Dicen que cada uno escribe su propia historia en la vida pero en algunos casos los errores y una suerte esquiva penalizan más que otros. El caso de este mirobrigense, usuario del Centro de Emergencia Social de la Cruz Roja, es un ejemplo de ello. Después de seis meses viviendo casi a cielo descubierto, encontró un resquicio en el que poder mirar un futuro todavía incierto pero con grandes visos a que sea fructífero.

Las palabras que dedicó a SALAMANCA24HORAS al menos así lo parecían. “Ahora estoy muy contento aquí. Quiero tirar para adelante, quiero un trabajo, quiero una familia”, comentaba. Estas ideas surgen de un pasado difícil del que, por supuesto, también se aprende. De hecho, llegó a caer preso, como él mismo afirma, por un error que le hizo ver que ese no era el camino. “Desde entonces he asentado la cabeza desde 2008 y no he vuelto a hacer nada. Ahora todos me dicen cómo has cambiado, qué buena gente”. 

Así lo hace ver también en el Centro de Emergencia Social, al que llegó este pasado 1 de diciembre. Es, por tanto, uno de los nuevos, que ya se ha hecho un hueco en el corazón de los propios voluntarios que prestan su ayuda. Allí, de momento, está volviendo a descubrir lo que es comer caliente en compañía y dormir entre sábanas y el silencio. Está volviendo a sentir el calor que todos necesitan y que sirve como un empujón, un salto, a emprender un camino que no sea de barro para, efectivamente, reescribir su propia historia. 

De momento, ha iniciado este proceso con la recuperación de la autoestima después de sentir la frialdad de las paredes de la muralla de Ciudad Rodrigo. En esta etapa, además, tuvo que soportar el fallecimiento de su padre mientras apenas recibía una pequeña ayuda que no le llegaba para comer. Entre tantas complicaciones, le llegó un golpe de suerte cuando “los de Podemos me dijeron que me traían a la Cruz Roja. En la calle lo he pasado muy mal y ahora estoy muy bien”. 

Los siguientes pasos irán encaminados, según asegura, a hacer cursillos de la Cruz Roja para ganar unas habilidades que le permitan encontrar un trabajo y volver a levantarse a las 6:15 horas sin que un monitor le eche la bronca. “Lo he hecho toda mi vida cuando trabajaba”, afirma.

Lo que sí deja claro este mirobrigense es que, aunque se acabe perdiendo un buen trozo de la vida, el fondo siempre será el mismo. En su caso, la solidaridad tiene una gran importancia. “Hay que dar un cacho pan a todos. Yo he salido y le he echado dinero, aunque sea poco, para que coman todos”, dice. Si la vida se escribe, él ya tiene un primer capítulo de un libro que será todo lo grande que quiera.  

 

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