Hasta que la muerte nos separe”, bromea.

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