Más de la mitad de los presos consume alguna droga y es víctima de agresiones

Más de la mitad de los presos consume alguna droga y es víctima de agresiones

¿Existe algún tipo de relación entre el consumo de sustancias ilegales y la victimización dentro de los centros penitenciarios? Un estudio elaborado por el departamento de ciencias sociosanitarias y medicina legal de la Universidad de Murcia ha encontrado una asociación entre la violencia y el consumo de drogas dentro de las prisiones. Después de realizar una encuesta, detectaron que el 58% de los presos había consumido algún tipo de droga en el último mes y que otro 55% había sido víctima de algún tipo de agresión en prisión.

El cannabis es la droga más consumida en las prisiones. Cuatro de cada diez internos manifestó haberla consumido en el último mes. Le siguen el alcohol (37%), la cocaína (28%), los psicotrópicos sin prescripción (17%), la heroína (14%), y el crack, que consume el 12% de los presos.

Por su parte, las agresiones verbales son el tipo de victimización más frecuente dentro de las cárceles. El 41% de los presos manifiesta haber recibido algún tipo de insulto en el último mes. Mientras, el 30% reconoce haber sido víctima de robo; el 29% declara haber sufrido amenazas y el 28% confiesa haber sido objeto de algún tipo de agresión física. Las agresiones sexuales son las menos habituales en prisión, aunque el 7% de los internos ha sido víctima de ellas en el último mes.

Como han podido comprobar los autores de esta investigación, ciertas sustancias actúan como factores de riesgo para sufrir victimización física y sexual en prisión. Los consumidores de cannabis y de psicotrópicos sin prescripción médica presentan mayor riesgo de ser víctimas de agresión sexual. El resto de los tipos de violencia (física, robos, agresiones verbales y amenazas) también se relacionan de manera directa, en mayor o menor medida, con el consumo de diferentes sustancias, en comparación con los no consumidores.

Los autores recomiendan a las administraciones penitenciarias llevar a cabo actuaciones para la prevención y la corrección de las conductas de riesgo de la población penitenciaria. “La configuración de la prisión debería adoptar un enfoque más global y realista para combatir los determinantes de riesgo, reduciendo la vulnerabilidad y la exclusión social tradicionalmente vinculadas a la población penitenciaria y facilitando la posterior reinserción social de los internos”, concluyen.

 

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