El obispo defiende la fe y confianza en Dios “en las nuevas circunstancias de la vida social y política en España”

El obispo defiende la fe y confianza en Dios “en las nuevas circunstancias de la vida social y política en España”

En la cercanía de la Navidad os hago llegar mi reconocimiento y gratitud por el testimonio diario de vuestra fe y de vuestra participación en la misión de la Iglesia diocesana, en la forma que corresponde a la vocación de cada uno. En particular, os agradezco a todos la participación en las actividades de la Asamblea diocesana y la acogida del Año de la Misericordia.

La misericordia de Dios se ha hecho vida visible y ha alcanzado su culmen de manifestación en la “plenitud del tiempo” (Gal 4,4), cuando Dios envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su propio misterio: “Dios es amor” (1 Jn 4, 8.16). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios y nos hace posible vivir en la misericordia por medio de él (cf. 1 Jn 4, 9).

La contemplación de la bondad y ternura de Dios, en los misterios entrañables de la Navidad, la Sagrada Familia y la Epifanía, viene a iluminar y fortalecer el proceso de renovación evangélica que estamos viviendo en la Asamblea diocesana. Y ha de alentarnos a acoger con gozo la misericordia salvadora de Dios y a ser misericordiosos con todos en el Año Santo recién iniciado. ¡Cómo deseo que el Jubileo y la Asamblea nos muevan a salir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios!

Que nuestras familias sean oasis de misericordia en medio del desierto espiritual en el que con frecuencia se encuentran. Que los padres recibáis la gracia necesaria para ser educadores de vuestros hijos en la fe y en el amor misericordioso, y que los hijos crezcáis en sabiduría y en gracia, según el modelo de Jesús (cf. Lc 2, 52).

Que los especialmente consagrados a Dios y a la misión de anunciar el Evangelio reavivemos nuestra experiencia gozosa del perdón misericordioso de Dios y sintamos la urgencia de su anuncio y testimonio al hombre de hoy, con la palabra y con la vida, y también con la obra de misericordia espiritual de la oración. Que la alegría del perdón sea una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde valor para mirar el futuro con esperanza.

Que la meditación del Misterio de la Navidad nos conceda a los sacerdotes la gracia de ser como Jesús el rostro de la misericordia del Padre; que seamos misioneros de la misericordia con nuestras personas y con los signos que realizamos, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes. Que en nuestra vida y ministerio todo hable de misericordia, que nada en nosotros sea falta de compasión. Y que en este Año Jubilar pongamos en el centro de nuestras tareas el ministerio del sacramento de la reconciliación.

Que el anuncio gozoso de la paz para los hombres amados de Dios, signo del nacimiento de Jesús, aliente a los fieles laicos en su misión de hacer presente en la sociedad el Evangelio de la justicia, de la paz y del servicio a los pobres.

Por último, en las nuevas circunstancias de la vida social y política en España, os exhorto a valorar desde la fe y la confianza en Dios los nuevos signos de los tiempos; y vivir en la alegría del Evangelio, siguiendo el consejo de san Pablo: “Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. Nada os preocupe; sino que en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean elevadas a Dios. Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Flp 4, 4-7).

 

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