Aprender, Investigar, Gestionar, Publicar, Enseñar y Divulgar

Aprender, Investigar, Gestionar, Publicar, Enseñar y Divulgar

La Ciencia no es solo un conjunto de disciplinas académicas; no es solo una fuente de tecnologías; no es solo un acervo de conocimientos, métodos y teorías; no solo nos ayuda a entender nuestro lugar en el mundo; no solo nos posibilita tener más alimentos y más y mejor calidad de vida. Es todo eso y mucho más, es una forma de explicar el universo y todo lo que contiene, incluidos nosotros mismos, esos primates que pasaron en tan poco tiempo de aprender a hacer fuego con dos palos a construir naves espaciales, de fabricar una flauta perforando un hueso a componer óperas y sinfonías.

La divulgación científica, hasta hace no tanto tiempo un ámbito sospechoso para los que se consideraban a sí mismos «verdaderos científicos», demuestra cada vez más su vitalidad, su calidad, su compromiso. Bajo el claro paraguas de la Ciencia es Cultura, la divulgación consigue demostrar todos los días:

•    Que la Ciencia es siempre interesante y a menudo divertida.
•    Que transmitir a la sociedad el trabajo de los laboratorios y centros de investigación es una tarea creativa y necesaria.
•    Que las naciones más pujantes llevan la ciencia a la escuela y buscan que la ciudadanía obtenga en su formación básica unos conocimientos fundamentados en la búsqueda científica de la verdad y no sea fácil presa de embaucadores, charlatanes y timadores.
•    Que los medios de comunicación más prestigiosos tienen páginas de ciencia, espacios radiofónicos o televisivos de ciencia, periodistas científicos.
•    Que las sociedades más democráticas y avanzadas respetan y apoyan el trabajo de los científicos e investigadores como guía para tomar las decisiones más adecuadas, en particular en momentos de crisis.
•    Que saber de Ciencia es imprescindible para explicar el pasado, comprender el presente y afrontar el futuro.

Por todo ello es una buena noticia que el alcance de la divulgación científica sea cada vez mayor y que haya una serie de iniciativas, públicas o privadas, que transmitan aquello que decía Carl Sagan de que «el cerebro es como un músculo, si lo ejercitas te sientes bien. Entender es disfrutar».

Personalmente decidí hace unos cinco años compaginar mi labor docente e investigadora con la divulgación. He publicado más de 140 artículos en revistas internacionales de mi disciplina y tengo concedidos cuatro tramos de investigación. Quiero decir que soy lo que se llama un «investigador reconocido» pero decidí que tenía que divulgar, que también tenía que ser un divulgador científico. El detonante fue una noticia de que en Londres, unos niños de clase media y alta habían muerto de sarampión. Los padres no les habían vacunado porque se habían creído una falsa información de que las vacunas tenían relación con el autismo. Y me encontré a mi alrededor gente, buenas personas y de nivel cultural medio, que también dudaban si había que vacunar —las vacunas son el avance más prodigioso de la historia de la Humanidad— o creían en la homeopatía o se tragaban sin pestañear la publicidad de cremas regeneradoras o alimentos milagrosos o decían que no querían alimentos transgénicos «porque no querían comer genes».

Así que creé el blog UniDiversidad (www.jralonso.es), abrí una cuenta de twitter (@jralonso3) y me puse a escribir y a contar historias. Y de ahí, tras muchas horas leyendo y escribiendo, surgieron varios libros de divulgación científica, y me dieron varios premios; y fui a dar charlas a escuelas, empresas, museos y universidades; y conocí a gente maravillosa. Y ahora lo considero una parte importante de mi vida, un compromiso con la sociedad y algo que combina el servicio público con un intenso disfrute personal.

La divulgación científica es un espacio de sinergias, de compromiso, de cooperación, de buen humor. Quizá hubo un tiempo en que la divulgación científica era sospechosa en el mundo académico, pero ya no es así. Junto a los clásicos y reconocidos un buen grupo de jóvenes valientes y no tan jóvenes están haciendo cosas magníficas. A valorar las colecciones de divulgación científica de editoriales como Almuzara, RBA o Laetoli o la entrada en la divulgación de una clásica como Editorial Cálamo; los blog de blogs y páginas web como Naukas o Materia; revistas en papel o digitales como Principia o Neuroman; los campamentos científicos de verano de FECYT; programas de radio en RNE y muchas emisoras locales; los premios Prisma de los museos científicos coruñeses; las noticias de agencias como SINC o DiCYT de la que celebramos un fecundo décimo aniversario. Me olvido mucho y muchos pero éste es también un ámbito de exploración y descubrimientos para el lector inteligente. La ciencia es divertida, es lo mejor que hemos inventado y es lo que proporciona las noticias más positivas e importantes en cualquier medio de comunicación. No se lo pierda.

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