Los falsos sin techo

Los falsos sin techo

La crisis económica que padece España desde hace siete años ha pasado factura a miles de familias, sobre todo en una provincia como Salamanca, tan castigada por el desempleo y la emigración juvenil. La escasez de recursos ha hecho proliferar una creciente solidaridad entre los ciudadanos, cualidad que hay quienes están sabiendo sacar un rendimiento económico. Son los falsos indigentes.

Cada día, a las puertas de bancos, supermercados, tiendas y párkings subterráneos se colocan personas para pedir limosna. Sin embargo, como viene denunciando SALAMANCA24HORAS, muchos se encuentran en una situación personal que nada tiene que ver con la indigencia. Los hay que desempeñan esta labor como una peculiar ‘jornada laboral’, coincidiendo con los horarios de aperturas de los establecimientos junto a los que se sientan para aprovechar el trasiego de clientes. Así, pueden obtener hasta veinte euros al día, una cantidad que arrojaría una media mensual cercana al salario mínimo interprofesional de 645 euros y por encima de los 400 euros de subsidio para los parados que han perdido su prestación por desempleo. Al terminar, regresan a un domicilio que comparten con más personas en su misma situación.

La mayoría de estos falsos mendigos, entendiendo como tales a aquellas personas que las circunstancias de la vida les obligan a tener que pedir limosna en la calle, son mujeres de procedencia extranjera, en ocasiones hasta menores de edad. Este diario fue testigo el pasado lunes de cómo un anciano preguntaba a una niña sentada en la esquina de María Auxiliadora con la avenida de Alfonso IX, ofreciéndole información sobre ayudas de Cruz Roja, Cáritas y algunas ONG, con resultado negativo al no abrir la boca la menor en ningún momento.

Y es que estos falsos indigentes se aprovechan de la coyuntura económica actual. Carteles donde priman las palabras ‘soy español’ y ‘llevo años parado’ han sustituido a los tradicionales ‘tengo cinco hijos’ y ‘tengo hambre’, en busca de una mayor sensibilidad, y veracidad de la historia, hacia quienes entregan una limosna. Mendigo callejero, una nueva profesión para quienes se aprovechan de la bondad humana.

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